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"Sé el Campeón de tu Vida"

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He dejado de escribir lo que yo denominaba mi reseña de fin de año,como acostumbraba hace tiempo. Era una especie de rito sentarme ante la hoja en blanco la tarde del 31 de diciembre. De alguna forma, y aunque no hiciera exactamente un balance, a mí me servía para "cerrarlo" con algo de presunta solemnidad. Si algún año no lo hacía, no me sentía bien conmigo misma, pues creía que, de alguna forma, no le había dado "su sitio" a aquel año ya extinguido. Tenía la sensación de haberle tratado injustamente, y hacerle creer que había pasado sin pena ni gloria, puesto que no quedaba ningún testimonio escrito de él.  

No sé cuándo cambié de parecer, pero ya no quiero escribir "la reseña de fin de año". Si algo nos enseña la vida, es que cumplir años debería servir para algo más que para soplar velas en las tartas, o tomarse las uvas cada 31 de diciembreCuando te vas haciendo mayor, algo te dice que el tiempo, ese tirano y hostil enemigo, del que nadie se libra, ya no parece tan infinito como a los 20 y a los 30. Algo parecido a una vocecilla un tanto ronca, te susurra que es necesario pasar a la acción. Yo me lo digo muchas veces: "Hay que pasar a la acción, Merceditas, que si no, te van a dar las uvas, y ¿lo véis?  ¡Al final me acaban dando!  Me acaban dando, y como se suele decir ... "Y yo con estos pelos... Hoy también eso da igual: no voy a salir de fiesta, y, por tanto, no necesito estar de peluquería, ni medio peinada. Además, con el tiempo, (otra vez el susodicho a escena), he aprendido a querer mi cabellera rizada, con la que siempre parezco estar despeinada. ¡Es una de mis señas de identidad, y de eso no se reniega! 

Si algo deberíamos aprender a lo largo de la vida, además de a quererla, es a no renunciar nunca a quiénes somos, de dónde venimos... Es decir, a que nuestra esencia sea lo primero que salga a la superficie. Hay quien sigue renegando de ella, y se esconde tras personalidades falsas. Pero eso no es sano, salvo para los actores, que, como es su trabajo, lo viven de otra forma. Para el común de los mortales estar siempre aparentando otra cosa de la que se es,  pronunciando palabras distintas de las que quisiéramos decir, y caminando por la vida llevándonos la contraria, pero sin que se note, debe ser agotador y muy estresante. 

Podríamos hacer algo muy básico que consiste en aceptarnos a nosotros mismos en esencia, y, por supuesto, intentar mejorarnos en lo que se pueda, y se puede, con mucho esfuerzo, pero se puede. Cuando observamos cómo está el mundo con sus guerras, odios, luchas de poder, corrupciones... (y no sigo... porque, de verdad, que me dan las uvas), lo primero que pensamos en que "esto no hay quien lo cambie", pero podríamos alguna vez "caer en la cuenta" de que, si cada uno de nosotros intenta cambiar, aunque sea un poquito, a mejor, imaginad lo que podría suponer la suma de todos esos "poquitos". Dicho así, parece una tontería, pero no lo es. Sólo puedo deciros que yo lo voy a intentar con todas mis fuerzas, y, a propósito de lo que decíamos antes, a ESO se le llama pasar a la acción. ¡Se acabó el letargo! ¡No podemos permitir la paradoja que implica que mientras se supone que el mundo "avanza", la mayoría de sus habitantes están "atascados", o bloqueados, por una o varias razones!

Para que esto no se alargue, lo único que quiero deciros es que, voy a intentar ser la "mejor versión de mí misma" (y no porque cambie el año, ó la década, o lo que sea), sino porque quiero hacerlo y me da la gana. 

Os animo a que tengáis ese "coraje de vivir" que muchos de nosotros hemos visto en personas de generaciones anteriores. Hace unos días tuve el privilegio de asistir al 99 cumpleaños de alguien muy cercano y muy querido por mí: un hombre íntegro, honesto, luchador, que desde 1920 ha asistido a todos los grandes cambios del siglo pasado, y los 19 primeros de éste. Ha pasado por todo tipo "fatigas" (como se decía en su época), y ha resistido. ¿Por qué? Por eso: el coraje de vivir, ó la voluntad de vivir, como dicen algunos médicos en su argot. Alguien dijo una vez que "Quien resiste, gana", y yo lo único que puedo deciros que, en este caso, además de mucho cariño, siento una gran admiración por personas así, que han trabajado y batallado lo que no está escrito para sacar adelante a familias numerosas, y, que, por muchos palos que les haya dado la vida, nunca han tirado la toalla, y, sin casi fuerza, han seguido adelante. Esto puede considerarse un humilde homenaje no sólo a la persona a la cual me estoy refiriendo, sino a muchas otras que se han convertido en la mejor versión de sí mismos, han llegado a ser el "Campeón de su Vida", sin siquiera saberlo. 
¡Vamos al encuentro de 2020! ¡Algunos, incluso, al encuentro con un siglo de intensa vida!

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31/12/2019 21:06 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

10-N: ¿Todos a votar ó echarlo a los chinos?

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Todos a votar, o todos a "potar", aunque, lo reconozco, ésta última sea una palabra fea ó, al menos , desagradable. Pero, ¿quién no lo ha pensado? Visto lo visto en los últimos tiempos, es lo que nos pide el cuerpo.

En la soledad y el recogimiento de los últimos días, me pregunto si debería considerar las encuestas. Después, como en un interminable monólogo, yo misma me respondo: ¿Para qué?

De soslayo, miro la prensa (con un sólo ojo), y con los titulares me sobra: Pedro Sánchez: “No se votan políticas, sino el Gobierno y el desbloqueo”. Y yo me pregunto,  si consiguen que se desbloquee la situación ¿habrá que ir a votar por enésima vez por el asunto político, propiamente dicho? No puedo con la vida, me digo, y pienso en cientos, o miles de personas que sentirán lo mismo. Pero decido seguir con mi periplo y leo: “Pablo Iglesias, dispuesto a ´´tragarse sapos´´ para lograr un pacto con Pedro Sánchez”, y sigo leyendo, como decía nuestra querida Mayra Gómez Kemp: …” Iglesias es consciente de que fiar todo a lograr los diputados suficientes para forzar a Sánchez a negociar le exigirá de nuevo sacrificios. No está dispuesto a aceptar un nuevo veto, pero sí "nos vamos a tragar algún sapo que otro, porque la política implica tragarse sapos".  Y yo, que no dejo de preguntarme a mí misma, en este caso te pregunto simbólicamente a ti, Pablo Iglesias: ¿Sapos y culebras?, como aquellos que, otrora, blasfemaban, cuando les tocaba la mili en Ceuta… Puestos a tragar, quizá ya da lo mismo ocho que ochenta. ¿Ó no?  

Ayer hubo debate electoral femenino, ó feminista (ya no se sabe qué es lo correcto), en una de las privadas. He de reconocer que yo no vi más que cinco minutos que escogí al azar, y en ese momento no acontecía gran cosa. Refiriéndose al evento la prensa, recoge, por ejemplo:

"Cuando no hay mayoría absoluta, la solución es la coalición", dijo Irene Montero, de Podemos.  ´´Las diferencias entre las dos Montero no parecieron tan profundas como las que se vieron entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hace unos días, pero es difícil saber si eso tendrá alguna consecuencia´. Yo sigo empapándome:  “Al otro lado, no hubo grandes novedades. Está ya sellado que las tres derechas pactarán si alcanzan la mayoría absoluta. Lo malo para ellas es que ninguna encuesta les concede esa posibilidad. Es probable que nos quedemos sin saber cómo se hace eso de bajar todos los impuestos en un país con una deuda cercana al 100% del PIB y mantener la inversión pública”. ¿Quizá “pura magia”, posiblemente la de Magia Borrás, la de los Reyes Magos?”

Sigo con mi rodeo virtual, y finalizo: "Santiago Abascal, el candidato de Vox ha tenido una intesa campaña:  Además de sus múltiples actos electorales, una visita a la finca del torero Morante de la Puebla, activo simpatizante del partido, desde donde publicó una foto con un carretón y un mensaje al presiente del Gobierno: “A mí me pasa lo que a Sánchez con la política, que solo se atreve con los muertos”.   Tenéis que perdonarme, pero aquí se me viene a la cabeza el título de uno de los últimos posts que escribí: “Vamos, la de los muertos de toda la vida”. No es por nada, pero me viene que ni pintado… Y yo me pregunto (los que me leéis, ya sabéis que no dejo de preguntármelo todo): ¿Por qué los muertos son, siempre, tan recurrentes?

