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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2019.

¡Vamos, la de los muertos de toda la vida!

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Aunque el calor seguirá presente, Septiembre se ha desplomado sobre nosotros con toda su fuerza. Su vecino agosto se ha llevado consigo esas playas atestadas, el chiringuito y sus listas de espera, las rebajas y su remate final, y esa vida que durante este tiempo se nos ha antojado algo más liviana.

Septiembre ha llegado para quedarse, al menos durante 30 días, con todos sus #tópicos/intenciones/airesdecambio .... Pones la tele y te hartas de oir aquello tan manido:   
... "Septiembre ya está aquí, y con él se inicia el nuevo curso escolar, los propósitos que nos hacemos para dar un rumbo mejor a nuestras vidas, del estilo: "esta vez va en serio lo del gimnasio", ó "voy a coger de una vez por todas al inglés: mañana mismo me apunto a las clases de conversación que vi el otro día"...  Es como si estuviéramos a 31 de diciembre, pero con calor aún. Lo que no tenemos tan claro esta vez es si, entre otras muchas cosas, empieza también el curso político???  Eso ahora no lo dicen tan claro los medios de "in-comunicación", porque, a ver, empezar, lo que se dice empezar no tiene pinta!!! Esto no parece ni que empiece, ni que acabe... Debe ser como aquella máxima que, de pequeños, escuchábamos hasta la saciedad: "La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma". No quiero pensar ahora en qué se transforma toda esta fauna política, porque me daría una jaqueca de las que tienes que estar dos días acostado, a oscuras y en silencio. Aunque, con todo este ruido (mediático, y del otro), uno ya no sabe si quizá hasta sería un buen plan...
Parece que ha pasado un siglo desde que fuimos a votar, primero en Abril para las generales, y un mes más tarde, para las autonómicas y municipales. Mi mente asocia con velocidad los pensamientos, y no puedo evitar pensar "Queda lejos aquel día", y como me encanta parafrasear, acude a mi cabeza una estrofa de la hermosa (y siempre vigente) canción de Ismael Serrano "Papá, cuéntame otra vez":

Queda lejos aquel mayo   (aquí sería abril, y nos viene genial para la rima),
queda lejos Saint Denis
Que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París
Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual
Las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más
Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam...

No pretendo que nadie se  ponga nostálgico con la revolución del 68 (el Mayo francés), de la que se han conmemorado ya los 50 años, ni siquiera con hechos más cercanos...De hecho, en muchos casos, como el mío, sería una nostalgia "de oídas", ya que muchos no lo vivimos de primera mano. Queda en mi mente flotando uno de los versos del cierre:
..."Y siguen los mismos muertos, podridos de crueldad"...
¿Será posible? No me la puedo quitar de la cabeza, y me pregunto una y otra vez por qué. De repente, me digo: "Ya caigo".

Hace unos días tuve una entrevista de trabajo en una empresa de seguros, y hace una semana otra, que, de momento, no voy a comentar, porque necesito casi el formato de novela para contar la historia.  Es lo que tiene ser parado de larga duración, que no hace falta que llegue septiembre para empezar a hacer esto ó lo de más allá. Ni en pleno verano paras. Aunque parezca un trabalenguas, a veces se trabaja más buscando trabajo, que trabajando.  Como dicen ahora: es lo que hay

Sí, lo que hay es que España es el país de Europa con mayor número de parados de larga duración, o, en otras palabras, estamos a la cabeza de ese horroroso ranking con un millón cien mil personas, entre las que me encuentro. No lo digo con orgullo, pero tampoco me siento avergonzada. Es preciso dar visibilidad a estas personas, poniéndoles cara, nombre y apellidos, y, que, de forma simbólica, "salgamos del armario", también.

Las que sí deberían avergonzarse son las empresas que huyen de ell@s/nosotr@s como de la peste. Tampoco queremos que nos tengan lástima. Sólo pedimos respeto y las mismas oportunidades que el resto de mortales. La gran mayoría de personas que están ya encasilladas en esta frase de cuatro vocablos (parados-de-larga-duración), es gente con formación, trayectorias profesionales excelentes, y, sobre todo, mucho talento y potencial por exprimir. ¡Qué pena que en este país, eso, sea invisible, o, lo que es peor, no se quiera ver!

Poco a poco, una, se va curtiendo en el arte de la entrevista (no en la periodística, en la que, y lo digo desde la humildad, ya lo he demostrado desde hace años), sino en la "entrevista de trabajo", algo que podría parecer un subgénero, pero, ya os digo yo que, de eso nada. Las anécdotas se van acumulando a lo largo del tiempo, con entrevistadores que no saben qué preguntar, o, directamente, te invitan a que recites en voz alta, tipo papagayo, lo que tienen impreso delante de sus narices. Tienes que reprimir las ganas de decirle:
-  ¡Oiga, para que le cuente lo mismo que pone en el currículum que está sujetando con su mano izquierda, me podía haber ahorrado el venir hasta aquí!

A propósito del talento que mencionaba antes: salvo excepciones, que las hay, en el mundo de los Recursos Humanos lo que sí hay es una gran carencia de éste (del talento, digo).  Lo siento, quizá se me echen encima algunos aludidos que no estén de acuerdo conmigo, pero cuento lo que percibo, y un entrevistador (aunque sea periodístico), de entrevistar, algo sabe, digo yo!!! Estoy pensando que tal vez me tome en serio la idea de escribir un libro, basado en hechos reales, con todas las "historias para no dormir" que me han sucedido en las dichositas entrevistas de trabajo.  Y ni os cuento las ganas que se te quedan de responderle a algun@, que te ha soltado que eres demasiado brillante para el puesto: "Pues a ti, hij@ mí@, los brillantes te sonarán, si acaso, de la inolvidable película de Audrey Hepburn!!! O, quizá, tampoco, que aquello eran diamantes!!!

Hace unos días, mientras esperaba ser recibida por la responsable de selección en una empresa de seguros, que, por cierto, no tenía sala de espera, fui testigo de algo que hubiera hecho las delicias de cualquier guionista de series cómicas. Se trataba de uno de esos call centers, desde los que nos llaman a diario los famosos teleoperadores intentando vendernos cualquier cosa. Sobra decir, que, aunque a todos nos disgustan las llamaditas a deshoras, todas esas personas están trabajando. Lo que llama la atención es la forma que tienen algunos de ellos de abordar al potencial cliente:

- Hablo con el Sr. González? Hola, buenos días, mi nombre es Estela, y le llamo de Seguros X. Estamos haciendo una       campaña fabulosa para mejorarles la póliza de decesos.  ¡Vamos, la de los muertos de toda la vida!
 
Después de escuchar semejante presentación unas siete veces, y, sobre todo, con la alegría que la chica les dice aquello de "Vamos, la de los muertos de toda la vida", llego a la convicción de  que, si no salgo de dicha sala en ese momento, una de dos, o me parto de risa ya de una vez (llevo un rato que no puedo más aguantando las ganas), o me acaba dando el mismo tic de Millán Salcedo, el de Martes y Trece, en algunos de sus gags.

Al final, decido salir, como si fuera al aseo. Pero, cuando entro, la señorita Estela está en su salsa con alguien que parece no haberle colgado tras su singular forma de presentarse. Por lo que deduzco, ha conseguido que su interlocutor le diga cuánto está pagando por su actual póliza de decesos. Nuestra protagonista se crece de tal forma que le suelta, sin complejos, y directo a la yugular:
- ¡Con lo que su compañía le está robando, ya le ha pagado el entierro a todos los vecinos de su pueblo tres veces! ¡Yo que usted, les llamaría ahora mismo y les diría que ya está bien, que no quiere saber nada más de ellos nunca más!

Ya no estoy en schock, directamente es que no puedo más de la risa, pero evitando, obviamente, la carcajada. Y reirse hacia dentro es algo difícil, para lo cual, lo reconozco, no estoy aún muy entrenada. Una de las compañeras cercanas en el puesto a Estela, espera a que ésta finalice, y, cuando cuelga, le espeta:
- Oye, estás tú muy crecidita, no?  ¡Tía, parecía un culebrón auténtico, pero lo que no sé es cómo el hombre te aguanta, y no te ha mandado a paseo!  Y la otra, tan tranquila, y sintiéndose por un momento estrella de cine, le suelta: 
-  ¡Dotes de actriz que tiene una, y sin guión!

Vuelvo a acordarme, de nuevo, del verso de la canción de Ismael Serrano: ... "Y siguen los mismos muertos, podridos de crueldad...", y de repente, me acuerdo de Estela, y me digo: "Vamos, la de los muertos de toda la vida".  Es necesario ponerle humor a todo esto.

Creo que un día de estos esperaré a la salida a la teleoperadora, y negociaré con ella el copyright. ¿Quién sabe si escribo el guión de una exitosa serie, y nos forramos? Mientras tanto, le aconsejaré que consiga el teléfono de Carmen Borrego, la hija pequeña de María Teresa Campos, para que le venda un buen seguro del hogar, y tenga su casa protegida frente a los robos. Otra historia que, además de para no dormir, es  para entrar en trance. ¡Es difícil creer que quien habita esos casoplones (con ese continente, y ese contenido), los tenga sin asegurar, cuando hoy en día, hasta los pisos más modestos están asegurados! Pero, quién sabe: ¡Quizá le dé más importancia a la póliza de decesos, vamos, la de los muertos de toda la vida!!!

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"Algo de mí... algo de ti"

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Se me hace difícil empezar a escribir unas palabras sobre alguien que se acaba de ir. Acaba de morir Camilo Sesto, la voz portentosa que ha dejado huella en varias generaciones, no sólo en España, también en toda Hipanoamérica,  alguien que fue, y seguirá siendo, siempre, muy grande.

De entrada me confieso y no tengo ningún pudor en hacerlo. Crecí oyendo esas canciones, me hice adolescente cantándolas, y hasta gracias a ellas, nació mi primera vocación, la de ser cantante. Durante mucho tiempo, en mi cabeza veía la imagen de una chica subida en un escenario, cantando, como él, ante un público entregado. A mí no me salió bien, porque, ni siquiera lo intenté. Tengo que decir que no canto mal del todo, pero, nada que ver con una voz como la suya. Y con el tiempo, me fui haciendo a la idea...

Sin embargo, desde aquel entonces, uno de los placeres más grandes me lo proporciona hacerme un "maratón" de las canciones de Camilo que más me han marcado, y cantarlas a dúo con él, cuando estoy sola en casa, o en el coche, aunque recomiendo la primera opción, porque, ya puestos, también te puedes mover e ir creando tu propia coreografía. Como podéis ver, no me hace falta ser Marta Sánchez, ó Mónica Naranjo, para hacer duetos con él. Sí, lo sé: que no queda un disco para la posteridad que recoja el momento. No lo necesito, puedo haceer los maratones con la frecuencia que quiera. 
Pocas cosas son comparables a escuchar el clásico "Getsemaní", apreciando todos los matices, cambios de tono, y, sobre todo aquel grito suyo, impecable y desgarrador. He de reconocer que hoy, antes de sentarme a escribir lo he oído unas cuantas veces, y, como se suele decir, se me ponian los pelos de punta al escuchar parte del estribillo:

Quiero saber, quiero saber, Señor
Quiero saber, quiero saber, Señor

 Con morir, qué voy a conseguir

al morir que voy a conseguir...

No soy yo quién debería responderte, pero, al menos, lo voy a intentar: 

Lo que has conseguido al morir, querido Camilo, ha sido poner en marcha la maquinaria de los que no callan ni debajo del agua. De los que opinan de todo, sin tener idea de nada. De los que ahora te ponen en un pedestal, pero un día te "machacaron" criticando tu aspecto de los últimos tiempos, y se dedicaron a hablar sólo de tu deterioro físico, en vez de reconocer el gran artista que fuiste y serás para siempre.  Eso es lo bueno que tenéis los artistas de verdad (No confundir con otros que se llaman artistas a sí mismos, y que, últimamente abundan en todos los ámbitos, y en realidad son unos mediocres, o, muchas veces, ni eso...) Los artistas de verdad sois inmortales gracias a vuestra obra, y ése, aunque no podáis verlo, quizá sea el premio más grande, sobre todo para vuestros seguidores, que podemos disfrutar de ella siempre.

Tampoco es la primera vez que mueres. Han sido muchas las veces que ha aparecido publicada la noticia de tu muerte. ¡Lo malo es que ésta ha sido la de verdad!  Lo bueno, es haber llegado a lo más alto por méritos propios. Con más de 170 millones de discos vendidos en todo el mundo, entre sus seis mil conciertos destaca el que ofreciste en el Madison Square Garden, de Nueva York, donde te presentaron como el Sinatra español. ¡Ahí es nada, pero con permiso de los americanos, ya quisiera el que llegó a ser marido de Ava Gardner, aunque el "flacucho" no cantara mal!!!

Lo bueno es que perseguiste tus sueños desde el principio, y no se te puso nada por delante. En 1975, y con Franco aún moribundo, pero vivo, contra todo pronóstico, te empeñaste de todas las formas posibles: invirtiendo tu dinero para producir la gran ópera rock "Jesucristo Superstar", y teniendo mucho arrojo ante los incrédulos de que aquéllo era factible. De hecho, se ha reconocido como el primer Musical que se hizo en España. 

Y lo bueno, es, que, además de todo eso: de ser un grande de la canción, un triunfador en todo el mundo y compositor de todas tus canciones (esto merece ser destacado, porque, aunque parezca mentira, mucha gente no lo sabe, ó no quiere darse por enterada), fuiste humilde, cercano y buena gente. Algunos quieren insistir en lo contrario, pero la gente inteligente sabe leer entre líneas. Es cierto que también algo excéntrico, pero eso forma parte del adn del artista genuino. 

Había pasado mucho tiempo desde que te vi con quince años sobre un escenario. Nunca olvidaré el día que, acompañando a mi añorada madre, a una consulta médica, nos tropezamos con él al salir de un ascensor en el Hospital "Puerta de Hierro",de Majadahonda (Madrid). Iba con gafas oscuras que tapaban gran parte de su rostro, pero supe que era él desde el primer momento. Solté el brazo de mi madre diciéndole que me esperase un momento, y salí tras él. Le abordé con mucho respeto, y me presenté:  "Hola Camilo, soy Mercedes. Discúlpame, pero te he reconocido y no podía cruzarme contigo sin más. Soy periodista, pero no te asustes, sobre todo soy una gran seguidora tuya de toda la vida. Fui muchas veces a verte con 14 y 15 años al Gran Musical de los 40 Principales". Mientras se quitaba las gafas, me regaló una gran sonrisa y nos dimos dos besos. En aquel momento miré hacia donde había dejado a mi madre, y se lo dije. No tuve que ir yo a buscarla, fue él quien tomó la iniciativa y junto a mí se acercó hacia ella. Se la presenté y le dije que, también, era otra fan (que conste en acta que no me gusta nada esa palabreja de importación) de sus canciones. Es imposible reproducir con palabras aquella escena. Tras las presentaciones, parecía que nos conocíamos de siempre. Es de justicia decir que, aunque conozco a muchos de los grandes, por haberlos entrevistado, pocos habrá que en una situación como la que estoy compartiendo hoy con vosotros, se mostrarían tan cercanos. Al fin y al cabo, estábamos en un hospital, pero nos sentimos tan a gusto que creo que durante el tiempo que estuvimos charlando, a los tres se nos olvidó por completo. Nos despedimos con la confianza de, por qué no, volvernos a encontrar.

Hoy, recordando aquel día, sonrío, pero también se me nublan los ojos, porque evocar aquello es, también, recordar a mi madre, que se nos fue hace más de cuatro años. De hecho, antes de enfermar, fue una de las vivencias que le reportaron gran satisfacción, y así lo comentaba a los allegados: ¡Qué gran persona, Camilo Sesto!   ¡Y qué grande ella también!

Con muchos de los títulos de tus canciones podría escribir la historia de mi vida, y la de muchas otras, pero eso lo dejo para otro día. Hoy sólo te diré: "Algo de mí ... no dejará de quererte "Jamás". "Algo de ti", de tu música lleva estando conmigo desde hace mucho tiempo, y lo estará siempre. Y, sobre todo, quiero darte las gracias por habernos dado y dejado tanto. 

En la vida, una de las cosas que a mí me importa, es dejar nuestra esencia en los que nos han tratado, y comprobar que, aunque pase el tiempo, se han “empapado” de ella. Puedo asegurarte que de la de mi madre, estoy empapadísima. Hoy soy consciente de que la tuya también me ha calado.

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