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¿La década de los malos?

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Hoy se cumple una década del triunfo de la selección española de fútbol en el Mundial de Sudáfrica en 2010, un acontecimiento que rebasó la barrera de lo deportivo. Todos recordamos el sentimiento de euforia colectiva, y, también, por qué no decirlo, de unidad. ¡Unión que se despertó entre la gente ante algo que creían compartir! No se "salvaban" ni los que no eran futboleros. Es cierto que fue un triunfo histórico, pero ¿Qué es lo que lleva a un país a echarse a las calles como si no hubiera un mañana, a celebrarlo más que cuando estrenamos un año nuevo, o más aún que si encontramos trabajo? 


Hablando de trabajo, ésta no ha sido precisamente la década prodigiosa en ese ámbito: desde la crisis de 2008 se empezó a destruir empleo como si ése fuera el deporte nacional y no el dar patadas a un balón, al que aludía anteriormente. Muchas pequeñas y medianas empresas desaparecieron como por arte de magia, la burbuja hizo estallar todo por los aires, los casos de corrupción que ya existían, no es que empezaran a multiplicarse, es que se elevaron a la enésima potencia. La Reforma Laboral de 2012 fue como "Lo que el viento se llevó", ó por poner otro símil, como Atila y los Hunos, que por donde pasaban, no volvía a crecer la hierba. Para entonces, la gente no podía darse ya cuenta de si crecía ó no la hierba, ya que muchos estaban tan preocupados viendo cómo se quedaban sin sus empleos, visualizando con los ojos del horror la imagen del desahucio cuando ya no fuera posible dilatar más el pago de la hipoteca, ó, incluso, tomando decisiones absolutamente trágicas.

Entretanto, los años iban pasando, y algunos medios de comunicación "nos vendían la moto" de que empezaba a verse la luz al final del túnel. ¿Qué luz, para los que seguían sin encontrar trabajo, y mira que lo intentaban, y por entonces ya habían agotado todos los subsidios de desempleo posibles y por haber? ¿Qué túnel, sino en el que much@s pensaban que se tendrían que meter a sobrevivir? No, corrijo el verbo: a sobrevivir no, a estar "muertos en vida" (que es aún peor que estar muertos de verdad), y que, desafortunadamente, es la realidad de miles de personas que lo perdieron todo y no consiguieron remontar. Muchos padres se quejan de que sus hijos con más de 30 años, y sin ningún tipo de futuro, no pueden independizarse y tienen que seguir obligatoriamente viviendo con ellos. Pero se le puede dar la vuelta al asunto, porque de hecho existe.

¿Sabían muchos de ustedes que a muchas personas en nuestro país, hombres y mujeres de más de 50 años con trayectorias profesionales brillantes, nadie les da ya una oportunidad laboral para desarrollar todo su potencial? Sí, así es, y lo es a causa del llamado "Edadismo" ó discriminación laboral por motivos de edad, y tienen que volver a ser acogidos por sus padres, ya ancianos, para que no vivan en la calle y se mueran de hambre, ó las dos cosas juntas. Sé de buena tinta que, en esos casos, aunque algunos de ellos no perezcan de hambre, y tengan un techo donde cobijarse, muchos están abocados a una muerte civil, y a que la sociedad, cruel a más no poder, les ningunee, y les recuerde cada día que no cuentan, que no existen. Tanto es así, al igual que otras muchas cosas que no nos cuentan, que algun@s de ell@s no pueden soportar la humillación y la pena, y se quitan la vida. Soy consciente de que es terrible lo que afirmo, pero ya está bien de cinismo por parte de los medios, de maquillar la realidad, de contar las cosas de otro modo ó verdades a medias.

Esto no pretendía ser lo que está siendo. Empecé recordando la efeméride que hoy nos ocupa de los díez años que han transcurrido desde que fuimos campeones de España (dicho así, en primera persona del plural, con sentido de la pertenencia), y nunca voy a criticar ese sentimiento de percepción de unidad. Pero si la hay en estas cosas, la echo de menos, y mucho en otros órdenes de la vida, en lo que de verdad nos debería unir para reivindicar los derechos que, poco a poco, hemos ido perdiendo. Aunque muchos no hayamos participado en ello, no se nos olvida que costó mucho, pero que mucho, lograr que fueran un hecho. ¡Muchos creen que, como el sol y el mar, ya estaban ahí, desde tiempo inmemoriales.  

