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"El filo de la navaja"

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...."Tuve mucho tiempo para pensar, y, sin cesar, me preguntaba a mí mismo cuál era la finalidad de la vida. Después de todo, si estaba vivo, únicamente a la suerte lo debía; y yo quería hacer algo con mi vida, aunque no sabía quéNo podía comprender por qué existía la maldad en el mundo. Comprendí que era un ignorante, y como no tenía a nadie a quien acudir y quería aprender, empecé a leer al azar".

 Acude a mi mente con fuerza, este párrafo de la novela de  W. Somerset Maugham,  "El filo de la navaja", que, con el mismo título, fue después, adaptada al cine con la memorable interpretación de Tyrone Power, en el papel de Larry Darrell: un joven aviador que vuelve a casa desencantado, tras haber vivido los horrores de la Primera Guerra Mundial. Las dificultades para adaptarse a la sociedad y a la frivolidad de la vida que le espera , le hacen emprender un largo viaje en busca de la verdad y el sentido de su vidaLarry espera encontrar el significado a su existencia, que no vislumbra en la comodidad que se le ofrece con un empleo estable y una hermosa mujer a su lado.

 ¿A cuántos "Larrys" (hombres ó mujeres) conocemos hoy en día? Alguno queda, aunque la historia más bien se lee al revés: la mayoría de personas que pertenece a eso que se acuñó hace tiempo como "el mundo occidental", busca una estabilidad económica, una vida cómoda, segura, y sobre todo, sin sobresaltos. Pero hubo una época en que, desde muy pequeños, nos acostumbramos a oir aquello de "lo mejor es un trabajo fijo, para toda la vida". Hubo un tiempo en que "todo el mundo" decía que quería ser funcionario, porque era tener "asegurada" la vida. Sí, yo aún lo recuerdo, aunque entonces, cuando se lo oía decir a los vecinos, a la familia, no entendía bien las supuestas ventajas. Pensaba que debía ser de mortal aburrimiento estar toda la vida yendo al mismo sitio gris, de ocho a tres, a "hacer" como que trabajas, mientras la fila en la ventanilla se va alargando hacia la calle, y algunos de los que se desesperan para hacer algún trámite, acaban pensando: "Mejor vuelvo mañana". Hacían bien, porque, como ya anunciara Larra un siglo antes, es lo que les iban a decir en un altísimo número de casos.

Hubo un tiempo en que parecía que aquello no era lo que la mayoría deseaba como futuro laboralla gente quería hacer cosas, estudiar, crear, emprender, construir, soñar, volar, y, sobre todo, vivirPero también llegó un día en que aquéllo languideció, y la gente volvió a ser la misma de antes, con caras tristes, pocas ganas de hablar, casi ni de saludarse al entrar en el ascensor. A los jóvenes, ó se les esfumaban los ideales, ó estaban demasiado fatigados para mostrárselos al mundo, porque habían nacido ya en un tiempo distinto, en el que casi todo les había sido dado desde la cuna, y cualquier mínimo gesto, les costaba un gran esfuerzo.

 Desde hace unos cuantos años, las cosas han vuelto a cambiar, y de manera estrepitosa, se ha dado otra vez "la vuelta a la tortilla"Jóvenes que no encuentran su primer empleo, ó si lo encuentran es tan precario, que parece una broma llamar a eso "tener trabajo". Personas que, una vez cumplidos los 40, como te veas en la calle por algún motivo, volver a trabajar es casi, misión imposible, debido al sesgo de la edad. Despidos masivos, ERTES, cierre de empresas, falta de oportunidades. En fin, ilusiones rotas, talento desaprovechado, y, en muchísimos casos, sin poder atender lo básico: pagar la luz, llenar la nevera, "poder ir tirando" se decía antes...  Antes, siempre antes... ¿Antes de qué? Antes de que todo estallara y nos obligara a cambiar el chip: la gente tuvo que "ponerse las pilas" como fuera, trabajar, en algunos casos, sólo 8 ó 10 horas a la semana, ó en otros casos, más de 50 para seguir malviviendo, intentar irse donde quiera que hubiese trabajo, e incluso, aquéll@s que detestaban la idea de "un trabajo para toda la vida", pasaban a estar pendientes del BOE, para ponerse a opositar como locos, aún a sabiendas de que era más probable que les tocara el euromillón (y mira que es difícil), que sacar una plaza en la administración.

 Volviendo a la primera época a la que me refería, la gente ya no hablaba tanto y cuando lo hacía no sabía hacerlo con normalidad. Ya lo anunció hace algún tiempo el genial Jardiel Poncela"Los hombres que no tienen nada importante que decir, hablan a gritos". Será para asegurarse que se les escucha en un tiempo en el que nadie lo hace. Pero ¿sabéis lo más terrible de eso? Ni siquiera estamos dispuestos a escucharnos a nosotros mismos, a oir esa voz interior que todo individuo lleva dentro. ¿Tanto miedo nos da lo que podamos descubrir allí? 

¿Cuántos son los valientes que, al menos, alguna vez lo intentan, como nuestro Larry? Él fue, sin temor, al encuentro de sí mismo, del conocimiento de su yo más profundo, y, eso, claro que implica silencio. Aunque Larry sea un personaje de ficción, sé que en algunos rincones del planeta quedan algunos, y, aunque muchos de ellos no lleguen a descubrir del todo quiénes son, y qué hacen aquí, yo les admiro porque, lo que sí está fuera de toda duda, es que albergan mucha valentía. Con ellos no va lo que les ocurre a la gran mayoría, una verdad tan contundente, que pronunció Rabindranath Tagore, el brillante artísta y filósofo bengalí, casi como vaticinio de nuestro tiempo:

"El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio".

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31/05/2021 14:28 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"Edadismo ó la estupidez humana"

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A veces, cuando menos lo espero, se me viene a la cabeza una frase contundente: algunas quizá sean sólo reflexiones que, no sé cómo salen de lo más hondo de mi interior, y otras, son de las conocidas como "citas célebres". Esta mañana, recién levantada, me ha invadido una de estas últimas, y no me ha quedado más opción que ser amable, y dejarla pasar invitándole a quedarse un ratito.  "El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Creo que no es necesario aclararlo, pero por si acaso, tamaña frase pertenece al párrafo con el que da comienzo "Cien años de soledad", del añorado escritor y periodista colombiano, Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982. Esto último es, casi, irrelevante. Los que han leído, leen, releen, y leerán a "Gabo", lo harían igualmente, aunque la Academia Sueca no se hubiera acordado nunca de él. 

La cuestión es que, mientras me preparaba el desayuno recitaba mentalmente, una y otra vez la frasecita, hasta que, de repente, y tras dejar la tostada en un plato, me he sorprendido diciendo en voz alta: "Ya, pero hay cosas que no se pueden señalar con el dedo". Como en uno de esos flashbacks a los que nos tienen tan acostumbrados las series televisivas, he revivido un episodio que tuvo lugar hace unos años en el transcurso de una entrevista de trabajo.