Parafraseando a Sócrates, ahora yo diría:  "Sólo sé que no sé nada” (Y cada vez, menos)

Lo único que se me ocurre decir es que podríamos ir a votar, tal y como vamos a echar la primitiva ó el euromillón, es decir, hay gente que apuesta siempre a los mismos números y otra que va cambiando… Los que son fieles a los mismos números, no quieren ni pensar que una semana se les olvide verificar su apuesta o, por algún motivo ajeno a su voluntad, no puedan validarlo. Nunca salen sus números, a los que llevan siendo fieles toda la vida, pero viven temerosos si, alguna vez, fallan a su cita. Esto puede ser lo mismo: un día decido cambiar, porque los números por los que yo apuesto, no salen nunca, pero si un día lo hacen, ése justo es el que yo no he podido hacer válida mi apuesta.

En la vida, como en el cine, las cosas no suceden igual… En la política, aún menos. Si yo estoy convencida de lo que voto, ¿qué pasa, que porque ustedes convoquen elecciones una y otra vez, yo tengo que cambiar mi voto, para que a ustedes les salgan las cuentas?  ¡No, hombre, NO!  Oímos  decir que abstenerse, nunca. ¿Hemos llegado a un punto en que, quizá, habrá que “echarlo a los chinos? ¡Qué pena de país, que, posiblemente, sea el único que rema en su contra!

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08/11/2019 21:31 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"Algo de mí... algo de ti"

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Se me hace difícil empezar a escribir unas palabras sobre alguien que se acaba de ir. Acaba de morir Camilo Sesto, la voz portentosa que ha dejado huella en varias generaciones, no sólo en España, también en toda Hipanoamérica,  alguien que fue, y seguirá siendo, siempre, muy grande.

De entrada me confieso y no tengo ningún pudor en hacerlo. Crecí oyendo esas canciones, me hice adolescente cantándolas, y hasta gracias a ellas, nació mi primera vocación, la de ser cantante. Durante mucho tiempo, en mi cabeza veía la imagen de una chica subida en un escenario, cantando, como él, ante un público entregado. A mí no me salió bien, porque, ni siquiera lo intenté. Tengo que decir que no canto mal del todo, pero, nada que ver con una voz como la suya. Y con el tiempo, me fui haciendo a la idea...

Sin embargo, desde aquel entonces, uno de los placeres más grandes me lo proporciona hacerme un "maratón" de las canciones de Camilo que más me han marcado, y cantarlas a dúo con él, cuando estoy sola en casa, o en el coche, aunque recomiendo la primera opción, porque, ya puestos, también te puedes mover e ir creando tu propia coreografía. Como podéis ver, no me hace falta ser Marta Sánchez, ó Mónica Naranjo, para hacer duetos con él. Sí, lo sé: que no queda un disco para la posteridad que recoja el momento. No lo necesito, puedo haceer los maratones con la frecuencia que quiera. 
Pocas cosas son comparables a escuchar el clásico "Getsemaní", apreciando todos los matices, cambios de tono, y, sobre todo aquel grito suyo, impecable y desgarrador. He de reconocer que hoy, antes de sentarme a escribir lo he oído unas cuantas veces, y, como se suele decir, se me ponian los pelos de punta al escuchar parte del estribillo:

Quiero saber, quiero saber, Señor
Quiero saber, quiero saber, Señor

 Con morir, qué voy a conseguir

al morir que voy a conseguir...

No soy yo quién debería responderte, pero, al menos, lo voy a intentar: 

Lo que has conseguido al morir, querido Camilo, ha sido poner en marcha la maquinaria de los que no callan ni debajo del agua. De los que opinan de todo, sin tener idea de nada. De los que ahora te ponen en un pedestal, pero un día te "machacaron" criticando tu aspecto de los últimos tiempos, y se dedicaron a hablar sólo de tu deterioro físico, en vez de reconocer el gran artista que fuiste y serás para siempre.  Eso es lo bueno que tenéis los artistas de verdad (No confundir con otros que se llaman artistas a sí mismos, y que, últimamente abundan en todos los ámbitos, y en realidad son unos mediocres, o, muchas veces, ni eso...) Los artistas de verdad sois inmortales gracias a vuestra obra, y ése, aunque no podáis verlo, quizá sea el premio más grande, sobre todo para vuestros seguidores, que podemos disfrutar de ella siempre.

Tampoco es la primera vez que mueres. Han sido muchas las veces que ha aparecido publicada la noticia de tu muerte. ¡Lo malo es que ésta ha sido la de verdad!  Lo bueno, es haber llegado a lo más alto por méritos propios. Con más de 170 millones de discos vendidos en todo el mundo, entre sus seis mil conciertos destaca el que ofreciste en el Madison Square Garden, de Nueva York, donde te presentaron como el Sinatra español. ¡Ahí es nada, pero con permiso de los americanos, ya quisiera el que llegó a ser marido de Ava Gardner, aunque el "flacucho" no cantara mal!!!

Lo bueno es que perseguiste tus sueños desde el principio, y no se te puso nada por delante. En 1975, y con Franco aún moribundo, pero vivo, contra todo pronóstico, te empeñaste de todas las formas posibles: invirtiendo tu dinero para producir la gran ópera rock "Jesucristo Superstar", y teniendo mucho arrojo ante los incrédulos de que aquéllo era factible. De hecho, se ha reconocido como el primer Musical que se hizo en España. 

Y lo bueno, es, que, además de todo eso: de ser un grande de la canción, un triunfador en todo el mundo y compositor de todas tus canciones (esto merece ser destacado, porque, aunque parezca mentira, mucha gente no lo sabe, ó no quiere darse por enterada), fuiste humilde, cercano y buena gente. Algunos quieren insistir en lo contrario, pero la gente inteligente sabe leer entre líneas. Es cierto que también algo excéntrico, pero eso forma parte del adn del artista genuino. 

Había pasado mucho tiempo desde que te vi con quince años sobre un escenario. Nunca olvidaré el día que, acompañando a mi añorada madre, a una consulta médica, nos tropezamos con él al salir de un ascensor en el Hospital "Puerta de Hierro",de Majadahonda (Madrid). Iba con gafas oscuras que tapaban gran parte de su rostro, pero supe que era él desde el primer momento. Solté el brazo de mi madre diciéndole que me esperase un momento, y salí tras él. Le abordé con mucho respeto, y me presenté:  "Hola Camilo, soy Mercedes. Discúlpame, pero te he reconocido y no podía cruzarme contigo sin más. Soy periodista, pero no te asustes, sobre todo soy una gran seguidora tuya de toda la vida. Fui muchas veces a verte con 14 y 15 años al Gran Musical de los 40 Principales". Mientras se quitaba las gafas, me regaló una gran sonrisa y nos dimos dos besos. En aquel momento miré hacia donde había dejado a mi madre, y se lo dije. No tuve que ir yo a buscarla, fue él quien tomó la iniciativa y junto a mí se acercó hacia ella. Se la presenté y le dije que, también, era otra fan (que conste en acta que no me gusta nada esa palabreja de importación) de sus canciones. Es imposible reproducir con palabras aquella escena. Tras las presentaciones, parecía que nos conocíamos de siempre. Es de justicia decir que, aunque conozco a muchos de los grandes, por haberlos entrevistado, pocos habrá que en una situación como la que estoy compartiendo hoy con vosotros, se mostrarían tan cercanos. Al fin y al cabo, estábamos en un hospital, pero nos sentimos tan a gusto que creo que durante el tiempo que estuvimos charlando, a los tres se nos olvidó por completo. Nos despedimos con la confianza de, por qué no, volvernos a encontrar.

Hoy, recordando aquel día, sonrío, pero también se me nublan los ojos, porque evocar aquello es, también, recordar a mi madre, que se nos fue hace más de cuatro años. De hecho, antes de enfermar, fue una de las vivencias que le reportaron gran satisfacción, y así lo comentaba a los allegados: ¡Qué gran persona, Camilo Sesto!   ¡Y qué grande ella también!

Con muchos de los títulos de tus canciones podría escribir la historia de mi vida, y la de muchas otras, pero eso lo dejo para otro día. Hoy sólo te diré: "Algo de mí ... no dejará de quererte "Jamás". "Algo de ti", de tu música lleva estando conmigo desde hace mucho tiempo, y lo estará siempre. Y, sobre todo, quiero darte las gracias por habernos dado y dejado tanto. 

En la vida, una de las cosas que a mí me importa, es dejar nuestra esencia en los que nos han tratado, y comprobar que, aunque pase el tiempo, se han “empapado” de ella. Puedo asegurarte que de la de mi madre, estoy empapadísima. Hoy soy consciente de que la tuya también me ha calado.

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¡Vamos, la de los muertos de toda la vida!

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Aunque el calor seguirá presente, Septiembre se ha desplomado sobre nosotros con toda su fuerza. Su vecino agosto se ha llevado consigo esas playas atestadas, el chiringuito y sus listas de espera, las rebajas y su remate final, y esa vida que durante este tiempo se nos ha antojado algo más liviana.

Septiembre ha llegado para quedarse, al menos durante 30 días, con todos sus #tópicos/intenciones/airesdecambio .... Pones la tele y te hartas de oir aquello tan manido:   
... "Septiembre ya está aquí, y con él se inicia el nuevo curso escolar, los propósitos que nos hacemos para dar un rumbo mejor a nuestras vidas, del estilo: "esta vez va en serio lo del gimnasio", ó "voy a coger de una vez por todas al inglés: mañana mismo me apunto a las clases de conversación que vi el otro día"...  Es como si estuviéramos a 31 de diciembre, pero con calor aún. Lo que no tenemos tan claro esta vez es si, entre otras muchas cosas, empieza también el curso político???  Eso ahora no lo dicen tan claro los medios de "in-comunicación", porque, a ver, empezar, lo que se dice empezar no tiene pinta!!! Esto no parece ni que empiece, ni que acabe... Debe ser como aquella máxima que, de pequeños, escuchábamos hasta la saciedad: "La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma". No quiero pensar ahora en qué se transforma toda esta fauna política, porque me daría una jaqueca de las que tienes que estar dos días acostado, a oscuras y en silencio. Aunque, con todo este ruido (mediático, y del otro), uno ya no sabe si quizá hasta sería un buen plan...
Parece que ha pasado un siglo desde que fuimos a votar, primero en Abril para las generales, y un mes más tarde, para las autonómicas y municipales. Mi mente asocia con velocidad los pensamientos, y no puedo evitar pensar "Queda lejos aquel día", y como me encanta parafrasear, acude a mi cabeza una estrofa de la hermosa (y siempre vigente) canción de Ismael Serrano "Papá, cuéntame otra vez":

Queda lejos aquel mayo   (aquí sería abril, y nos viene genial para la rima),
queda lejos Saint Denis
Que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París
Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual
Las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más
Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad
Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam...

No pretendo que nadie se  ponga nostálgico con la revolución del 68 (el Mayo francés), de la que se han conmemorado ya los 50 años, ni siquiera con hechos más cercanos...De hecho, en muchos casos, como el mío, sería una nostalgia "de oídas", ya que muchos no lo vivimos de primera mano. Queda en mi mente flotando uno de los versos del cierre:
..."Y siguen los mismos muertos, podridos de crueldad"...
¿Será posible? No me la puedo quitar de la cabeza, y me pregunto una y otra vez por qué. De repente, me digo: "Ya caigo".

Hace unos días tuve una entrevista de trabajo en una empresa de seguros, y hace una semana otra, que, de momento, no voy a comentar, porque necesito casi el formato de novela para contar la historia.  Es lo que tiene ser parado de larga duración, que no hace falta que llegue septiembre para empezar a hacer esto ó lo de más allá. Ni en pleno verano paras. Aunque parezca un trabalenguas, a veces se trabaja más buscando trabajo, que trabajando.  Como dicen ahora: es lo que hay

Sí, lo que hay es que España es el país de Europa con mayor número de parados de larga duración, o, en otras palabras, estamos a la cabeza de ese horroroso ranking con un millón cien mil personas, entre las que me encuentro. No lo digo con orgullo, pero tampoco me siento avergonzada. Es preciso dar visibilidad a estas personas, poniéndoles cara, nombre y apellidos, y, que, de forma simbólica, "salgamos del armario", también.

Las que sí deberían avergonzarse son las empresas que huyen de ell@s/nosotr@s como de la peste. Tampoco queremos que nos tengan lástima. Sólo pedimos respeto y las mismas oportunidades que el resto de mortales. La gran mayoría de personas que están ya encasilladas en esta frase de cuatro vocablos (parados-de-larga-duración), es gente con formación, trayectorias profesionales excelentes, y, sobre todo, mucho talento y potencial por exprimir. ¡Qué pena que en este país, eso, sea invisible, o, lo que es peor, no se quiera ver!

Poco a poco, una, se va curtiendo en el arte de la entrevista (no en la periodística, en la que, y lo digo desde la humildad, ya lo he demostrado desde hace años), sino en la "entrevista de trabajo", algo que podría parecer un subgénero, pero, ya os digo yo que, de eso nada. Las anécdotas se van acumulando a lo largo del tiempo, con entrevistadores que no saben qué preguntar, o, directamente, te invitan a que recites en voz alta, tipo papagayo, lo que tienen impreso delante de sus narices. Tienes que reprimir las ganas de decirle:
-  ¡Oiga, para que le cuente lo mismo que pone en el currículum que está sujetando con su mano izquierda, me podía haber ahorrado el venir hasta aquí!

A propósito del talento que mencionaba antes: salvo excepciones, que las hay, en el mundo de los Recursos Humanos lo que sí hay es una gran carencia de éste (del talento, digo).  Lo siento, quizá se me echen encima algunos aludidos que no estén de acuerdo conmigo, pero cuento lo que percibo, y un entrevistador (aunque sea periodístico), de entrevistar, algo sabe, digo yo!!! Estoy pensando que tal vez me tome en serio la idea de escribir un libro, basado en hechos reales, con todas las "historias para no dormir" que me han sucedido en las dichositas entrevistas de trabajo.  Y ni os cuento las ganas que se te quedan de responderle a algun@, que te ha soltado que eres demasiado brillante para el puesto: "Pues a ti, hij@ mí@, los brillantes te sonarán, si acaso, de la inolvidable película de Audrey Hepburn!!! O, quizá, tampoco, que aquello eran diamantes!!!

Hace unos días, mientras esperaba ser recibida por la responsable de selección en una empresa de seguros, que, por cierto, no tenía sala de espera, fui testigo de algo que hubiera hecho las delicias de cualquier guionista de series cómicas. Se trataba de uno de esos call centers, desde los que nos llaman a diario los famosos teleoperadores intentando vendernos cualquier cosa. Sobra decir, que, aunque a todos nos disgustan las llamaditas a deshoras, todas esas personas están trabajando. Lo que llama la atención es la forma que tienen algunos de ellos de abordar al potencial cliente:

- Hablo con el Sr. González? Hola, buenos días, mi nombre es Estela, y le llamo de Seguros X. Estamos haciendo una       campaña fabulosa para mejorarles la póliza de decesos.  ¡Vamos, la de los muertos de toda la vida!
 
Después de escuchar semejante presentación unas siete veces, y, sobre todo, con la alegría que la chica les dice aquello de "Vamos, la de los muertos de toda la vida", llego a la convicción de  que, si no salgo de dicha sala en ese momento, una de dos, o me parto de risa ya de una vez (llevo un rato que no puedo más aguantando las ganas), o me acaba dando el mismo tic de Millán Salcedo, el de Martes y Trece, en algunos de sus gags.

Al final, decido salir, como si fuera al aseo. Pero, cuando entro, la señorita Estela está en su salsa con alguien que parece no haberle colgado tras su singular forma de presentarse. Por lo que deduzco, ha conseguido que su interlocutor le diga cuánto está pagando por su actual póliza de decesos. Nuestra protagonista se crece de tal forma que le suelta, sin complejos, y directo a la yugular:
- ¡Con lo que su compañía le está robando, ya le ha pagado el entierro a todos los vecinos de su pueblo tres veces! ¡Yo que usted, les llamaría ahora mismo y les diría que ya está bien, que no quiere saber nada más de ellos nunca más!

Ya no estoy en schock, directamente es que no puedo más de la risa, pero evitando, obviamente, la carcajada. Y reirse hacia dentro es algo difícil, para lo cual, lo reconozco, no estoy aún muy entrenada. Una de las compañeras cercanas en el puesto a Estela, espera a que ésta finalice, y, cuando cuelga, le espeta:
- Oye, estás tú muy crecidita, no?  ¡Tía, parecía un culebrón auténtico, pero lo que no sé es cómo el hombre te aguanta, y no te ha mandado a paseo!  Y la otra, tan tranquila, y sintiéndose por un momento estrella de cine, le suelta: 
-  ¡Dotes de actriz que tiene una, y sin guión!

Vuelvo a acordarme, de nuevo, del verso de la canción de Ismael Serrano: ... "Y siguen los mismos muertos, podridos de crueldad...", y de repente, me acuerdo de Estela, y me digo: "Vamos, la de los muertos de toda la vida".  Es necesario ponerle humor a todo esto.

Creo que un día de estos esperaré a la salida a la teleoperadora, y negociaré con ella el copyright. ¿Quién sabe si escribo el guión de una exitosa serie, y nos forramos? Mientras tanto, le aconsejaré que consiga el teléfono de Carmen Borrego, la hija pequeña de María Teresa Campos, para que le venda un buen seguro del hogar, y tenga su casa protegida frente a los robos. Otra historia que, además de para no dormir, es  para entrar en trance. ¡Es difícil creer que quien habita esos casoplones (con ese continente, y ese contenido), los tenga sin asegurar, cuando hoy en día, hasta los pisos más modestos están asegurados! Pero, quién sabe: ¡Quizá le dé más importancia a la póliza de decesos, vamos, la de los muertos de toda la vida!!!

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"Contenido, contención, incontinencia verbal"

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Desde hace ya algún tiempo, escuchamos con mucha frecuencia vocablos como:  contenido, branded content, generador de contenidosy, creo, que salvo a los profesionales del sector, a la mayoría como les "suenan bien", simplemente se apropian de ellos, comos si acabaran de adquirirlas a un precio módico (que se decía antes), y no hubiera el menor reparo en utilizarlos con mucha frecuencia. Ya les adelanto, que algunos no saben ni de lo que hablan, pero el caso es causar buena impresión en su interlocutor. En lo que, tal vez, no se detengan nunca, es que, probablamente, si quien tienen enfrente domina todo este "mundillo", sea presa de tales carcajadas interiores, que cuaquier día, Dios no lo quiera, se nos ahoga por no exteriorizarlas. Ya se sabe, no hay nada peor que aguantarse la risa,y más cuando se presenta en forma de ataque. Además, no deja de ser una pena, que, con lo que escasea últimamente, cuando surge espontánea y, sin esperarla, la castremos de esa forma tan poco sana. 


Por cierto, para ilustrar un ejemplo de espontaneidad, aunque sienta un pelín de pudor, puedo hablaros de cuando me levanto,  y, mientras me preparo el desayuno, hablo con toda la naturalidad del mundo con mi gata. Es Maya, o Mayita, o mi mayi, o, a veces, simplemente, responde al apelativo de "Chica". Tiene ocho años, que de gato no sé a los que equivalen, pero eso da igual. La cuestión es que ella está deseando que yo aparezca, y dar por finalizadas sus horas nocturnas, y solitarias. Después, y a lo largo del día, duerme varias horas, aunque,como es lógico haya ruido ambiente, o se cuele el de la calle. Le hablo de igual a igual, y es una pena, siempre lo pienso. Cuando soy consciente de las cosas que le digo, a veces tengo la percepción de que, algunos, podrían ser uno de los mejores monólogos, porque yo me hablo y me contesto en toda regla.

Y, hay mañanas que me digo: "Jolín, con lo de hoy podrías haber ido al Club de la Comedia, pero fijo". Se lo digo a ella y nos reímos, ella a su forma (aunque yo sé que de alguna forma, se ríe, posiblemente de mí).  A veces lo he hablado con mi entorno, y me aconsejan instalar cámaras en la cocina, donde suelen producirse algunos de esos diálogos, pero, sinceramente, termino por no contemplarlo .Cuando uno sabe que está siendo grabado, observado, etc... dejas de ser tan natural. Por eso, durante mi etapa televisiva, era plenamente del directo. De grabar,no quería ni oir hablar. El diferido, para los que hacen apología de ello, como la Cospedal, o Arturito Fernández, el "rey" del catering, eso sí, sin corona ya.

Pero avancemos: si por contenido se entiende cualquier cosa que podemos oir en la radio, la televisión, o leer en periódicos, tanto digitales como de papel, digamos que contenido es, aunque ¿Qué clase de contenido? Algunos, hay que decirlo, son puro relleno. Sobre todo, los programas, llaméseles informativos ó de entretenimiento: al final, tanto segmentar contenidos y formatos, para, salvo en raras excepciones, concluir que el producto final que el espectador recibe es es el mismo: pasan un rato entretenido mientras cuatro o cinco se pelean en una mesa, en nombre de un supuesto debate político, que, finalmente es tanto o más esperpéntico, que cualquier cosa (no diré noticia, deliberadamente), relacionada con el fútbol o la llamada crónica rosa.

Pero, como decía la periodista Pepa Bueno, el pasado lunes, en la cadena SER: "Hay mucho en juego, pero quiénes nos la jugamos de verdad somos los ciudadanos, que llevamos cuatro años con un país casi paralizado, así que, una vez que decidan las listas, ya pueden empezar a contarnos los programas electorales y los planes de gobierno. A ser posible, concretos, documentados, con memoria económica y encaje en Bruselas, y en el mundo. Vamos, como si los electores fuéramos adultos".

Lo primero que le pondría yo a Pepa es una cascada de emoticonos de esos del aplauso. Y servidora, con permiso de Pepa, que sé que lo tengo, iría un poco más allá (se llama apostillar, para los que les encantan las palabras que no conocen, las oyen una sola vez sin saber que significan y se apropian de ellas). Yo añadiría que, por favor tengan en cuenta que, ya que llevamos cuatro años en campaña electoral, (Hay que enterarse bien de esto, porque podríamos formar parte de algún record guinness). Dosifiquien bien sus energías, no pongan "toda la carne en el asador" los primeros días, repasen una y otra vez el "contenido" de sus discursos (ya sabemos que se los escriben). Pero, precisamente, por eso, nunca se sabe si quien escribe un discurso se está saltando buenas prácticas en redacción, o, quizá sea un enemigo político, disfrazado de "becario/buen samaritano", y acabas con un sabotaje del discurso en toda regla (Ví esta escena hace poco en una serie, y, pensé: "Ya están dando ideas, qué malvados").

Recapitulemos, parafraseando a estos programas llamados debate (¡Qué penica madre, en lo que ha derivado la cosa!):
¡Candidatos, sé que es casi un imposible solicitar esto, pero, intenten hacer un pequeño esfuerzo. Por una vez, sólo por una, tengan un poco de empatía, y pónganse en nuestro lugar, con la que se nos viene encima!

1) Salgan al "ruedo" con sus "contenidos" bien preparados. A ser posibles, escritos por la persona que los va a defender ante el atril. Despójenlos de todo el "relleno" que puedan: no aporta nada, y acarrea muchos dolores de cabeza al posible elector, que puede dejar de serlo, como por arte de magia. Recuerden: el "relleno está bien para los pavos en Navidad", nada más.
Intenten que su "contenido" no sea un corta y pega, de algo anterior, que nunca llegó a cumplirse. Aunque no se cumpliera, hay otras formas de que no se les vea "tanto el plumero". Reflejen sólo lo que es factible de poder llevar a término. Si les sale muy corto, no importa. La cuestión es que, por fin, lo cumplan y pueda ser un hecho, en un futuro cercano.

2) Hagan todos los ejercicios de "contención" que puedan, y no sólo cuando ya tengan delante al público. Ensayen, ensayen, y ensayen: no pasa nada. Los actores lo hacen cada día, y, claro, así les sale mejor, pero tengan en cuenta que los actores ensayan textos de ficción (en su mayoría). Vds. tienen que hacerlo al revés: ensayen  la "contención", entendida como moderación,  el no venirse arriba y empezar a dar rienda suelta a esa "incontinencia verbal", para la que, aún no se han inventado pañales. Son much@s de os potenciales electores que tampoco están dispuestos a aguantar esto.

3) Sean cercanos, sencillos y campechanos, pero la gente, aunque Vds. no lo crean, no es tonta y se da cuenta, perfectamente, de cuando algo es espontáneo y de verdad, y no producto de esa impostura a la que Vds. recurren tanto, cuando llegan estos momentos. 

No quiero alargarme más, sólo quiero dejarles aquí una frase que guardo en mi memoria como uno de los tesoros más preciados. Hace algunos años, siendo Directora y conductora de programas en televisión, un directivo me dijo en una ocasión: "Eres la misma dentro, que fuera del plató, y ESO, la gente, lo nota y lo agradece".

Como decía nuestro añorado Paco Rabal, cuando dió vida a aquel entrañable personaje llamado Juncal: "Tomo nota". ¡Hala, ya saben lo que toca! Y, sean agradecidos: este consejo no se lo cobro!!!


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¿Por qué se celebra lo que no existe?

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Estoy segura de que en estos días la cabeza de muchos, entre los que me incluyo, no da abasto para celebrar aniversarios. La resaca que llevamos en el cuerpo por los actos y festejos del 40 cumpleaños de nuestra Constitución, no tiene nada que envidiar a la que se producirá en próximos días con motivo de la Navidad. Aunque, quizá, aquí no estoy siendo muy rigurosa: no se nos escapa que las fechas navideñas se adelantan cada año en el calendario y ya nadie se extraña de que, a primeros de octubre las estanterías de los supermercados se llenen de turrones y demás familia. A los golosos "les hacen polvo", porque, una de dos, ó caen en la tentación desde el primer día, ó ir a la compra se convierte en una carrera contra obstáculos, de los rodeos que intentan dar para no pasar por el "pasillo de marras". ¡Pobres! ¡No hay derecho!


De derechos, precisamente, quería yo hablar hoy, y de pobres, también. ¿Por dónde empezamos? Sinceramente, creo que aquí el orden da igual, ya que, como decía aquel chiste de hace años "Todos los caminos llevan a Roma". Aún así, nos quedamos más cerca. 

Estamos de acuerdo que suena muy bien decir, escribir y repetir hasta la saciedad, que nuestra Constitución ha cumplido 40 años. Por cierto, quizá sea a la única que le encante cumplir esa edad y no le afecte la "crisis de los 40". Dejándonos de bromas, a Ella directamente, al ser algo simbólico, no le afecta nada, pero a nosotros sí, y no porque cumpla esa edad que se nos antoja ya como síntoma de madurez, sino porque lo que no se "cumplen" ninguno de sus artículos esenciales. Entonces, ¿Por qué lo celebramos? ¿Alguien celebra lo que no existe? 

El artículo 35 de la llamada Carta Magna, con toda la solemnidad que ello merece, nos dice que "todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo, y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia". La verdad es que uno lo lee, y le suena a música celestial, pero la realidad es que hay casi un millón doscientas mil familias en las que todos sus miembros están en paro, y tres millones y medio de personas están inscritas como parados en los servicios públicos de empleo, de los que, casi la mitad no cobra prestación alguna. Por otra parte, y, fundamentalmente, entre el sector más joven de la población, algunos van consiguiendo empleos con sueldos tan bajos y contratos tan precarios, que no consiguen salir adelante por sí mismos, y pasan "técnicamente" a ser considerados "pobres". A partir de ahora, si vuelvo a escribir esta odiosa palabreja, ya no hará falta entrecomillarla.

Por cierto, no sé si los que estáis leyendo esto en este preciso instante, sabéis que el artículo 47 de nuestra querida y celebradísima Constitución, nos recuerda que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general, para impedir la especulación". Aquí ya no sé si me puedo morir del ataque de risa, o directamente de la pena que me produce. 
¡Desahucios (aunque algunos quieran hacernos ver que ya no los hay), con unos efectos colaterales tan tremendos como el suicidio en algunos casos, o familias con niños y ancianos que pasan a hacer de la calle su residencia de invierno; infraviviendas; personas atrapadas en hipotecas que valen más que sus casas!     Suma y sigue ...

Y no hay que olvidarse de la llamada "pobreza energética"que padecen más de cinco millones de personas en este país. Todos, con sus nombres y apellidos (no son sólo un número), que pasan frío dentro de sus casas, y que, prefieren, a veces, entrar en algún centro comercial, aunque no vayan precisamente a comprar, para estar "calentitos" un rato. Personas que casi no pueden encender la luz cuando oscurece, porque el pagar la factura eléctrica implica, en muchos casos, quitárselo de comer al día siguiente. Pero, eso sí, a paradojas no nos gana nadie. De hecho, además de conocernos por la paella, la siesta, los sanfermines, y otros topicazos, podrían llamarnos también "el país de las paradojas". Mientras todo esto ocurre, el despilfarro prenavideño lleva ya, días campando a sus anchas. La ciudad gallega de Vigo, o mejor dicho, su alcalde, ha querido este año "que todos nos envidien: esto va a ser el no va más", con su espectacular (¿O habría que decir "interestelar"? alumbrado navideño. Un millón de euros y nueve millones de bombillas Led han hecho posible que, pese a tamaño despilfarro energético, supere a ciudades como Nueva York o Tokyo en su ostentación. No hay que olvidar tampoco, según dicen los expertos, amén del derroche, la contaminación lumínica que supone. Como cualquier contaminación, a mí me importa, pero lo que me importa más que nada es pensar cuántos hogares se podrían calentar, y pagar su factura de la luz, con una ínfima parte del presupuesto destinado a este despropósito. ¡Atentos, que no digo todo, sólo una parte!  

Esta humilde ciudadana no quiere que nadie le acuse de querer cargarse el famoso "espíritu navideño" y la ilusión de niños y grandes a salir por las calles y que sus ojos contemplen esas luces de colores que incitan al consumo, a invocar a Papá Noel y los Magos de Oriente. ¡Dios me libre! Pero, líbranos, Señor, también, de aquellos megalómanos que están bastante más preocupados en cómo se verá su ciudad desde el espacio, que de si sus habitantes, pueden o no, calentarse o encender la luz en sus casas. Dicen que dijo a los periodistas en rueda de prensa: "Iré a ver al ministro de Innovación, que saben que fue astronauta, y le preguntaré cómo se vería Vigo desde allí arriba". No sé si será la mayor preocupación de los vigueses estos días, aunque seguro que muchos de ellos estarán pensando que cuando pasen las fiestas, y toda la parafernalia se desmonte, el alcalde tendrá un "detallito" con ellos, para que no vuelvan a tener que comprar una bombilla en toda su vida. Muchos que, posiblemente, no tendrán una pensión ó renta vitalicia, como sí suele ser el caso de la llamada "clase política", por lo menos que puedan presumir de "bombillas vitalicias". Eso sí, desde aquí deseo que, en caso de que el regalo se haga efectivo,  sus ingresos les permitan pagar el recibo de la luz.

Por cierto, desde la Confederación de Asociaciones de la Unión Europea, COFACE Families Europe, y ASGECO, Asociación General de Consumidores, se debate que para combatir la pobreza energética es necesario proponer un enfoque holístico, en el que se combinen políticas sociales y ambientales. Por consiguiente,  el acceso a la energía sería una condición previa para la participación en la sociedad y tener una vida digna, y se reconoce, cada vez más, como un derecho humano. De derechos quería yo hablar. Se cumplen setenta años (70) del día en el que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¡Lástima que se celebren dos cumpleaños tan ilustres, sin que haya motivo para ello!

Ninguno de los derechos humanos esenciales, que fueron escritos, firmados y ratificados por un sinfín de países, y cuyo texto ha sido traducido a más de 500 idiomas, se cumple setenta años después. Por enumerar sólo algunos: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona". "Toda persona tiene todos los derechos y libertades, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional, o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición". "Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre. La esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas". "Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos".  "En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país". "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión"
No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Sobra comentar que vivimos un momento en el que algunos de esos derechos están más lejos que nunca de cumplirse. ¿Qué hacen los gobiernos, cada uno en su país? ¿Qué hace la ONU? ¿Qué hacen los gobiernos de muchos países, cuando se reúnen en esas macrocumbres, aparte de la "foto de familia" y preocuparse por la seguridad, para que todos vuelvan sanos y salvos a casa?

Entonces ¿Qué se celebra? ¿Por qué tanto en empeño en celebrar y celebrar, cuando todo está por hacer?  Por favor, les pido, que, de una vez por todas, se ganen el sueldo, y hagan su trabajo, que no consiste en el ataque verbal al contrario, en el "Y tú mas", en perder el tiempo de la manera más tonta, o, peor, aprovecharlo demasiado para enriquecerse a costa de lo público. Permítanme, sólo por si en algún momento se les ha olvidado que su trabajo consiste en propiciar las condiciones para que todas esas premisas se cumplan,  y, por fin, algún día, puedan ser realidades para celebrar, y no escatimar en ello. ¡Dejen ya de tirarse los trastos a la cabeza unos a otros, y destierren esa crispación, que, además, contagian a toda la sociedad. Y, sin ánimo de ser pesada, lo digo una vez más: "No desperdicien tantas energías en nimiedades, y dedíquenlas, por fin, a lo importante, a lo esencial, "a lo que nos da de comer", como se dice aún en muchos pueblos de nuestra geografía. Y cuando digo a lo que nos da de comer, no me refiero sólo a la alimentación. Creo que todos ustedes son muy inteligentes, y lo cogen al vuelo. ¡Ánimo, y a ponerse cuanto antes a la faena, que de ser así, quién sabe si, finalmente, el próximo año, podamos al final c-e-l-e-b-r-a-r  algo de verdad!!!

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"Más cine, por favor"

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Hace semanas que no voy al cine, ni falta que hace… Ahora es cuando los que me conocéis, estáis esperando que diga aquello tan manido de que la realidad supera a la ficción. Pues sin decirlo, dicho queda. En estos días, en que, además, no logro que atrape mi atención ninguna serie televisiva, ni el libro de turno que estoy leyendo, no tengo más remedio, que aterrizar, o, mejor “aparcar” (porque esto es para quedarse un buen rato), en el esperpento que rodea a nuestra actualidad más cercana. Si, por un momento, Valle-Inclán levantara la cabeza, estaría encantado de la vida de encontrar en esta "época" una fuente inagotable para su obra.

Lo que ocurrió ayer, vino a rescatarnos de las noticias de los últimos meses. Aunque, hay que hablar con propiedad: la noticia (en singular), es decir, el monógrafico de no sé qué máster que alguien que no hizo,  asegura que hizo. Te pones a desayunar y cada día asistes al enésimo capítulo del máster que nunca existió, o la tesis que dicen que el "presi" plagió. Hoy no toca hablar de plagios sonados, pero la mayoría tiene memoria... Hasta ahí puedo leer, como decía nuestra querida Mayra en el  Un, dos, tres....

Llegas a plantearte si le estarán haciendo un favor a quienes tenían previsto hacer uno en breve. Lo digo porque con el desprestigio que se está generando, casi que se ahorran una pasta (Y mucho sacrificio), para que luego llegue alguno y les diga que "eso ya no suma"… Creo que hoy tampoco toca hablar de másteres (Y no me corrijáis, que en plural, se dice así),  porque, si lo hago, esto, en vez de post, se convierte en una novela, y no es plan. Bueno, tampoco lo descarto, que ya se sabe que hoy día cualquiera es novelista, cantante, actor, etc...  ¡Fíjate, si, por un casual, mi novela se convierte en "best seller"(¡Qué odiosa expresión!), y algún productor decide llevarla al cine!!! Pues nada, oye, que yo encantada de la vida. De hecho, si "conectamos" bien, hasta le pediría un papelito, aunque si tuviera que elegirlo ahora mismo, no sabría por cuál decidirme.

Esa vocecilla que me acompaña por dentro, y que no se calla ni debajo del agua, me dice que esté tranquila, que hay tiempo aún de pensarlo.  Seguimos... hoy con el capítulo dos mil seiscientos quince del otro asunto por excelencia de la ¿actualidad? ¡Qué paradoja llamar actualidad a algo que ya no recordamos ni cuando empezó! Que, ya se sabe, que de tanto repetir una mentira, o una verdad a medias, se convierte en dogma, crea opinión y manipulación, y una gran mayoría, por desgracia, aún en este país, es muy manipulable. 

Al final, casi todo se resume en lo mismo: la tendencia al autobombo y a la vanidad, por encima de todo. La política, o lo que se entiende hoy día por ella y todo lo que la rodea, es el ejemplo de ello.  Asistimos a nuevos casos de corrupción (éste sí que es el "rayo que no cesa"), asqueados, pero pegados al televisor a ver “quién da más”, quién tiene la última hora, la última exclusiva sobre quién se ha pasado más pueblos, sin dejarnos apenas espacio a otras cosas en nuestras vidas. Rectifico, hasta ayer...

Ayer, martes 18 de septiembre de 2018, comparecía ante la Comisión de investigación  sobre la financiación del Partido Popular, en el Congreso de los Diputados, el ex presidente del gobierno, José María Aznar. Se vaticinaba el espectáculo, pero, ni en sus mejores sueños, los programas ¿Informativos?, con su espléndida mesa-debate, imaginaron lo que iba a dar de sí dicha comparecencia.

Ya suponíamos que el señor al que no se le mueve ni un solo pelo del bigote al hablar (ya sé que se lo afeitó hace tiempo, pero es la imagen que nuestra retina ha decidido guardar de él), intentaría también que no se le moviera un sólo músculo de la cara,  indicio de que pudiera mostrar algún tipo de emoción mientras respondía a las preguntas de los miembros de dicha Comisión. Para no faltar a la verdad, no respondió a lo que se le preguntaba, aunque SÍ llevaba la lección bien aprendiditaDisparó con bala, y hasta se permitió el insulto contra sus entrevistadores, que, también hay que decir, no se quedaron atrás, aunque, en muchos momentos no les faltara razón

Para momentos, el que supongo más difícil al Sr. Aznar, fue cuando se le preguntó si tenía algo que decir a los padres de José Couso, el cámara de Telecinco que murió como consecuencia del ataque de las tropas estadounidenses contra el hotel Palestina de Bagdad, en los primeros días de la invasión de Irak. Quince años y medio después, su familia sigue esperando justicia. Los hechos siguen sin esclarecerse, con el cierre del proceso legal, vinculado a la reforma de la justicia universal, implementada por el PP en 2014, que limita la capacidad de los jueces españoles de perseguir delitos cometidos fuera del territorio español. Sin embargo, suponemos que debido a un ataque agudo de amnesia, el Sr. Aznar afirmaba ayer con rotundidad que España no participó en la guerra de Irak. Yo le sugeriría, que él que puede, se ponga en manos de un buen especialista y se lo haga mirar. Como anticipo de la terapia, yo le recuerdo, y, sin cobrarle nada, que España, no sólo participó, sino que fue uno de los tres países que propició ese horror, que le reportó, entre otros balances trece muertos, entre ellos el mencionado Couso, el reportero Julio Anguita Parrado y once personas más, entre los que estaban soldados y miembros del CNI.

Parafraseando a él mismo, yo no le voy a decir: "Váyase, Sr. Aznar", sino, "Por favor, no vuelva, no vuelva nunca, ni de visita". La visita de ayer fue larga e intensa, tanto que se va a estar hablando de ella lo que queda de año, y posiblemente, parte del que viene. Las televisiones se frotan, desde ayer, las manos más que si se les hubiera aparecido la Virgen. La única explicación que se me ocurre es que,  como sigue sin tener un pelo de un tonto  (aunque  hacérselo, se le da de maravilla), en estos días previos, y viendo el revuelo que se ha líado, debió reflexionar, y, me apuesto lo que sea, que hasta sin consultar con sus asesores, decidió que ni la espontánea llamada de hora y media que la mismísima Pantoja hizo hace unos días a una televisión, iba a quitarle el protagonismo que él cree merecer. Al salir se permitió, incluso, algo insólito hasta la fecha: mientras soltaba a la prensa un "Me lo he pasado muy bien", SONRIÓ.  Fue entonces, cuando, dentro de mí saltaron todas las alarmas (como dicen los tertulianos de la tele) y me dije: "Hay que volver al cine enseguida".  Para ir haciendo boca, voy a empezar con "Duelo de titanes", y "La cortina de humo"!!!


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19/09/2018 15:36 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

#NoEstamosPreparados? ¿Para qué?

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Cuando mi hijo iba a cumplir veinte años, no sabía muy bien qué regalarle. Entonces, cayó en mis manos una reseña de la biografía de Steve Jobs, que por esos días acababa de publicar Walter Isaacson.  Decidí irme de librerías una tarde, y aquello ya no era lo mismo. Me estoy refiriendo a que leer la reseña resultaba más liviano que sostener en mis manos el libro de marras, con sus setecientas treinta y siete páginas. Ya no estaba tan convencida de que fuese la mejor elección como regalo para un chico de esa edad. No obstante, comencé a hojearlo, abriéndolo al azar por distintas páginas. Esto fue lo primero que me encontré, y que me hizo decidirme y comprarlo:

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo en qué quieres convertirte realmente. Todo lo demás es secundario”.

Ante tales sentencias, lo primero que se me vino a la cabeza era lo difícil que iba a ser la elección de la dedicatoria que escribiría para él en la primera página. Al final, y, aunque sienta algo de pudor, sólo puse:

“Para que no renuncies nunca a tus sueños, tal y como hizo Steve Jobs”

Aquel chico de veinte años leyó el libro, incluso en un tiempo record, teniendo en cuenta que sus estudios universitarios y el baloncesto no le dejaban mucho tiempo libre.  Estoy segura de que al leer aquella biografía, se le removieron muchas cosas por dentro. Quizá la primera, la que todos nos planteamos en algún momento, es la de sentir que nuestro tiempo aquí es limitado, y, por tanto, tenemos el derecho y el deber de no malgastarlo, viviendo, en muchas ocasiones, vidas que no nos corresponden. No deberíamos vivir como otros piensan que debemos vivir. No deberíamos dejar nunca que el ruido que emiten las opiniones de otros, acalle nuestra voz interior. No deberíamos…. Bla, bla, bla …

Y, sin embargo, lo hacemos. Lo hacemos cada día, a cada momento, y más desde que este overbooking ¿informativo? se ha apoderado de nosotros. En un mismo día estamos “bombardeados” por la inminente entrada en prisión del cuñado del rey, y todo lo que ello conlleva (“Hay que ver, se le ha rebajado la condena, a qué prisión irá, no cumplirá entera la pena…), la inesperada destitución del entrenador de la selección española de fútbol, a un día del inicio del mundial.   (“Anda, qué ha pasado? Nada, que le ha fichado el Madrid: tenía aún el puesto sin cubrir, desde que Zidane les dijo “hasta luego, Lucas”. Y, por la tarde, después de un intenso día de informaciones y declaraciones cruzadas, "que sí, que ahora sí que sí: dimite el nuevo ministro de Cultura y Deporte, el periodista y escritor Máxim Huerta, por unos líos que tuvo con Hacienda. (“Pero, hijo de mi vida y de mi corazón, si no le ha dado tiempo ni a familiarizarse con el despacho…)

En fin, y, mientras tanto, todos pendientes de los ¿movimientos? del nuevo gobierno (¿Pero se mueve algo?, I wonder), y todo el mundo, que se tira “en plancha” a las redes, con los chistecitos de turno (que algunos no están del todo mal, ojo!). Bajo el hashtag  #NoEstamosPreparados, empieza la “barra libre”, escribir como posesos, como si no hubiera un mañana, y como si se nos fuera la vida en ello.  Y, según esta humilde periodista, ciudadana (no confundir con el partido, please), mujer, y observadora permanente (que no de la ONU), he ahí el quid de la cuestión: ¿Dónde queda nuestra vida, nuestras inquietudes, nuestras intuiciones, nuestros sueños, entre tanto “berenjenal”? 

Aunque parezca que un periodista no debería decir esto, porque es “echarse piedras en su propio tejado”, lo hago. Hace ya tiempo que dejé de ser “políticamente correcta”.  Deberíamos cuidar más nuestra salud (sobre todo la mental), estando menos pendiente de “las noticias”, sobre todo de las que “nos quitan la vida”, y no debería entrecomillar nada, pues hay muchísima gente, pero muchísisima (que diría el añorado Papuchi), a la que este tipo de cosas se la quita de verdad, pero de verdad de la buena, como decíamos de pequeños. Y, como no quiero ser “pesada”, os dejo por hoy con otra frase de Steve Jobs: “Inventemos el mañana en lugar de preocuparnos sobre qué ocurrió ayer”.

Me encantaría que por una vez, alguien me hiciera un poquito de caso. Urdangarín, Lopetegui y Huerta son, ya el “ayer”. El mañana es, por ejemplo, la llegada a Valencia de los seiscientas veintinueve personas rescatadas del “Aquarius”, y la esperanza de una vida digna. El mañana es también ir teniendo ese coraje para empezar a hacer lo que nos dicen nuestro corazón y nuestra intuición. Como decía Jobs, “todo lo demás es secundario”.

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14/06/2018 20:14 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

“Yo inventé las redes sociales” (según mi hermano)

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Nuestro día a día alberga gestos y rutinas que jamás hubiéramos imaginado hace sólo unos años: ponernos frente a un ordenador o, incluso, un teléfono móvil, y tener, casi, el mundo entero a nuestro alcance. Podemos establecer contacto al instante con cualquier ser humano en cualquier lugar del mundo, incluso, viéndole la cara. En otras palabras, lo que viene a ser aquello que hace tiempo nos prometían, y no acabábamos de creer: una completa interacción.  ¡Vamos, como un vis a vis, pero virtual!  Por cierto, esta curiosidad mía, no sé si malsana, que me abduce por momentos, me lleva al diccionario de la RAE, y, lejos de aclararme, me deja sumida en la más absoluta perplejidad.

Virtual: “ dícese de lo que es muy posible que se alcance o se realice, porque reúne las características precisas”.

Dícese también de lo que solamente existe de forma aparente y no es real”.

Si no es real del todo, entonces ¿Qué estamos haciendo? (I wonder). Ahora mismo no tengo la respuesta, pero sí os puedo decir que, en ocasiones, estamos dejando de vivir, de VIVIR en mayúsculas, de tener esa magia que da el contacto directo, o habría que decir en directo. No confundir nunca con el diferido (ese es un campo que tiene, casi patentado, Mari Cospe). Volvamos al asunto que nos ocupa, como diría un tertuliano de las mañanas, que empiezo a “dispersarme”, como todos ellos (y eso que hace tiempo que dejé de verlos)

Recuerdo (iba a decir con una sonrisa, pero no es justo), con una enorme carcajada interior, si es que eso es posible, que alguien muy cercano me dijo en cierta ocasión en una de nuestras interminables, y cada vez más espaciadas, charlas telefónicas, recordando anécdotas de hace casi un siglo, “claro, si ya lo decía yo, tú inventaste las redes sociales, titi, eres una precursora de toda esta movida”. Y yo, al principio, preguntándome qué le pasa a mi hermano pequeño/alma gemela, y, tan sólo un segundo después, tras la explosión de saludables carcajadas por ambas partes, soltarle un sincero: “Oye, pues sabes que vas a tener razón?" Y es que, por aquel entonces, el tiempo al que aludía mi querido hermano, yo trabajaba en una empresa de las del siglo pasado, que bien podría haber sido del siglo XIX, es decir, del siglo anterior al siglo pasado (creo a pies juntillas que algunos decimonónicos, sin duda, fueron más modernos). Aunque desaparecida hace ya muchos años, y vendida a una multinacional, como era costumbre, no daré más pistas. Yo trabajaba como administrativa en un ambiente que podría calificarse de castrense, y, además era mi primer empleo, porque en casa éramos cinco y hacía mucha falta una ayuda. No voy a describir las condiciones de trabajo, y sueldo (que valdría la pena, para ilustrar muchas de las cosas que estamos volviendo a vivir hoy día, tantos años después, cuando ya nada parecía que “aquello” pudiese volver). Hoy sólo diré que por “aquello” entiéndase una tiranía, salvando las distancias, pero comparable en muchos aspectos a la por aquel entonces famosa serie de televisión “Raíces”, basada en la obra de Alex Haley, y cuyo protagonista era alguien llamado Kunta Kinte. Aunque no entraré en detalles, serán muy pocos a los que no les suene este nombre, que se hizo “viral” en muy poco tiempo en todo el globo, aunque entonces nadie pronunciara este vocablo, y mucho menos, supiera qué significado encerraba.

Pero volvamos a aquella chica de 17 años, soñadora y con cara de póker, cuando aquellos jefes que parecían de otro mundo, porque ni se les entendía cuando hablaban (perdón: gritaban), y le ordenaban que se ausentase de su puesto y “cubriese” a la telefonista de la centralita de la empresa".

Sí, lo habéis adivinado, aquélla era una centralita como las que salen en la exitosa serie, protagonizada por Blanca Suárez, “Las chicas del cable”, y yo, horrorrrrr, no tenía ni idea de cómo se usaba. Te sentaban allí, y en un momento tenías que averiguar qué clavija coger y en qué agujero debía introducirse. Aquello era un caos, añadido al que yo creaba cada vez que me ponían al frente. Cambiaba los destinatarios de las comunicaciones, las llamadas que me encargaban al exterior casi siempre acababan en otro departamento, con lo que ya imagináis las broncas que me llovían, pero, después de algún tiempo, y, siempre como sustituta de la titular en momentos de necesidad, acabé por ver la parte cómica de todo aquello, y reirme hacía dentro, como hasta entonces nunca lo había hecho.

Llegó el verano, y aquello ya estaba casi bajo control. Lo malo, o lo bueno, según se mire, es que el tiempo de permanencia en aquella centralita del año de la polca ya no se limitó a las dos horas que se ausentaba la telefonista para ir al médico, o el día que se ausentaba por enfermedad. Tenía un mes por delante, el mismo en que aquella chica morena de Cuenca volvía a su pueblo por vacaciones, un mes entero!!! Sí, porque en aquel entonces, el mes de vacaciones se cogía enterito, y eran “lentejas”, sí ó sí.  Entretanto, en aquellos días de agosto, interminables, tediosos y, a la sazón, sin aire acondicionado (que no estoy muy segura si ya se había inventado), sólo cabía dejar volar un poco la imaginación para no claudicar. 

Antes de seguir, debo aclarar a las generaciones posteriores, que en aquel momento no había adsl, tarifa plana, ni nada que se le pareciera, y una conferencia costaba un “ojo de la cara”. Bueno, quizá sea oportuno que aclare el término “conferencia”. Aquí no me estoy refiriendo a la “disertación o exposición en público de un tema”. Aquí cuando mencione la palabra “conferencia” se refiere a la comunicación telefónica entre dos ciudades del mismo país, o llamar al extranjero (aunque ése, de momento, no va a ser el caso que nos ocupa).

Conforme avanzaba el mes, la actividad telefónica iba en descenso, y, además aquellos jefes estaban de vacaciones en su pueblo, sólo diré en el norte de España. En casa, a la hora de la cena, tanto mis padres como mis hermanos me preguntaban por mis progresos en el mundo del cable, y yo, lejos de agriarles la cena, siempre lograba darle la vuelta a las situaciones que vivía y hacerles reir. En una de esas cenas, comenté que en esos días toda la tensión inicial se había tornado en aburrimiento, pues apenas había comunicaciones, ni de entrada ni de salida, ya que gran parte del personal también estaba de vacaciones. Y fue mi madre la que me sugirió un buen día, con toda su ingenuidad, que podía “aprovechar algún tiempo muerto”, y llamar a su familia de Bilbao, Valencia, o Mallorca, para ver cómo estaban, ya que las llamadas de larga distancia, o “conferencias” no estaban al alcance de la gente humilde, que casi no llegaba a fin de mes (bueno, como ahora, aunque ahora, no me equivoco si afirmo que mucho peor).  Ahí se quedó la cosa, pero una mañana en que en aquella oficina, que más que oficina parecía el cuartel general de la Gestapo, estaba más solitaria y silenciosa de lo normal, me propuse llevar a la práctica la sugerencia de mi madre, pero al momento de empezar a marcar el 971, prefijo de las islas baleares, se me ocurrió todo, y, sin pensarlo ni un segundo, algo dentro de mí me dijo: “Adelante, esto va a ser el experimento del siglo”. Cuando escuché la voz de una de las primas de mi madre al otro lado, ya fallecida, la saludé y charlé animadamente con ella, pero, tras unos minutos, la interrumpí para decirle que aquello no era sólo una llamada: iba a darle una sorpresa.  Ahora que lo pienso, también fui, sin saberlo entonces, la precursora del programa “Sorpresa, sorpresa”, pero sin necesidad de cámaras de televisión, ni guionistas, ni platós gigantes, ni nada de eso. Inmediatamente marqué un número de Bilbao y procedí con mi interlocutora del mismo modo, diciéndole que todos estábamos bien, y que se mantuviera un momento a la espera. Por último, marqué un número de Valencia, y ya estábamos todos, o casi todos. En aquel momento, sentí el típico nudo en el estómago de estar haciendo una travesura, pero con la emoción de que podía convertirse en algo más, un momento mágico, único e irrepetible. Cuando mi dedo sacara cada clavija de su sitio, y el botón de abajo correspondiente a cada línea, quedara liberado, aquellas tres personas, cada una en un punto de la geografía española, y, en este caso, servidora, como “testigo de excepción” (que no “de cargo”), podrían hablar entre sí y asistir a un momento “histórico” en sus vidas.

Creo que ahí nació también mi vocación de “moderadora de debates”, que muchos años después, ejercí en la televisión. Al principio fue un caos, y nadie se entendía ni sabía lo que estaba pasando. Tuve que intervenir, explicarles que estábamos en comunicación todos, los cuatro, y que podían hablar unos con otros, intentando no pisarse. Creo que en aquel momento nunca entendieron cómo era posible aquella gesta, pero no les importó y apostaron por disfrutar de la oportunidad que se les brindaba.

Cuando llegué a casa y lo conté, todos nos reímos de buena gana, pero con una alegría sana de que un propósito se había cumplido y con una comunicación conjunta, algo impensable.

Años después, cuando mi hermano y yo recordábamos aquellos lejanos años en que él era un crío deseoso de que su hermana mayor llegara del trabajo y le contara sus batallitas, me soltó aquello de “Aunque no te diste cuenta entonces, tú inventaste las redes sociales, titi”. Obviamente, creo que no inventé nada, pero lo que sí puedo deciros es que vivíamos el día a día con mucha más intensidad que ahora, y todo parecía más de verdad, menos ficticio. Aquello de que la realidad supera a la ficción es cierto, pero lo que no es de recibo es que la ficción, lo virtual, lo digital, lo tecnológico nos supere a nosotros, o se erija, casi siempre, en la única realidad que vivimos.

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"Está la cosa muy mala" (hoy, sin ti, un poco peor)

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Alguien dijo una vez que todos al nacer ya sabemos llorar, pero necesitamos aprender a reir.  Y al mismísimo Mark Twain se le oyó decir muchas veces que la risa es el arma absolutamente eficaz con que cuenta la raza humana. ¿Te has preguntado últimamente cuántas veces al día te ríes?  Tal vez en los últimos tiempos, y, a pesar de saber que es una de las mejores medicinas a nuestro alcance,  gratis, y tiene hasta poder sanador, no es de los “deportes” que más practicamos?

Él sí, hizo de la risa un arte en mayúsculas, aunque, en realidad, en un principio no fue su objetivo en la vida. Cuando algo es innato en la persona, no puede convertirlo en su meta, porque ya lo lleva dentro, ya forma parte de su adn, de su esencia, o como queramos decirlo.

Él era cantaor, sí, cantaor, sin la “d”, y, aunque no creo que haga falta la traducción, por si acaso, el vocablo alude al cantante de flamenco. Fue con tan solo ocho años cuando se subió a un escenario a demostrarlo, y, desde ese momento el niño Gregorio quedaría unido hasta su muerte, en el día de hoy, a ese otro sobrenombre, que con sólo oírlo pronunciar, ha iluminado el rostro de tantos a lo largo de más de dos décadas. Chiquito de la Calzada, tan chiquito, y tan grande a la vez, acaba de irse, dejándonos algo más huérfanos de risa.

Antes de convertirse en el singular personaje mediático que llegó a ser, ya había pisado algunos de los mejores teatros de Madrid, en su faceta de cantaor, y hasta llegó a vivir un tiempo en Japón. Sin embargo, un buen día de 1994 aparece en pantalla un señor calvo y bajito, y ya entrado en años, y España se queda “pegada al sillón”, primero ojiplática, y después, muerta de risa. Sin darse cuenta, con sus saltitos, sus vocablos, insólitos, y surrealistas, se convierten, de la noche a la mañana, en una especie de lenguaje alternativo, al que no se resiste nadie. Hubo un tiempo en el que se decía que el rey Juan Carlos era uno de sus mejores imitadores.

Quien escribe estas líneas, aún recuerda, cuando iba al mercado con su madre y asistir al compadreo entre los tenderos, al grito, de “te das cuén…”, “vaya pedazo de fistro que estás hecho”,  “Juliánnnn… no digas más guarreridas españolas a estas horas de la mañana, que hay señoritas delante”, o el inmortal “hasta luego, Lucas”, para despedir a cualquiera. Te montabas en el metro y todo el mundo con lo mismo, entrabas en el bar y no es que oyeras a nadie contar sus chistes (eso era tarea imposible), sino que en multitud de conversaciones cruzadas se alzaba el “¿Cómorr?”, cuando alguien no se enteraba bien de algo, o las risas al unísono al grito de alguien que al ver aparecer por la puerta al que faltaba del grupo, soltaba el consabido “Cobarderr”, y el susodicho entraba agarrándose la cadera derecha, como si tuviera un ataque de lumbalgia, mientras les contestaba convincente: “No puedo, no puedo, no puedo….”

Genial Chiquito de la Calzada, mi “chiquito”, el de tanta gente, no por ser el mejor contador de chistes, no (que también), no por tener la gracia “por arrobas” (como dicen, o se decía, en muchas provincias andaluzas). Sin saberlo, fue el inventor de un idioma paralelo, que, después de casi un cuarto de siglo después, aún sigue vivo.

He de confesaros que me he reído mucho con él, que gracias a sus frases dicharacheras, sus refranillos, sus gestos y algo que no se puede explicar: ayudó a unir generaciones, y a que, algunos que rieron mucho con él, cuando ya casi no recordaban nada de su propia vida, se les iluminara el rostro con una sonrisa deslumbrante al ponerles delante un vídeo con alguna de sus actuaciones.

Me pregunto cómo nos habrías contado todo lo que está pasando en nuestro país en estos últimos meses. Tú, tan experto en estas lides, ¿Qué vocablos habrías utilizado para dirigirte a situaciones y personajes tan esperpénticos, como los que vemos desfilar en el “bucle” que nos ofrecen la radio, la televisión y la prensa escrita? Ya sé que son sólo conjeturas, y no va a ser posible, pero de lo que estoy segura es de que sería la única forma de que pudiéramos ya poner un poco de atención a tanto absurdo.  Gracias por tanto, Chiquito, no hace falta haber sido fan incondicional tuyo para dártelas: has arrancado miles de carcajadas,  y sonrisas que resplandecían en quien jamás lo habríamos imaginado. Gracias por tanto!!! Cómo tú decías: "Está la cosa muy mala", pero al oírtelo decir de esa manera, le dabas la vuelta y se nos olvidaba.

Intentaremos recuperar esa risa, que tanta falta nos hace, recordando tu alegría innata, tu forma de moverte, de andar, y de soltar palabras inventadas como si fuera lo más natural del mundo. Y, sobre todo, intentaremos no olvidar que ese "chiquito" que resultó tan "GRANDE", además, fue un gran ejemplo de humildad. ¡Feliz viaje!

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