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EL COMUNICADOR INCOMUNICADO

  "¿Quién escribiría si tuviera algo mejor que hacer?" ....  Es algo que afirmara Lord Byron hace ya algún tiempo, y que, a mí en su día, me llamó la atención.Yo escribiría y escribiría, aunque tuviese algo mejor que hacer, ¿qué más hermosa y mejor tarea que dedicarse a plasmar sentimientos, impresiones, dudas o ideas, y defenderlos sobre un papel, en el que perdudarán para siempre? (O, eso, al menos, queremos creer)  ¡Qué infinita sensación de omnipotencia en el momento en el que somos capaces de adueñarnos de las palabras y hacerlas nuestras mientras, obedientes a nuestra fantasía, van saliendo al exterior y "se presentan decentes ante el mundo" como dijera Bécquer.Yo escribiría y escribiría si pudiese hacerlo, si no hubiera algo que continuamente me lo impide. De hecho, siempre estoy escribiendo, casi siempre hacia dentro. Hay tantas páginas que he escrito y nunca podréis leer, ni yo recordar siquiera. Serán, de hecho lo mejor que escribí, y que nunca llegué a plasmar.    Me voy a permitir evocar y compartir con vosotros el poema de José Agustín Goytisolo "PALABRAS PARA JULIA", que Paco Ibáñez convirtió en un himno eterno para la esperanza. Si cantáis mentalmente mientras lo leéis, lograreís estar, al menos durante unos instantes, menos incomunicados. Que lo disfrutéis. Ahí va:

 

PALABRAS PARA JULIA (José Agustín Goytisolo)   

Tú no puedes volver atrás porque la vida

ya te empujacomo un aullido interminable. 

Hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres

que llorar ante un muro ciego. Te sentirás acorralada,

te sentiras perdida y sola: tal vez querrás no haber nacido. 

Yo sé muy bien que te dirán: que la vida no tiene objeto,

que es un asunto desgraciado. Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribípensando en tí como ahora pienso.

 Un hombre sólo una mujer, así tomados de uno en uno,

son como polvo, no son nada. Pero cuando yo te hablo a tí,

cuando te escribo estas palabras pienso también en otros hombres. 

Tu destino está en los demás, tu futuro es tu propia vida,

tu dignidad es la de todos. Otros esperan que resistas,

que les ayude tu alegría,tu canción, entre sus canciones. 

Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí

pensando en tí como ahora pienso. 

Nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo. La vida es bella,ya verás

como, a pesar de los pesares, tendrás amor tendrás amigos.

 Por lo demás no hay elección y este mundo tal como es

 será todo tu patrimonio. Perdóname no sé decirte nada más,

 pero tú comprende que yo aún estoy en el camino.

 Y siempre acuérdate de lo que un día yo escribí,

pensando en tí como ahora pienso. 

 Aunque el comunicador necesite para vivir esa comunicación, paradójicamente muchas veces se siente incomunicado. Aunque llame a gente, envíe mensajes, escriba e-mails y haga lo indescriptible, no hay nadie al otro lado. Dicen que para que haya comunicación tiene que haber dos al menos, uno que emita el mensaje y otro que lo reciba. A veces el comunicador tiene que recurrir a la poesía, la música, en definitiva, a la palabra de otros,  amplificada por su condición de artistas, y reconfortarse  en ese momento en que pasa a ser el destinatario de otra comunicación. No importa tanto quién es el emisor y quién el receptor. Por encima de todo, que fluya la comunicación y llegue el mensaje.

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