Antes de nada, tengo que poneros en antecedentes. Por aquel entonces, aproximadamente ocho años atrás en el tiempo, los portales de empleo ya tenían todo el protagonismo en el ya precario mercado laboral, y, sobre todo, la "sartén por el mango". Era un momento en el que nadie se cuestionaba al inscribirse, el motivo de tener que poner (sí ó sí)  tu fecha de nacimiento, así como un gran número de datos personales que, por supuesto, no tenían nada que ver con los distintos puestos a desarrollar. De esas plataformas, una de ellas ya sobresalía del resto, siendo la más visitada,  para después, inscribirse en sus ofertas. Recuerdo que yo solía postularme en perfiles distintos, si bien tenía la experiencia y capacidad que se requerían para ello. Tras un tiempo, empecé a notar que ya no tenía entrevistas con la frecuencia con la que solían llamarme, y un buen día, comentándolo con una amiga, me dijo, para mi sorpresa, que se había enterado de que el famoso portal de empleo aplicaba el filtro de la edad, y, ya de entrada, se descartaba a muchísimas personas en el mismo momento de inscribirse a la oferta, sólo por su edad. A ella a su vez se lo había contado alguien que, además, le había dado una "solución". De hecho, ya la estaban utilizando muchas personas en aquel momento: cambiar el año de nacimiento, es decir, si habías nacido en 1968, por ejemplo, ponías 1978, y, según aquélla chica, "si te llaman, no hay problema, con decir me habré equivocado al mecanografiar la fecha", estaba todo arreglado. Recuerdo que nos estuvimos riendo, aunque maldita la gracia que tiene el asunto, y tras un rato de conversación le dije que lo iba a hacer, aunque fuera simplemente como "experimento sociológico", una frase muy socorrida, que sirve para casi todo. 

A los dos días de haber "rejuvenecido" diez años mi perfil en este portal, me llamaron de dos empresas distintas para citarme a sendas entrevistas de trabajo. Casualmente, las dos eran para el mismo día, y por la misma zona, así que pensé en mi "buena suerte" al tener la agenda completa esa jornada. Llegó el día señalado, miércoles para más señas, y tuve la primera, a las once de la mañana, sin nada digno de reseñar. Al salir, me acerqué hasta el madrileño parque del Retiro para hacer un poco de tiempo hasta la segunda, que estaba fijada a la una del mediodía, y en realidad, era el "plato fuerte". ¡Quién me iba a decir a mí, mientras me dejaba acariciar por el aire de aquella mañana de otoño, que tras ese sereno paseo, iba a vivir aquélla experiencia! 

Tras esperar unos cinco minutos frente a la Recepción de aquellas imponentes oficinas (tal como correspondía al prestigio de la compañía en aquel momento), y situadas en una de las principales calles del barrio Salamanca, llegó una secretaria muy amable invitándome a que la acompañara. La seguí hasta el final de un largo pasillo, donde al final abrió una puerta anunciando mi llegada. Entré en un luminoso y diáfano despacho, y tras las presentaciones, fui invitada a sentarme. Al otro lado de la mesa, una señora de unos 50 años (aunque aquí ya no sé si acierto, después comprenderéis la razón...) lucía su sonrisa más encantadora y rompía el hielo preguntándome si me gustaban las oficinas. Obviamente, le dije que sí, y se dispuso, currículum en mano, a "repasar" conmigo todas y cada una de las experiencias profesionales reseñadas en él. Esto es algo que no entiendo, y que hacen multitud de entrevistadores que, en realidad, el problema que tienen es que no saben entrevistar a l@s candidat@s y optan por lo más "socorrido".  Pero volvamos a la escena. La señora, Directora Ejecutiva de una prestigiosa firma multinacional (en aquel tiempo), en el sector de la estética, me miraba de arriba a abajo, y, en un determinado momento, hizo un inciso, para decirme "va usted muy elegante", y antes de que me diera tiempo a reaccionar, lanzó el remate: "¿Viste siempre así?"  En realidad, haciendo un alarde de sutileza, lo que quería saber es si iba vestida de traje de chaqueta negro ribeteado en blanco, sólo "para la ocasión", como diría mi admirado Joan Manuel Serrat.  Con amabilidad, pero contundente al mismo tiempo, le respondí que sí, que cuidaba mi forma de vestir, peinarme y maquillarme siempre, porque creía que era uno de los reflejos de mi esencia, y además me gustaba verme bien a mí misma. Creo que aquéllo la "conquistó", pero simplemente fui yo misma. Tras el repaso al cv, se detuvo en contarme que las funciones del puesto bajo el nombre de Consultora, consistían en recibir a personal del sexo femenino que acudía con cita a las oficinas para interesarse en tal ó cual tratamiento estético, todos de última generación, por supuesto, carísimos, y saber asesorarles adecuadamente para que cayeran rendidas ante sus bondades. Es decir, atender a mujeres de alto poder adquisitivo, y convencerlas de que con cualquiera de aquellos tratamientos, se quitarían diez años como por arte de magia. ¡Diez años!

En aquel momento, como por arte de magia también, vino a mi cabeza el detalle de aquellos diez años menos que yo ya me había quitado, y sin necesidad de haberme gastado un pastizal, ni de que nadie me tocase la cara. Pues bien, en aquel preciso instante, y como si los astros se alinearan, aquella flamante directora (que hoy sería CEO. ¡Por cierto, qué feo!), pronunció las  palabras mágicas que tod@ entrevistad@ querría oir: "Me gusta usted, creo que es la candidata ideal para este puesto, y no suelo equivocarme". Antes de que acabara de darle las gracias, continuó: "Recapitulemos, Mercedes. Tiene usted una gran facilidad de palabra, sabe desenvolverse, claro, es lógico, como es periodista, eso le habrá dado muchas tablas..  También ha trabajado durante algún tiempo como Secretaria de Dirección, y Asesora Comercial, lo que le confiere la experiencia en el trato con el público, algo que también buscamos. Es usted elegante en sus formas, no sólo en el atuendo, y, muy atractiva, si me lo permite. Tiene, además, 36 años, por lo que veo recién cumplidos de septiembre... ¡Vamos, que, aunque tenemos otras dos entrevistas más esta misma tarde, ya le adelanto que a mí ya me tiene ganada!"

