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"La extraña pareja: lo público/lo privado"

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Nunca antes dos vocablos antónimos dieron tanto juego. PÚBLICO. PRIVADO. Y, desde luego, nunca antes aparecían “juntos” con tanta frecuencia,  bien en las bocas de todo el mundo, o revestidos de la palabra escrita.

Mientras asistimos a diario al bombardeo que nos ofrecen los informativos sobre la sanidad pública, la educación pública, la sanidad privada, la educación privada, apropiación indebida de lo público, dinero público, suelo público, empleado público, gestión privada de lo público, gestión pública de lo privado (esto ya no sé si existe, quizá estoy dando ideas)…  el “público”, o sea, el ciudadano de a pie no puede más, no hay cerebro humano que pueda procesar tanto vocablo opuesto, utilizado con simultaneidad. Por cierto, si alguien puede aclararme si es correcto cerebro público, o cerebro privado, quedaré muy agradecida.

Si vamos analizando las distintas acepciones que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española, del vocablo “público,ca”, podríamos, sin proponérnoslo, elaborar un monólogo brillante y triunfar en “El Club de la Comedia”. La primera que nos encontramos dice: “Sabido o conocido por todos”, y pone como ejemplo (la RAE es así de detallista): “Su separación ya es pública”. Y yo que siempre estoy preguntándome algo, no puedo dejar de preguntarme en quién estarían pensando los de la Real Academia el día que les tocó emplearse a fondo con lo “público”. Quizá ya se habían separado algunos de los matrimonios más famosos del país. No, no puede ser, porque ahora que caigo, eso entra dentro del ámbito “privado” de cada uno.  ¿Fue una institución tan solemne y veterana la precursora de los programas televisivos del “corazón”? No lo creo, pero de lo que sí estoy segura es de que mientras algunos/as se forran a costa de lo “público”, otros/as hacen su agosto haciendo “pública” su vida “privada”.

Me disponía a borrar lo que acabo de escribir, pero he pensado que no lo voy a hacer, es mejor corregir. Así se deja constancia: “Mientras algunos se forran a costa de lo público...” Hay que hablar con propiedad, mi niña, me dice una vocecilla interior que, últimamente, no logro acallar. Así que, habría que sustituir el adjetivo “algunos” por el superlativo “muchísimos”. Por cierto, y no es broma, si buscáis en el Diccionario de nuestra querídisima Real Academia (“rae” para los amigos), la palabra “alguno,a”, después de la definición, que todos conocemos, la frase que pone como ejemplo es ésta: “Algunos hay que no se sorprenden por nada”. Yo tampoco, queridos académicos. En verdad os digo, poniéndome a la altura de vuestra solemnidad, que “algunos” debéis ser visionarios, o videntes, o, quizá, las dos cosas juntas. No, no os apresuréis a tacharme de exagerada, o extremista (que se lleva más, puestos a elegir). Sólo tenéis que consultar la segunda acepción que nos da la academia del significado de “público,ca”: “Del estado o de sus instituciones, o que está controlado por ellos”. La definición es de matrícula de honor, pero, como siempre, la práctica supera a la teoría. La frasecita que ponen esta vez como ejemplo para asegurarse de que nos hemos enterado de lo que quiere eso decir, llega al grado de profecía: “El Gobierno procederá a la privatización de algunas empresas públicas”. ’Llegados a este punto’, o, ’dicho lo cual’ (dos de las frases más utilizadas por los tertulianos televisivos de este país), seguro que a muchos se os pasa por la cabeza lo mismo que a mí. ¿Es posible que éstos de la RAE sean adivinos, o, quizá, haya algún infiltrado en el Gobierno? La verdad es que, aunque la primera posibilidad no es moco de pavo, a mí me parece más interesante la segunda, porque, puestos a imaginar, si fuera así, parecería una peli de espías a lo Hitchcock. Lo que yo os decía antes, unos adelantados a su tiempo. Deslumbrada me tienen.

He descubierto un juego (aunque no sea de mesa) que no está mal para los que estén hartos de hacer sopas de letras, crucigramas, leer el periódico o ver telediarios. Tomad asiento en vuestro sillón favorito, diccionario en mano, y buscad, aunque ya lo sepáis, el significado de las palabras que se os vayan ocurriendo. De este modo podréis analizar vuestra capacidad de sorpresa cuando leáis la frase con la que se ilustra dicho significado.  La mayoría de las veces el resultado será una sesión de risoterapia gratis, que mira que tiene guasa el asunto (nunca mejor dicho), que hoy día hay que pagar hasta para reírse. Como diría Lina Morgan: “no, hija, NOOOO”. Ya os doy yo alguna idea para que esto siga siendo subvencionado del todo, aunque sea por lo “privado” (hombre, que cada uno se ría de lo que le dé la “real” gana). O, por lo “público”, que el caso es reírse, aunque sea porque otros nos lo pongan en bandeja. Por cierto, no me ha gustado nada otra de las acepciones que veo del significado de “público”, referido a ’personaje público’ Transcribo, para que no os molestéis: “El gran público: conjunto de personas sin formación específica sobre un tema”. Mira que lo siento, pero  (permítaseme la expresión), éstos de la “rae” me lo han puesto “a huevo”, que se dice. ¿En quién estarían pensando cuando redactaron esa definición? ¡Qué pregunta tan buena, si existiera aún el “Un, dos, tres…” Aunque por no calcular a cuántos céntimos de euro equivaldrían las 25 pesetas de cada respuesta, doy dinero, eso sí, mejor del “público”, que del “privado” me acabo de quedar sin cinco, después de pisar la playa en Semana Santa por primera vez. Esto no puede ser: se me ha contagiado el virus de los diputados del Congreso, en cuanto me descuido un poco me disperso con una facilidad ...

 Pero, eso sí, aunque no soy vidente, casi puedo ver en una pantalla ficticia algunas de vuestras respuestas: “los que forman un partido político”, “contertulios de televisión”,  “los del concurso este de los saltos en la piscina”, los que opinan de todo sin entender de nada,  “los corruptos”. Y, en este momento, yo, que llevo ventaja, porque me ha dado más tiempo a pensar que a vosotros, pararía el cronómetro, y os diría al oído que tuvieráis un poquito de picardía y recordaseis cómo en el mítico programa creado por Chicho Ibáñez Serrador, los concursantes podían decir, por ejemplo: lápiz azul, lápiz verde, lápiz amarillo, etc…

 Vamos que con la respuesta de “los corruptos”, nos forrábamos. Ésta sí que es la madre de las paradojas, porque son ellos los que se están forrando a costa nuestra y nos están dejando con lo puesto. Pero acabemos nuestra serie de respuestas: “Un, dos, tres … responda otra vez”: los corruptos de la trama Gurtel, los corruptos del caso Noos, los del caso Campeón, los de los falsos ERE, los del caso Bárcenas, los de las preferentes… ¡¡¡Campana, y se acabó!!!  Mira que es mala pata, porque si nos dan más tiempo, ésta pregunta era un filón.

 Pero, para filón, lo de algunos personajes “públicos”. A propósito, ahí va otra de las definiciones de la palabra “público”: “[Persona] que se dedica a actividades por las cuales es conocida por la mayoría de la gente”.  Lo siento, pero os veo escrita en la frente la reflexión: “¡Qué raro! Si a la gran mayoría de lo que entendemos por ‘personaje público’, no se le conocen actividades”. Bueno, una sí, si se le puede llamar actividad a recibir un pastón de una cadena “pública” o “privada” por contar en “público” lo que forma parte de lo “privado”, o por insinuar lo que podría haber hecho en “privado” alguien “público” mientras un ’equipo de investigación’ (no sabemos si de lo “público” o lo “privado” le grababa ilegalmente, y se aseguraba así un papel en la hipotética película de espías antes aludida.

“¿Dónde están los límites?”, preguntaba anoche una chillona colaboradora, cuando se sintió “agredida” por una compañera de programa. Por cierto, una señora a la que no pareció gustar nada mi presencia como invitada especial en dicho programa en una ocasión. Y es que, que te inviten por tener algo interesante que contar, algo real, y relacionado con alguien que SÍ tiene una actividad, no parece gustar a quienes sólo se amparan en rumores, suposiciones, dimes y diretes, burlas, insultos, gritos, lágrimas de cocodrilo y demás familia. Si alguna vez ocurre eso, cuando llevas algo menos de diez minutos en pantalla, la señora que llora por todo, hace lo indecible para boicotear tu intervención, quizá presa de una vocecilla en forma de paranoia que le grita: ““¿Quién es ésta, que ha conseguido quitarle la palabra a Matamoros, sin que él le “perdone la vida”, y a la que todos escuchamos, en un alarde insólito, "useasé" sin interrumpir? ¡¡¡Que me quita mi sillaaa!!!””.  Por cierto, le iría al pelo como título “NO SIN MI SILLA”  a la susodicha peli. Aunque, bien pensado, tendría más mérito que alguien lo convirtiera en cortometraje. Abstenerse los guionistas de series, que os veo venir.

 Aquí está ya todo inventado, menos los límites. ¡Qué graciosa la señora que pregunta que dónde están los límites! ¿De qué límites habla? Cuando le afecta directamente, apela al derecho de que existan. El resto del tiempo hay barra libre.  Ya lo dijo alguien hace algún tiempo: “Ancha es Castilla”. Si alguien no lo "coge", siempre puede coger el diccionario, pero, cuidado, que hasta Castilla es susceptible de privatizar.

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