Viene a mi memoria una frase que he escuchado algunas veces en los últimos años: "Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos". ¿Saben lo que les digo, que quizá tenga más razón de la que parece a priori... Porque a ver, por ejemplo ¿Creen ustedes que es tan malo un hombre como Walter White, el protagonista de la aclamada serie "Breaking Bad" por fabricar metaanfetamina y querer dejar bien situada a su familia, cuando él, diagnosticado de un cáncer de pulmón terminal, ya no esté? ¿Es mejor el ex jefe del Estado por aceptar presuntamente los millones que recibía como regalo de Arabia Saudí, a través de cuentas en Suiza? ¡Generoso sí era, aunque no precisamente con su pueblo, que, como he descrito anteriormente, no atravesaba buenos momentos! ¡Parece ser que lo fue con su amiga especial, la falsa princesa alemana, que con sus atributos bien recauchutados, ponía firme al personal! En fin, ¡Qué pena, el país de charanga y pandereta al que se refirió Machado, sigue siéndolo, aunque ahora el ruido proviene más del miserable derroche de unos mientras otros carecen de lo más básico! A mí si me dan a elegir, preferiría ser Heisenberg, que el otro, que adiestra a yernos y les hace un buen "networking". Al malo de "Breaking Bad", al menos su cuñado, miembro de la DEA (Administración para el Control de Drogas), no le pasa una, y le persigue hasta el final. Por eso, y por muchas otras cosas, ahora lo digo yo, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Pero ¡Dios nos coja confesados de unos y de otros! 

Después de haber soltado mi parrafada sobre mi elevado sentido de la justicia social, hoy por primera vez voy a reivindicarme a mí misma, pero antes les haré una confesión: hace unos días, el 29 de junio, con motivo del día de San Pedro, aproveché para enviar un correo electrónico a Pedro Sánchez, vamos, al Presidente del Gobierno. Conozco a otras personas que se llaman igual de nombre y primer apellido, pero en esta ocasión es a él a quien me dirigía. Tenía una dirección personal de email de cuando era Concejal en el Ayuntamiento de Madrid, y teníamos algo de trato a través de las redes. En junio de 2018, y tras la moción de censura, le felicité por esta vía y me contestó: un escueto "¡Gracias, Mercedes!", pero el otro día, como aproveché el correo de felicitación de onomástica para comentarle, además, algunos asuntos preocupantes como la existencia de este colectivo, cada día más numeroso, de los mayores de 45/50 años, y su problemática, quizá ya no estaba tan predispuesto a la respuesta, fuera la que fuera, ó simplemente mera cortesía. O, tal vez, no quiero ser mal pensada: me dije: "este hombre debe  tener la agenda que no da abasto, y yo aquí incordiando con estos problemas del país".

¡Ay, Merceditas, me dije, si es que no tienes arreglo! Pero sí que lo tengo, y hoy, como os decía antes, me voy a reivindicar. ¿Habéis notado que ya os tuteo? Es más cercano. Bueno, pues ésa soy yo: una persona cercana, que se define como profesional de la comunicación en todos sus ámbitos, curtida en radio y televisión durante muchos años, tras ejercer como Redactora, Reportera, Editora, Presentadora y Directora de Programa Debate, Informativos, y Formatos de Entretenimiento. Algo que no voy a olvidar es que un alto directivo de uno de los principales grupos de comunicación del país me dijo en cierta ocasión: "Eres la misma dentro que fuera del plató, y eso la gente lo nota, y lo agradece". ¿Queréis saber lo que yo agradezco muchísimo? Que la audiencia, el público que me ha seguido durante años, me hayan dicho, unas veces en persona, o a través de mensajes, que "al seguirte a diario, te consideramos como de nuestra familia". ¿Hay algo que llene más en esta profesión? Pues eso, que hoy me reivindico, y os aseguro que sigo siendo la misma de siempre, con lo que tuviera de malo, pero también de bueno, y todo ese potencial, que, según muchos, sigue acompañándome, se está desperdiciando por discriminar y no dar oportunidades a quienes tenemos aún mucho que ofrecer!  Lo siento por todos, por mí desde luego, pero también por tod@s los que se lo están perdiendo!!!

Como dijo mi querida Escarlata O’Hara: "Mañana será otro día...", y posiblemente, seguiremos hablando del Mundial.

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