Sabía que tenía que interrumpirla, y no podía dilatar más el momento. Así que, me armé de valor, y con gran confianza en mí misma le dije: "Discúlpeme, Mercedes (éramos tocayas, y me había sugerido que la llamara por su nombre de pila).  Me temo que debe haber algún error: usted acaba de decir que tengo 36 años, pero no es así. Los que acabo de cumplir son 46.."  A la señora le cambió el color del rostro, se puso blanca como la pared, y sólo le faltó aquello tan manido en las películas clásicas de pedir las "sales". Se recompuso como pudo, y, ya con otro tono de voz, mucho más distante, lo primero que salió de su boca fue: "Pues se conserva usted muy bien para tener 46". Le dí las gracias otra vez, y, antes de que pudiera seguir hablando, me cortó en seco y me dijo, mirando de reojo su reloj, que la disculpara, ya que tenía una importante comida y se tenía que ir. "No se preocupe de nada: Carolina, mi secretaria, se ocupará de llamarla para transmitirle nuestra decisión".  Sin mirarme a los ojos ni una sola vez más y sin ofrecerme la mano como despedida, gesto que sí tuvo a mi llegada, me invitó a salir de aquel despacho.

Mientras recorría el pasillo que me conducía a la recepción, y de ahí a la salida, pensé fugazmente que hay cosas que no se podían nombrar, porque aún no se había inventado la palabra para hacerlo. Hoy sí, hoy podríamos decir que lo que acabo de relatar, completamente verídico, es un claro ejemplo de Edadismo, ó discriminación laboral por motivos de edad. Pero, en aquel momento, mientras esbozaba una sonrisa, ausente de malicia, lo único que se me venía a la cabeza era una cita del gran Flaubert, que aprendí durante el Bachillerato en clase de literatura, y que se me quedó grabada a fuego: "La tierra tiene límites, pero la estupidez de la gente es ilimitada". El gran Gustave Flaubert, incomprendido en su época, cumpliría este próximo diciembre su bicentenario, pero fue un gran adelantado a su tiempo, y supo ver y describir como nadie, hasta entonces, la estupidez humana.
 
Lo que no pudo soportar aquella directiva es que, durante casi una hora de reloj que estuvo charlando con alguien que le llegó a "caer bien", que consideró más que apta para ocupar aquel cargo, y a quien dedicó más de un elogio, estuviera completamente segura de que esa mujer tenía 36 años y no 46, como le confirmó después, sin inmutarse ella misma. ¿Qué había cambiado en realidad, tras subsanar el "error" de la edad? La candidata seguía teniendo intacta sus supuestas cualidades: simpatía, don de gentes, elegancia, aptitud para el puesto, experiencia, desenvoltura... Entonces, ¿qué había ocurrido? Sobra decir que nunca más volví a saber de esta señora y la prestigiosa empresa en la que prestaba sus servicios. Cuando al día siguiente llamé a mi amiga para contarle cómo habían ido las entrevistas y relaté esto que hoy he compartido con vosotr@s, ella, haciendo gala de su locuacidad dijo:  "¡Pues qué poca inteligencia demuestra esta señora, porque, después de saber tu verdadera edad, y con todo lo que te piropeó, tendría que haberte contratado, y haber utilizado eso como argumento de ventas! ¡Con el tratamiento estrella de la firma X te quitas diez años, en menos que canta un gallo!  ¡Hay que ser tonto: ella y su empresa se lo pierden!" Después de reirme por su ocurrencia, le contesté:

Nena, ya lo dijo Flaubert hace casi dos siglos: "La Tierra tiene límites, pero la estupidez de la gente es ilimitada"

 

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“El año del gato”

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Hace un par de días, en pleno febrero, comenzaba para los chinos su Año Nuevo. En 2021, que para ellos , según el calendario lunar, es el 4719, reinará el buey, al que deseamos sustituya dignamente a la rata, que ostentó su título durante 2020, el año que quedará para la Historia (con mayúsculas). Y con minúsculas también, en la historia de cada uno de nosotros, como el de la pandemia, el año en que, precisamente allí, en una ciudad china, empezó la pesadilla de un virus que se fue extendiendo por el planeta, y con el que, un año después, seguimos lidiando. Pero no es mi intención hoy hablar de chinos, ni de virus. Por cierto, no tengo nada en contra de los primeros, y TODO contra los últimos.

Ayer me levanté con una canción en la cabeza. Es algo que nos pasa a todos, y el día que te sucede, suena dentro de ti en bucle: acaba y empieza, una y otra vez . Pero en esta ocasión no solo no me ha molestado, sino que ha hecho que me sienta de maravilla al escuchar “The Year of the cat”, de Al Stewart. “El Año del gato” es una canción sublime, escrita y grabada en 1975, año que, según la astrología vietnamita fue “Año del Gato”. China decidió prescindir de este animal en su zodiaco, pero no así Vietnam. En este país el año del gato ocurre cada doce, y se supone un año relajado y sin sobresaltos, ideal para disfrutar de la vida al máximo.
¡Es curioso, aunque yo entonces era una cría, lo recuerdo como un año mágico! Y una especie de magia fue lo que debió ocurrirle a nuestro por entonces joven compositor.

La que, es, sin duda, considerada desde hace mucho tiempo, como una de las mejores canciones del siglo XX, tiene una singular historia detrás: Al Stewart la escribió una década antes con otro título, inspirada en las tristes vivencias de un popular cómico británico, pero, finalmente, y, tras la inesperada muerte de éste, decidió no grabarla. Eso sí, conservó la música con la confianza de alumbrar una nueva letra, que llegó el día en que viendo la inolvidable película “ Casablanca”, comenzó a reescribirla. De la historia de amor entre Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en la inmortal cinta, le llegó la inspiración perfecta para hacer una perfecta canción. Aunque decirlo así, no sería nada justo. El tema, musicalmente hablando, es brutal, ya que contiene largas secciones instrumentales que dan mucha vida a la historia que nos cuenta la letra.

¿Quién se resiste ante los acordes del piano de Peter Wood, y coautor de la letra, el solo de violín, de guitarra acústica, de guitarra eléctrica, y el apoteósico sólo de saxo del final? Por cierto, todo ello, bajo la extraordinaria producción y dirección del gran Alan Parsons, y, por si todo esto fuera poco, fue grabada en los míticos estudios de Abbey Road. Inclasificable canción hasta la fecha, donde se mezclan pop, jazz, rock y folk, siempre resulta cálida, y proporciona el placer y la infinita euforia que sólo la música puede darnos.

Éste tampoco es un año del gato, pero los que vivimos al lado de uno, no necesitamos que lo sea para sentirnos bien. A pesar de su fama de escurridizos, los que conviven con el ser humano desde muy pequeños, llegan a ser cariñosos a su modo, aunque nunca pierdan su independencia del todo. Ya desde el antiguo Egipto, se les veneraba como dioses. Los egipcios creían en un poder mágico y protector de los gatos, que les hacía colocar estatuas de felinos fuera de sus casas, para impedir la entrada de espíritus malignos, ya que consideraban que el gato puede verlo todo. Yo no puedo probar científicamente esta afirmación, pero de lo que sí puedo dar fe es de que, al igual que la música tiene un poder calmante y sanador sobre nuestras mentes, algunos gatos cambian por completo a sus dueños, y los hacen más sociables y cariñosos. ¡Por cierto, yo conozco a uno que SÍ nació en “el año del gato”!!!

Ella no nació en el año del gato, pero sí en el del tigre, y, sí, mirándola bien, parece una tigresa, por lo general mansa, aunque alguna vez enseñe el instinto felino que todos llevan dentro. Ella es Maya, una compañera de fatigas desde hace casi once años. Para los que se lo estén preguntando: el próximo “año del gato” será en 2023. Mientras tanto, podéis escuchar una y otra vez la entrañable canción de Al Stewart, ó acariciar a vuestro gato. ¡Y, si fuera posible, las dos cosas al mismo tiempo!

Si queréis escuchar la excelente canción de Al Stewart, “Year of the cat” (que ha inspirado este post), pinchad este enlace:

https://youtu.be/dXM0xfVmpZk




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"El derecho vital a decidir"

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Recuerdo perfectamente el día en que me llegó una petición de mi firma apoyando el caso de Maribel Tellaetxe, una madre de Portugalete (Vizcaya), enferma de Alzhéimer, que cuando fue diagnosticada, doce años atrás, pidió a sus hijos y a su marido que el día que no los reconociese, la dejaran marchar. Desgraciadamente, puedo dar fe de que, cuando se encuentra avanzada, ésta es una de las enfermedades más duras para quien la sufre, y para los familiares directos. Recuerdo con nitidez las lágrimas que derramé mientras aportaba mi firma electrónica tras leer uno de los párrafos en los que la familia de Maribel relató lo que ella les había rogado:  "Pidió no vivir sin lucidez, pidió no vivir con dolor, pidió no vivir sin poder recordar... Pidió no vivir así. Y así precisamente lo hizo constatar en su Documento de Voluntades Anticipadas, el conocido como ’Testamento Vital’, cuando estaba en plenas facultades mentales. Pero nosotros no podemos cumplir con su voluntad, porque el Estado determina que mi ama debe seguir sufriendo".

Aunque consiguieron presentar más de 300.000 firmas apoyando su causa ante el Congreso de los Diputados, no lo consiguieron: Maribel murió en marzo de 2019. En abril de ese mismo año, la opinión pública conocía otra terrible historia: la de Maria José Carrascosa, enferma terminal de esclerosis múltiple, una enfermedad que le fue diagnosticada 30 años atrás, y que la mantenía absolutamente dependiente, víctima de un gran sufrimiento, causado por dolores que ya no calmaba la morfina, y agravado por tener la consciencia de verse a sí misma en ese lamentable e irreversible estado. Fueron muchas las veces en que pidió a su marido Ángel que le ayudara a irse de una forma digna y, así, dejar de sufrir, e indirectamente, hacerle sufrir a él. Ángel confíaba en que la ley de Eutanasia llegara pronto, pero no fue así y no tuvo otra alternativa que ceder al deseo de María José. 

 

¡Qué doloroso debe ser que alguien tan cercano te pida eso, una y otra vez! Pero, si nos viéramos inmersos en una situación parecida, ¡Qué doloroso sería, también, día tras día, con todos sus minutos, año tras año, ver a esa persona que has querido y quieres tanto, presa de un sufrimiento inhumano, y con la impotencia de no poder hacer nada para aliviarlo!
Doy ahora un salto en el tiempo, y también tiene un hueco en mi memoria un recuerdo de hace veinte años. ¡Ya es casualidad! Exactamente hoy se cumplen 20 años del día en que dirigí y presenté en televisión (para la cadena Localia TV, del grupo Prisa), un debate sobre la Eutanasia. No me atrevo a decir si fue el primero en un medio televisivo, pero, desde luego, no era un tema de los que habitualmente se debatía en los medios de comunicación. En aquel momento, ya existía la Asociación "Derecho a Morir Dignamente", que orientaba y asesoraba a la población sobre estas cuestiones. Recuerdo que contamos con la presencia de un abogado perteneciente a dicho colectivo. En la parte opuesta, un representante del Obispado, por parte de la Diócesis de Getafe, una de las dos (Diócesis), en que se divide la llamada "Provincia Eclesiástica de Madrid". Además, pudimos contar también con la presencia de otros dos contertulios, ambos docentes, y con posturas ideológicas opuestas: uno declarado conservador, y el otro, progresista.  

Aquella noche se habló mucho del derecho a la vida, del derecho a morir cuándo y cómo uno decida, al contexto ético, humano y legal que el asunto lleva implícito. Pero ahí se quedó.

En estas dos décadas, y, en parte, debido al considerable porcentaje de la sociedad (Más de un 80%), que demandaba legislación, hoy, por fin, la ley de Eutanasia es un hecho, para que, llegado el momento, y quienes estén en un proceso de enfermedad irreversible, agonía y/o sufrimiento indecible, puedan tener la opción de morir dignamente, en un contexto sanitario y legal, con todas las garantías, y NO clandestinamente, como, tal vez, haya ocurrido in extremis en tantas ocasiones, hasta ahora.
La despenalización de la muerte asistida implica la libertad de ejercer un derecho inalienable a todo ser humano: el de poder decidir sobre la propia vida. Según el borrador de dicha ley, la autonomía y la libertad del paciente quedan amparadas, ya que "no existe un deber constitucional de imponer o tutelar la vida a toda costa y en contra de la voluntad de la persona".
Esta humilde periodista aplaude esta iniciativa, por muchas razones y también por haber tenido ocasión durante los últimos diez años de haber visto morir a personas cercanas, y no siempre en las condiciones más deseables. Sé que hay posturas contrarias, y las respeto. En eso precisamente, se cimenta la democracia. Lo que no consigo dejar de preguntarme, cuando algun@s dicen que la vida está por encima de todo, y que hay que defenderla, es ¿Dónde están ell@s cuando ven que muchas personas mueren en las pateras, ó mueren de hambre en países que, además están asolados por guerras eternas, ó les quitan su trabajo, su casa, su vida, y están peor que muertos, es decir "muertos en vida". ¡Por cierto, ésa sí que podemos afirmar sin temor a equivocarnos que es una de las peores muertes, y desde luego NO una muerte digna!

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18/12/2020 19:55 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"El hombre y la tierra"

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Quizá el título de este post pueda crear expectativas más grandes que su trasfondo real.  Aunque, la gran mayoría recordamos la formidable serie documental que, con ese mismo título, nos dejó el añorado Félix Rodríguez de la Fuente, ya habréis adivinado que el hombre de la fotografía no es él.


Ese hombre anónimo, comparte con Félix un enorme amor y respeto por la naturaleza. Ese hombre se crió en un pueblo castellano muy pequeño, en un pueblo que cuando él nació, pertenecía a la entonces denominada región de Castilla la Vieja. Al cabo de los años, llegaron las autonomías y aquéllo se rebautizó como Castilla y León. En cualquier caso, no sólo todas y cada una de las provincias que formaban parte de aquella región, sino también todos y cada uno de sus pueblos, tenían su propia idiosincrasia. No obstante, los tópicos siempre han estado ahí, y a los castellanos se les supone serios, austeros, y algo "secos" en el trato. Pero, como en todos los sitios, hay de todo, y los estereotipos, con el tiempo, se quedan precisamente en eso.
Aunque aprendió el oficio desde niño ayudando a su padre, ese hombre que ven en la fotografía trabajando en su huerta, nunca ha vivido del campo. Salió del pueblo siendo un crío con destino a la capital a buscarse la vida en pos de un futuro mejor que el que le aguardaba allí. Eran los años 60 del siglo XX, donde unos y otros emigraban a donde podían. ¡Qué frágiles de memoria somos! El nuestro ha sido un país donde las migraciones, tanto del campo a la ciudad, como al extranjero, estuvieron a la orden del día. Sin embargo, desde hace tiempo, aunque no todos, muchos no quieren ni oir hablar de los inmigrantes que vienen a nuestro país en busca del mismo futuro que un día nosotros nos afanábamos en encontrar en otras tierras.
El hombre de la fotografía encontró un oficio al que dedicarse. Empezó desde abajo, trabajó jornadas interminables y pasó por algunas contrariedades, pero con los años, tesón y mucho esfuerzo, consiguió dentro de su profesión, llegar al escalafón más alto. Viajó por el mundo, siguió aprendiendo y no se estancó. El hombre de la fotografía es un gran autodidacta: se hizo a sí mismo, como tant@s otr@s en unos tiempos difíciles, en los que, además de otras circunstancias, si tenías la "mala" suerte de ser el mayor de los hermanos, no podías estudiar. Ya sabías que tu "obligación" era ponerte a trabajar lo antes posible en lo que fuera.
 
Pasaban los años y aunque su vida ya no estaba allí, siempre que podía, volvía unos días a ese hermoso pueblo que le vió nacer. Leyendo mucho, ha llegado, incluso a ser, un gran conocedor de la Historia, la nuestra y la de fuera, la de todos, porque, sin duda, toda la Historia del ser humano está interconectada. Y es quizá por eso, por lo que comparte el conocido aforismo de Ortega y Gasset de que "los pueblos que olvidan su Historia, están condenados a repetirla". El hombre de la fotografía no olvida la Historia, y sigue leyendo mucho. De hecho está muy al tanto de la actualidad, tanto que podría dar la talla como contertulio en esos programas debate de la televisión, en los que algunos de los que se sientan a diario, no tienen criterio propio, ni un conocimiento profundo de los hechos como para emitir opiniones que, más que eso, parecen sentencias. Pero, volvamos al hombre de la foto: decía que no olvida la Historia, pero tampoco olvida su pueblo. Es más, desde que hace unos años se jubiló, ha hecho del cultivo de su huerta uno de sus grandes alicientes.
Lo que hoy en día se considera "tendencia", en él es una filosofía de vida. Tal vez para muchos de los que contemplaran esa escena trabajando la tierra a diario por puro placer, podrían decir: "Mira ése, qué palizón se está pegando ahí, en medio de la nada". Él, sin embargo, piensa cada mañana, cuando empieza su labor, amenizada por el canto de los pájaros madrugadores: "Aquí estoy, en el centro de todo, cultivando esta tierra, mi tierra, mientras soy feliz de ser partícipe y testigo de este proceso creador". 
Alguien dijo una vez que "el cultivo de la tierra es el trabajo más importante del hombre. Cuando comienza la siembra directa, otras artes seguirán. Los que trabajan la tierra, son, por tanto, los fundadores de la civilización".  Y, yo, humildemente, añadiría: "La agricultura es un arte, y los agricultores son los artistas".
Este humilde post constituye un pequeño, pero merecido homenaje al hombre de la fotografía, que, en la actualidad se dedica a trabajar la tierra por pasión, pero es extensivo a tod@s los que cada día dedican su tiempo y sus energías a la agricultura, asegurándonos así al resto de los mortales poder tener en nuestra mesa esas verduras y hortalizas que debemos consumir a diario. ¡Démosle el valor que ello merece, y que tras esas judías verdes, esos calabacines, o esas espinacas hay todo un proceso detrás que la gran mayoría desconoce, y ya se sabe, a lo que no se conoce, no se le da importancia!
¡Por cierto, acabo de descubrir que los homenajes, por humildes que sean, es mucho mejor hacerlos en vida!  De esta forma, el destinatario podrá leerlo, y enterarse de que se pone en valor su entrega y dedicación!

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30/08/2020 19:38 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿La década de los malos?

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Hoy se cumple una década del triunfo de la selección española de fútbol en el Mundial de Sudáfrica en 2010, un acontecimiento que rebasó la barrera de lo deportivo. Todos recordamos el sentimiento de euforia colectiva, y, también, por qué no decirlo, de unidad. ¡Unión que se despertó entre la gente ante algo que creían compartir! No se "salvaban" ni los que no eran futboleros. Es cierto que fue un triunfo histórico, pero ¿Qué es lo que lleva a un país a echarse a las calles como si no hubiera un mañana, a celebrarlo más que cuando estrenamos un año nuevo, o más aún que si encontramos trabajo? 


Hablando de trabajo, ésta no ha sido precisamente la década prodigiosa en ese ámbito: desde la crisis de 2008 se empezó a destruir empleo como si ése fuera el deporte nacional y no el dar patadas a un balón, al que aludía anteriormente. Muchas pequeñas y medianas empresas desaparecieron como por arte de magia, la burbuja hizo estallar todo por los aires, los casos de corrupción que ya existían, no es que empezaran a multiplicarse, es que se elevaron a la enésima potencia. La Reforma Laboral de 2012 fue como "Lo que el viento se llevó", ó por poner otro símil, como Atila y los Hunos, que por donde pasaban, no volvía a crecer la hierba. Para entonces, la gente no podía darse ya cuenta de si crecía ó no la hierba, ya que muchos estaban tan preocupados viendo cómo se quedaban sin sus empleos, visualizando con los ojos del horror la imagen del desahucio cuando ya no fuera posible dilatar más el pago de la hipoteca, ó, incluso, tomando decisiones absolutamente trágicas.

Entretanto, los años iban pasando, y algunos medios de comunicación "nos vendían la moto" de que empezaba a verse la luz al final del túnel. ¿Qué luz, para los que seguían sin encontrar trabajo, y mira que lo intentaban, y por entonces ya habían agotado todos los subsidios de desempleo posibles y por haber? ¿Qué túnel, sino en el que much@s pensaban que se tendrían que meter a sobrevivir? No, corrijo el verbo: a sobrevivir no, a estar "muertos en vida" (que es aún peor que estar muertos de verdad), y que, desafortunadamente, es la realidad de miles de personas que lo perdieron todo y no consiguieron remontar. Muchos padres se quejan de que sus hijos con más de 30 años, y sin ningún tipo de futuro, no pueden independizarse y tienen que seguir obligatoriamente viviendo con ellos. Pero se le puede dar la vuelta al asunto, porque de hecho existe.

¿Sabían muchos de ustedes que a muchas personas en nuestro país, hombres y mujeres de más de 50 años con trayectorias profesionales brillantes, nadie les da ya una oportunidad laboral para desarrollar todo su potencial? Sí, así es, y lo es a causa del llamado "Edadismo" ó discriminación laboral por motivos de edad, y tienen que volver a ser acogidos por sus padres, ya ancianos, para que no vivan en la calle y se mueran de hambre, ó las dos cosas juntas. Sé de buena tinta que, en esos casos, aunque algunos de ellos no perezcan de hambre, y tengan un techo donde cobijarse, muchos están abocados a una muerte civil, y a que la sociedad, cruel a más no poder, les ningunee, y les recuerde cada día que no cuentan, que no existen. Tanto es así, al igual que otras muchas cosas que no nos cuentan, que algun@s de ell@s no pueden soportar la humillación y la pena, y se quitan la vida. Soy consciente de que es terrible lo que afirmo, pero ya está bien de cinismo por parte de los medios, de maquillar la realidad, de contar las cosas de otro modo ó verdades a medias.

Esto no pretendía ser lo que está siendo. Empecé recordando la efeméride que hoy nos ocupa de los díez años que han transcurrido desde que fuimos campeones de España (dicho así, en primera persona del plural, con sentido de la pertenencia), y nunca voy a criticar ese sentimiento de percepción de unidad. Pero si la hay en estas cosas, la echo de menos, y mucho en otros órdenes de la vida, en lo que de verdad nos debería unir para reivindicar los derechos que, poco a poco, hemos ido perdiendo. Aunque muchos no hayamos participado en ello, no se nos olvida que costó mucho, pero que mucho, lograr que fueran un hecho. ¡Muchos creen que, como el sol y el mar, ya estaban ahí, desde tiempo inmemoriales.  

Viene a mi memoria una frase que he escuchado algunas veces en los últimos años: "Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos". ¿Saben lo que les digo, que quizá tenga más razón de la que parece a priori... Porque a ver, por ejemplo ¿Creen ustedes que es tan malo un hombre como Walter White, el protagonista de la aclamada serie "Breaking Bad" por fabricar metaanfetamina y querer dejar bien situada a su familia, cuando él, diagnosticado de un cáncer de pulmón terminal, ya no esté? ¿Es mejor el ex jefe del Estado por aceptar presuntamente los millones que recibía como regalo de Arabia Saudí, a través de cuentas en Suiza? ¡Generoso sí era, aunque no precisamente con su pueblo, que, como he descrito anteriormente, no atravesaba buenos momentos! ¡Parece ser que lo fue con su amiga especial, la falsa princesa alemana, que con sus atributos bien recauchutados, ponía firme al personal! En fin, ¡Qué pena, el país de charanga y pandereta al que se refirió Machado, sigue siéndolo, aunque ahora el ruido proviene más del miserable derroche de unos mientras otros carecen de lo más básico! A mí si me dan a elegir, preferiría ser Heisenberg, que el otro, que adiestra a yernos y les hace un buen "networking". Al malo de "Breaking Bad", al menos su cuñado, miembro de la DEA (Administración para el Control de Drogas), no le pasa una, y le persigue hasta el final. Por eso, y por muchas otras cosas, ahora lo digo yo, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Pero ¡Dios nos coja confesados de unos y de otros! 

Después de haber soltado mi parrafada sobre mi elevado sentido de la justicia social, hoy por primera vez voy a reivindicarme a mí misma, pero antes les haré una confesión: hace unos días, el 29 de junio, con motivo del día de San Pedro, aproveché para enviar un correo electrónico a Pedro Sánchez, vamos, al Presidente del Gobierno. Conozco a otras personas que se llaman igual de nombre y primer apellido, pero en esta ocasión es a él a quien me dirigía. Tenía una dirección personal de email de cuando era Concejal en el Ayuntamiento de Madrid, y teníamos algo de trato a través de las redes. En junio de 2018, y tras la moción de censura, le felicité por esta vía y me contestó: un escueto "¡Gracias, Mercedes!", pero el otro día, como aproveché el correo de felicitación de onomástica para comentarle, además, algunos asuntos preocupantes como la existencia de este colectivo, cada día más numeroso, de los mayores de 45/50 años, y su problemática, quizá ya no estaba tan predispuesto a la respuesta, fuera la que fuera, ó simplemente mera cortesía. O, tal vez, no quiero ser mal pensada: me dije: "este hombre debe  tener la agenda que no da abasto, y yo aquí incordiando con estos problemas del país".

¡Ay, Merceditas, me dije, si es que no tienes arreglo! Pero sí que lo tengo, y hoy, como os decía antes, me voy a reivindicar. ¿Habéis notado que ya os tuteo? Es más cercano. Bueno, pues ésa soy yo: una persona cercana, que se define como profesional de la comunicación en todos sus ámbitos, curtida en radio y televisión durante muchos años, tras ejercer como Redactora, Reportera, Editora, Presentadora y Directora de Programa Debate, Informativos, y Formatos de Entretenimiento. Algo que no voy a olvidar es que un alto directivo de uno de los principales grupos de comunicación del país me dijo en cierta ocasión: "Eres la misma dentro que fuera del plató, y eso la gente lo nota, y lo agradece". ¿Queréis saber lo que yo agradezco muchísimo? Que la audiencia, el público que me ha seguido durante años, me hayan dicho, unas veces en persona, o a través de mensajes, que "al seguirte a diario, te consideramos como de nuestra familia". ¿Hay algo que llene más en esta profesión? Pues eso, que hoy me reivindico, y os aseguro que sigo siendo la misma de siempre, con lo que tuviera de malo, pero también de bueno, y todo ese potencial, que, según muchos, sigue acompañándome, se está desperdiciando por discriminar y no dar oportunidades a quienes tenemos aún mucho que ofrecer!  Lo siento por todos, por mí desde luego, pero también por tod@s los que se lo están perdiendo!!!

Como dijo mi querida Escarlata O’Hara: "Mañana será otro día...", y posiblemente, seguiremos hablando del Mundial.

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"Hoy es uno de mayo y quiero volver a Manderley"

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Hoy es uno de mayo, y es el uno de mayo más atípico que, seguramente habremos vivido muchos hasta la fecha. Es un día que, ya desde niños, ha ido ligado en la memoria a un día festivo, pero no un festivo cualquiera. En el archivo de nuestra memoria aparecen fotogramas de multitudes en las calles, reivindicando las mejoras laborales en el trabajo, para quien lo tiene, y el trabajo en sí como un derecho para quien no lo tiene, que, en estos días que nos toca vivir, somos la gran mayoría.


Lo que hace, además, muy especial a esta festividad es que se celebra en casi todo el mundo, y ya nos hemos acostumbrado a ver que todos los primeros de mayo, los informativos abren con imágenes de las ciudades más importantes del mundo, llenas de gente en la calle, reivindicando derechos, pero, al mismo tiempo, con ambiente festivo. Este año no ha sido así: el COVID-19, lo ha cambiado todo. El Covid, coronavirus, el bicho, ó, en adelante CV para los amigos (aunque no creo que tenga ninguno) ha dejado un mundo de calles vacías de un día para otro, calles vacías que no celebran el día de trabajo, ni las fallas en Marzo, ni Semana Santa, ni nada. Poco ha faltado para que esa desolada imagen de la Puerta del Sol sin un alma, que ahora nos muestran las televisiones, haya coindicido con la Nochevieja y las campanadas. ¿Alguien puede situarse por un momento en las 23.55 del 31 de diciembre, plato de uvas ya peladas y sin huesos, el cava y las copas a punto, plano del majestuoso reloj, y el realizador que cambia a plano general de la Plaza, y ¡Horror! Está vacía, no hay ni Dios? Hasta hace poco, nos habríamos quedado en shock. Hoy ya no. Hoy es uno de mayo, sí, Día Internacional de los Trabajadores ó Fiesta Internacional del Trabajo, y no sólo no podemos salir a la calle a celebrarlo en todo el mundo, como todos los años, sino que, además, hay poco que celebrar. Pero,como digo, hoy ya no nos quedaríamos "a cuadros" tras ver la Puerta del Sol como su madre la trajo al mundo, porque es uno de mayo, vuelvo a decir, y han pasado casi 50 días desde que nos castigaron sin salir, como cuando éramos pequeños y hacíamos alguna trastada. ¡Todo lo que conocíamos como "normalidad" se ha derrumbado! Pero seguimos, y no nos rendimos. ¡No podemos permitírnoslo! En ese área, no hay concesiones que valgan. 

Este año, el Día del Trabajo, aunque sin gente en las calles,debería celebrarse como un homenaje a los trabajadores que han perdido su vida, ó se la han jugado, y se la juegan para salvar otras. Un homenaje a todos los trabajadores de "servicios esenciales", que continúan cada día sumando para que los demás podamos "seguir", aunque sea dentro. Al final, prevalece, como no puede ser de otro modo, la capacidad de adaptación del ser humano ante cualquier circunstancia, por adversa que ésta sea. Alguien dijo una vez, y no se equivocó que "No es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevivirá, sino el que mejor pueda manejar el cambio". Y así estamos, intentando no decaer, asumiendo todo lo que ha pasado, y haciendo acopio de energía para cuando empecemos a "volver". Dicen que ya no hay vuelta a la "normalidad" como la conocíamos, quizá salgamos "ganando" en algunas cosas que hasta ahora ni nos habíamos planteado. Vaya por delante que la economía tiene que resurgir de sus cenizas, pero, en este largo período de vivir de puertas para adentro, muchos han podido comprobar que no hace falta consumir tanto para "ser feliz", que esa "felicidad" ó como cada uno quiera llamarla, no la da estrenar modelito cada día del año para "deslumbrar" en la oficina, y comprarnos ese coche de gama alta el año que viene. Por cierto, esto nos ha hecho ralentizar nuestras mentes, vivir más en el presente, y disfrutar de cada cosa a la que antes no se le daba importancia. Los padres y los hijos están pasando mucho tiempo juntos, y, cuando transcurran unos meses, lo recordarán como algo grandioso en sus vidas. El año que viene, ya vendrá. Pero hoy tenemos este día, hoy es uno de mayo, y es atípico, sí, porque cada año suele convertirse en un puente para salir unos días a descansar a otras ciudades. El día que, por fin, viajemos, aunque sea a 50 kilómetros, nos parecerá, sin duda, el mejor de los viajes. ¡Disfrutaremos de esa salida, como nunca hubiéramos imaginado!  Es duro, pero el ser humano aprende a valorar lo que tiene cuando lo ha perdido, o, de momento, ya no lo tiene a su alcance.

En estos días de confinamiento, en los que la mayoría descubre nuevas actividades, disfruta leyendo, cocinando ó viendo series, son muchos los que se decantan por volver a ver películas clásicas. Además, al hilo de homenajes, estos días en que se cumplen 40 años del fallecimiento del gran Alfred Hitchcock, gran maestro del suspense, aprovechamos para volver a visionar algunos de sus inolvidables títulos, que hoy, primero de mayo, yo tomo prestados para, a modo de síntesís, reescribir la otra crónica de unos días que forman parte ya de la historia, la de cada uno, y la colectiva, y que no olvidaremos...

"Anoche soñé que había vuelto a Manderley".... Pero, al despertar, para mi decepción, comprobé que era sólo un sueño. Al levantarme, fui directamente hacia la ventana, que esa mañana me mostraba una calle, extrañamente desierta de coches y personas. Sin embargo, esa ventana, más indiscreta que nunca me mostraba, como nunca antes, todo lo que pasaba en otras casas frente a la mía. Pensé que estaba aún medio adormilada, y que me vendría bien un poco de aire fresco en el rostro. Cuando me disponía a abrirla de par en par,  dos pajarillos se posaron en el alféizar, y antes de que me diera tiempo a disfrutar la escena, ví a lo lejos una bandada de enormes pajarracos que sin duda se dirigían hacia la única ventana abierta que avistaron.  Mis reflejos no fallaron y reaccioné cerrando de golpe. Aturdida por lo que acababa de ver, tomé el pasillo en dirección a la cocina. con la intención de ponerme un café bien cargado y despertarme de una vez. Al llegar no me detuve y seguí hacia el salón para poner la televisión. Al volver sobre mis pasos con la intención de coger la taza y meterla al microondas, unas rotundas palabras a mi espalda, que provenían del televisor, me detuvieron: ¡"Psicosis" en todo el planeta! El mundo entero está en cuarentena por un virus! La "Sospecha" de "Un hombre que sabía demasiado no deja de planear, y dejar en el aire "La sombra de una duda". Abandono la idea del café, y me planto, desafiante, ante el aparato. En voz alta digo: No es verdad, hace poco lo soñé, y noto que, de repente, soy presa de un "Vértigo" infinito que me hace caer hacia el lado izquierdo. El sofá me ha salvado esta vez. Pero mi mente no es capaz de procesar lo que está sucediendo, y trato de serename, diciéndome: "Recuerda", que hace pocos días alguien que no recuerdo me dijo que algo oscuro estaba por llegar, y que, días atrás, había visto a dos "Extraños en un Tren",  como si estuvieran "Encadenados", y planeando algo siniestro. No sé quién era, pero, recuerdo que le contesté que era un peliculero, y se dejara de historias. Antes de irse, me dijo: eres la única a la que se lo voy a decir: "Yo confieso" que dentro de tres días cometeré un "Crimen perfecto", y después, cruzaré el Atlántico para reunirme con ella, mi querida "Marnie", la ladrona. Ella ya no tendrá que robar más, se lo prometí hace un mes. Lo último que me dijo antes de irse es que prefería bajar los "39 escalones" que le separaban de la calle, y no coger el ascensor para no cruzarse con nadie. Cuando, algo más tranquila, conseguí levantarme del sofá, sentí fresco sobre los hombros desnudos, y volví a mi habitación para ponerme una "Rebeca".  Fue en ese momento, cuando desperté. y comprendí que todo había sido una pesadilla. Muy surrealista, por cierto, pero ¿qué pesadilla no lo es?  Mientras me calzaba las zapatillas sin talón, me dije´:

"Hoy será el uno de mayo más extraño que he vivido".

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In memoriam: ¡Yo también te llamaba Abuelo!

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Que vivimos días muy tristes ya no es algo nuevo. Algunos, como nuestra familia viven hoy un día aún más triste: mi hijo y sus primos por parte de padre acaban de quedarse huérfanos de abuelo, el  único que les quedaba, y, por tanto, huérfanos de abuel@s. Mi marido y sus hermanos se han quedado huérfanos de padre, y, por tanto, ya huérfanos por completo. Yo hace tiempo que me quedé huérfana, primero de padre, y años después de madre, y hoy he perdido lo más parecido a un padre, o, incluso a un abuelo, ya que no tuve la suerte de conocer a ninguno de los míos, sólo a las abuelas. De hecho todos hemos perdido al Abuelo, el Abuelo Ventura, el Abuelo de todos en mayúscula, el hermano mayor de los Rubio, una larga familia de un pequeño pueblo de Segovia con el exótico nombre de Ituero y Lama. Allí le conocí hace poco más de 30 años, y, reconozco que ya me cautivó. 

 Despedimos hoy a un hombre humilde, noble, trabajador a rabiar, y que se sacrificó mucho en unos años muy duros para sacar adelante a una familia de cuatro hijos y una mujer. Además de todo eso, fue siempre, hasta el final guasón, y muy familiar: quiso mucho a sus hermanos y fue muy cariñoso con todos ellos,  con sus sobrinos, sus primos, sus paisanos, sus vecinos... 

Sí, puedo afirmar, sin temor a equivocarme ni a exagerar, que fue de esas personas a las que todo el mundo quería. Un hombre, como dijera Machado, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Sólo he conocido en mi vida a otras tres personas que fueran poseedoras de esa bondad infinita, que ya tanto escasea. Él era uno de ellos, y yo, dentro de la infinita tristeza que hoy siento, también me doy cuenta de lo afortunada que soy de haber podido conocerle, tratarle, y que, además,  me quisiera. Eso me ayudará, sin duda, a recordarle con alegría, y a valorar más lo que de verdad merece la pena.
Con casi un siglo de intensa vida, se va habiendo asistido a todos los grandes cambios que la humanidad ha experimentado desde que el día de San Esteban de 1920 llegó a este mundo. ¡Qué poquito te ha faltado, Abuelo querido, para llegar a celebrar ese 100, tan rotundo!  Hace un rato se me venía una idea a la cabeza que puede parecer un poco simple, pero, técnicamente, es verdad. ¡Él ha vivido un siglo! Sí, además un siglo exacto: nueve meses de vida intrauterina y 99 años y tres meses en lo que llamamos mundo.

En fin, cuando podamos y salgamos de este confinamiento que vivimos, y, sobre todo, de esta insólita y excepcional situación en la que estamos inmersos, te haremos el homenaje que mereces, y tus cenizas descansarán en la huerta de tus amores. Ese día, el sol brillará con más intensidad que nunca para la ocasión, y en verano brotarán unos tomates que nos recordarán a ti siempre. Después, algunos, los profanos, seguiremos pensando en algunas de las cosas que decías, torciendo el gesto, y que tanta gracia nos hacían: "Este verano, los melones van más tardíos que nunca", o "da gusto de ver los judiones". Tú ya no veías bien desde hace algún tiempo, pero eso no te quitaba la capacidad de disfrutar de las cosas más sencillas, quizá mucho más, incluso, que otras personas. Tenías el don de la ilusión, el entusiasmo y el coraje de vivir, hasta el final, y con tanta intensidad, que hasta lo contagiabas a algun@s mucho más jóvenes. Eras de otra época, sí, pero también has vivido en ésta y has sabido capearla y vivirla hasta el final. No sólo no te olvidaremos, sino que eres ya un gran ejemplo a seguir por todos nosotros.

Abuelo,
Abuelo Ventura... 
Hoy los pajarillos que sobrevuelan la huerta
cantan sin tanta gana,
pero volverán a hacerlo.
Porque desde hoy ellos te hacen un hueco allí,
En su tierra,
En la tuya
En la tierra que te vió nacer,
y que tanto amaste
Ahora, y hasta que te aposentes en ella,
Vuela alto, vuela libre, 
¡Querido Abuelo!

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"Sé el Campeón de tu Vida"

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He dejado de escribir lo que yo denominaba mi reseña de fin de año,como acostumbraba hace tiempo. Era una especie de rito sentarme ante la hoja en blanco la tarde del 31 de diciembre. De alguna forma, y aunque no hiciera exactamente un balance, a mí me servía para "cerrarlo" con algo de presunta solemnidad. Si algún año no lo hacía, no me sentía bien conmigo misma, pues creía que, de alguna forma, no le había dado "su sitio" a aquel año ya extinguido. Tenía la sensación de haberle tratado injustamente, y hacerle creer que había pasado sin pena ni gloria, puesto que no quedaba ningún testimonio escrito de él.  

No sé cuándo cambié de parecer, pero ya no quiero escribir "la reseña de fin de año". Si algo nos enseña la vida, es que cumplir años debería servir para algo más que para soplar velas en las tartas, o tomarse las uvas cada 31 de diciembreCuando te vas haciendo mayor, algo te dice que el tiempo, ese tirano y hostil enemigo, del que nadie se libra, ya no parece tan infinito como a los 20 y a los 30. Algo parecido a una vocecilla un tanto ronca, te susurra que es necesario pasar a la acción. Yo me lo digo muchas veces: "Hay que pasar a la acción, