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"Está la cosa muy mala" (hoy, sin ti, un poco peor)

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Alguien dijo una vez que todos al nacer ya sabemos llorar, pero necesitamos aprender a reir.  Y al mismísimo Mark Twain se le oyó decir muchas veces que la risa es el arma absolutamente eficaz con que cuenta la raza humana. ¿Te has preguntado últimamente cuántas veces al día te ríes?  Tal vez en los últimos tiempos, y, a pesar de saber que es una de las mejores medicinas a nuestro alcance,  gratis, y tiene hasta poder sanador, no es de los “deportes” que más practicamos?

Él sí, hizo de la risa un arte en mayúsculas, aunque, en realidad, en un principio no fue su objetivo en la vida. Cuando algo es innato en la persona, no puede convertirlo en su meta, porque ya lo lleva dentro, ya forma parte de su adn, de su esencia, o como queramos decirlo.

Él era cantaor, sí, cantaor, sin la “d”, y, aunque no creo que haga falta la traducción, por si acaso, el vocablo alude al cantante de flamenco. Fue con tan solo ocho años cuando se subió a un escenario a demostrarlo, y, desde ese momento el niño Gregorio quedaría unido hasta su muerte, en el día de hoy, a ese otro sobrenombre, que con sólo oírlo pronunciar, ha iluminado el rostro de tantos a lo largo de más de dos décadas. Chiquito de la Calzada, tan chiquito, y tan grande a la vez, acaba de irse, dejándonos algo más huérfanos de risa.

Antes de convertirse en el singular personaje mediático que llegó a ser, ya había pisado algunos de los mejores teatros de Madrid, en su faceta de cantaor, y hasta llegó a vivir un tiempo en Japón. Sin embargo, un buen día de 1994 aparece en pantalla un señor calvo y bajito, y ya entrado en años, y España se queda “pegada al sillón”, primero ojiplática, y después, muerta de risa. Sin darse cuenta, con sus saltitos, sus vocablos, insólitos, y surrealistas, se convierten, de la noche a la mañana, en una especie de lenguaje alternativo, al que no se resiste nadie. Hubo un tiempo en el que se decía que el rey Juan Carlos era uno de sus mejores imitadores.

Quien escribe estas líneas, aún recuerda, cuando iba al mercado con su madre y asistir al compadreo entre los tenderos, al grito, de “te das cuén…”, “vaya pedazo de fistro que estás hecho”,  “Juliánnnn… no digas más guarreridas españolas a estas horas de la mañana, que hay señoritas delante”, o el inmortal “hasta luego, Lucas”, para despedir a cualquiera. Te montabas en el metro y todo el mundo con lo mismo, entrabas en el bar y no es que oyeras a nadie contar sus chistes (eso era tarea imposible), sino que en multitud de conversaciones cruzadas se alzaba el “¿Cómorr?”, cuando alguien no se enteraba bien de algo, o las risas al unísono al grito de alguien que al ver aparecer por la puerta al que faltaba del grupo, soltaba el consabido “Cobarderr”, y el susodicho entraba agarrándose la cadera derecha, como si tuviera un ataque de lumbalgia, mientras les contestaba convincente: “No puedo, no puedo, no puedo….”

Genial Chiquito de la Calzada, mi “chiquito”, el de tanta gente, no por ser el mejor contador de chistes, no (que también), no por tener la gracia “por arrobas” (como dicen, o se decía, en muchas provincias andaluzas). Sin saberlo, fue el inventor de un idioma paralelo, que, después de casi un cuarto de siglo después, aún sigue vivo.

He de confesaros que me he reído mucho con él, que gracias a sus frases dicharacheras, sus refranillos, sus gestos y algo que no se puede explicar: ayudó a unir generaciones, y a que, algunos que rieron mucho con él, cuando ya casi no recordaban nada de su propia vida, se les iluminara el rostro con una sonrisa deslumbrante al ponerles delante un vídeo con alguna de sus actuaciones.

Me pregunto cómo nos habrías contado todo lo que está pasando en nuestro país en estos últimos meses. Tú, tan experto en estas lides, ¿Qué vocablos habrías utilizado para dirigirte a situaciones y personajes tan esperpénticos, como los que vemos desfilar en el “bucle” que nos ofrecen la radio, la televisión y la prensa escrita? Ya sé que son sólo conjeturas, y no va a ser posible, pero de lo que estoy segura es de que sería la única forma de que pudiéramos ya poner un poco de atención a tanto absurdo.  Gracias por tanto, Chiquito, no hace falta haber sido fan incondicional tuyo para dártelas: has arrancado miles de carcajadas,  y sonrisas que resplandecían en quien jamás lo habríamos imaginado. Gracias por tanto!!! Cómo tú decías: "Está la cosa muy mala", pero al oírtelo decir de esa manera, le dabas la vuelta y se nos olvidaba.

Intentaremos recuperar esa risa, que tanta falta nos hace, recordando tu alegría innata, tu forma de moverte, de andar, y de soltar palabras inventadas como si fuera lo más natural del mundo. Y, sobre todo, intentaremos no olvidar que ese "chiquito" que resultó tan "GRANDE", además, fue un gran ejemplo de humildad. ¡Feliz viaje!

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