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Niños que viven el horror sin Halloween

Niños que viven el horror sin Halloween

Hace tiempo que el terror está de moda. Ya sé que es tremendo lo que acabo de escribir, pero es completamente cierto, y, además, hace “doblete”. Desgraciadamente, en la actualidad, una de las palabras más utilizadas, tanto en el lenguaje verbal como escrito, es “terrorismo”. Creo que a estas alturas, no hace falta dar detalles de cómo los “actos de violencia que se ejecutan contra la población para infundir terror” afectan a toda la humanidad.

Por otra parte, dentro de la ficción, principalmente en la literatura y el cine, el terror siempre ha sido una apuesta de éxito.  ¡Y no digamos ya estos días con las celebraciones de Halloween!   ¿Es verdad que a tanta gente le gusta pasar miedo?  No voy a decir que no, porque hasta sabemos lo que algunos neurólogos han contado al respecto: se supone que es un “miedo” que se puede “controlar” y que basta con dejar de mirar la pantalla, o finalizar el libro, o saber que tanta sangre en los disfraces es puro atrezzo. 

Lo he pensado mejor, y, sí, voy a responder la pregunta.  No es verdad que a la gente le guste pasar miedo, les gusta “jugar a que parezca que  sienten miedo” ¡Ah, ese miedo de ficción, cómo les pone! Lo que ocurre es que no han sentido nunca lo que es el horror, el de verdad, el que entra por la mente, y atraviesa el cuerpo. Por naturaleza, nuestro cerebro evita el dolor, al mismo tiempo que busca el placer.

Invito a quien quiera sentir el miedo, el terror y otras sensaciones límite, como la angustia, el desamparo, el abandono y el hambre (por citar sólo a algunas), que se dé una vuelta estos días por las calles de Haití, como ha hecho, por ejemplo, Antonio Miguel Carmona, a quien todos conocéis de sobra porque, además de otros cargos ejercidos, en la actualidad es Concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, contertulio habitual en varios programas de televisión, además de Doctor en Ciencias Económicas y Profesor en la Universidad.

Carmona está, desde hace cinco días viviendo de primera mano cómo, en este país centroamericano, las desgracias se acumulan como un suma y sigue… En nuestra memoria quedan aún restos de las imágenes del terremoto que asólo en 2010 un país, que aparece en un horrible ranking, entre los más pobres del mundo. Un seísmo, recordemos, que dejó más de 300.000 muertos, dos millones de personas sin hogar y muchísimos niños huérfanos.

Lo de “llueve sobre mojado” es aquí más gráfico que nunca. La aparición del huracán “Tomás”, en noviembre de ese mismo año, coincidió con la epidemia de cólera que se propagó a través de una de las bases de la ONU, y que dejó otras 10.000 fallecidos entre la población del país caribeño, además de 800.000 personas que contrajeron la enfermedad.

Tras el paso del huracán Matthew, hace tan sólo unas semanas, resulta ardua tarea describir tanta desolación. El cólera planea de nuevo sobre las zonas más afectadas, donde ya se han producido casos entre la población infantil.  “Esto es un infierno del que es difícil salir. Haití tiene el 70% de la población por debajo del umbral de la pobreza, esperando ser devorados por su dos grandes enemigos: el cólera y la hambruna”, ha denunciado Carmona, quien ha tenido ocasión estos días de ser testigo de excepción de orfanatos abarrotados, “y lo que es peor, cientos de niños sin poder entrar”. Niños sin padres, sin hogar, sin comida, sin escolarizar, y, por si todo esto fuera, poco, muchos son víctimas de abusos sexuales, o pasto de la prostitución en la vecina República Dominicana.

Antonio M. Carmona ha visitado uno de los municipios más golpeados por el huracán Matthew, al que describe como una ciudad fantasma, por cuyas calles vagan sus habitantes en busca de una respuesta: “Necesitan un lugar donde dormir, escuelas que reconstruir, potabilizadoras que instalar. He visto casas de huérfanos abarrotadas, niños abandonados por las calles, familias que tratan de ingresar a sus hijos desnutridos en orfanatos que no pueden admitirlos.”

Por otra parte, la inexistencia de un gobierno solvente, convierte a Haití en un país sin apenas Administración, en el que, por ejemplo, según relata Carmona, “llegar a Jeremie es una trampa mortal, por carreteras de piedra, cortadas con grandes piedras por asaltantes, y donde pararse es despreciar la vida humana”.

Y, de “propina”, hace unos días, varios medios de comunicación nos cuentan que la Federación Española de Fútbol se apropió de una subvención de 220.000 euros que, tras el terremoto de 2010, el Consejo Superior de Deportes entregó a dicha Federación, con el objetivo de crear una escuela de fútbol para los niños damnificados de Haití, que nunca llegó a construirse.

Vuelve a "llover sobre mojado". Algunos dirán alguna de esas frases tan manidas como: "Qué mala suerte" o "Las desgracias nunca vienen solas". A mí se me ocurre que si hay alguien todavía que quiera pasar un poco de miedo, del de verdad, se vaya unos días allí, y luego nos cuente la diferencia entre terror del auténtico, y del de pacotilla. También se me ocurren algunas frases, aunque no sean mías:

"Ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si una gran parte de sus miembros es pobre y desdichada". (Adam Smith)

"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa" (Albert Einstein)

 

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