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"AQUÍ y AHORA"

La sentimos todos a diario, aunque no seamos conscientes de ello. Está en todas partes desde que esta vida de prisas decidió devorarnos: me refiero a la IMPACIENCIA, Sí, hay que nombrarla en mayúsculas, porque en muchísimos casos llega a ser un  gran problema. ¿Por qué la padecemos? No podemos aceptar que la vida tiene su propio ritmo, y esperar que éste cambie ocasiona también un alto grado de impotencia.

No saber esperar dice mucho de nosotros mismos: siempre creemos que el bienestar, la satisfacción, la felicidad está en lo externo, en lo que está por venir, en lo que se anhela con vehemencia,  pero no acaba de llegar. A veces es un síntoma inequívoco de que no estamos bien en nuestra piel, que nuestra armonía interior está fallando por algún lado, pero no queremos verlo: lo peor es que ni lo sospechamos. Lo dijo Kafka hace algún tiempo:

"Existen dos pecados capitales en el hombre, de los cuales se originan todos los demás: impaciencia e indolencia". Esto, dicho así,  fuera de contexto, quizá parezca demasiado rotundo. Cuando somos conscientes, en algún momento de "lucidez", de que no podemos cambiar lo que nos está sucediendo, sí deberíamos pensar, al menos, en modificar nuestra actitud, Preocuparse y enfadarse para no lograr nada es, simplemente, una estupidez, aunque todos lo hacemos a diario infinidad de veces.

La paciencia, por el contrario crea confianza, decisión, y, por tanto, una visión más objetiva de las cosas. Debemos ser más realistas, y convencernos, para ayudar a desterrar a esa gran enemiga que es la impaciencia, que, seguramente,  la felicidad, o algo que se le aproxime, se encuentra en este preciso instante y en este preciso lugar. Lo demás, aunque nunca nos detengamos a pensarlo, son conjeturas. El presente es lo único cierto que tenemos: es donde estamos, en ese espacio y en ese tiempo es donde no deberíamos demorar más nuestro pequeño cambio interior. Siempre intentamos que cambie lo de afuera, lo externo. Eso no depende de nosotros, lo primero sí. Decidámonos por nuestro propio bien, primero individual, y si lo conseguimos, también colectivo, vivir, de una vez por todas el aquí, y el ahora. ¿Qué tal si empezamos con el nuevo año?

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