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"Como si empezáramos de nuevo"

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 ¿Qué decir cuando está todo dicho? ¿Qué escribir cuando ríos de tinta han corrido desde hace treinta años? No hay un solo día en que, en miles de recónditos lugares del planeta no se escuchen, aunque sea como un susurro, los acordes de “Imagine”.  Dicen que los mitos nacen el mismo día en que mueren.  A él no le hubiera hecho falta, pero alguien decidió que no debía seguir aquí, que su tiempo debía finalizar. La sinrazón pudo más en  aquella lejana y fría noche neoyorkina. El hombre cae abatido y el mito nace. No: no nos gusta, no nos gusta nada. Ni siquiera me molestaré en teclear el nombre del asesino. ¿Locura, afán de notoriedad?  ¿Qué más da? En un instante, la vida se extingue. ¡Paradojas de la vida! Cuando él salía de su letargo de años, y volvía con más fuerza que nunca, el destino (ó lo que sea, quiso llevarle la contraria). Y lo que pudiera ser guión de una película de serie B, se hace realidad aplastante en segundos.

Aun así, tus  cuarenta años y tres meses dieron para mucho: tu lucha incesante por llevar el mensaje de PAZ por el mundo, tu rebeldía, tu sensibilidad, tus carencias emocionales (de las que quizá brotó el arte), tus ojos miopes, tu fina ironía y tu música han dejado en nosotros una gran marca.

No puedo olvidar, ni lo pretendo, que mi vocación empezó a materializarse el día en que te mataron. Aunque jovencísima,  escribí largas “crónicas” para quien no podía vivir todo aquello de cerca, y dependía de la información que nos iba llegando desde fuera. No dejé de participar en ninguno de los homenajes, maratones de radio, concursos de relatos, quedadas, convocatorias, etc. que se iban sucediendo.

¿Cómo olvidar aquel increíble maratón de cuarenta y ocho horas ininterrumpidas de radio, capitaneado por el Mariscal Romero? ¿Cómo olvidar esa primera intervención radiofónica (aunque fuera por teléfono), leyendo mi humilde homenaje, mientras me tragaba unas lágrimas de emoción contenida? De alguna forma, aquello ayudó a que muchos/as nos hiciéramos un poco adultos antes de tiempo, y perfilara  de forma clara lo que era una incipiente vocación.

Sólo puedo decirte: gracias siempre. En tu última entrevista, días antes de morir (¡Si hubieras podido saberlo!), pronunciabas unas palabras que siempre llevo dentro, y que sirven siempre:  “Vamos a proyectar el lado positivo de la vida en los 80, y pasarlo bien”. Pasaron los 80, los 90 y otros 10 más de propina, y aquí seguimos: empeñándonos en no acabar de vivir el  presente. 

Como tú dijiste con mucho acierto: “La vida es aquello que nos sucede mientras nos empeñamos en hacer otros planes”.   ¡Qué fijación!

Cuando miro tu rostro y descubro en él esa escondida sonrisa, no puedo evitar la tentación de preguntarte:

  ¿Qué es la vida, John? ¿Lo supiste alguna vez  a través del universo (“Across the universe”) tan intenso y compacto, en  que te desenvolviste con esa admirable y desenfada soltura?

 Oigo lejanas sus palabras, pero me llegan:  se haría interminable contaros aquí todo lo que me dice: después de la noche de aquel día (“A hard day’s night”), él sigue más vivo que nunca, animándonos a no desfallecer nunca en la incansable y hermosa tarea de renovar todo cuanto encontremos a nuestro paso, y prometiéndonos que cualquier día comprará un billete de ida (“Ticket to ride”), para venir a vernos y darnos un abrazo.

 “P.S.:  I LOVE YOU

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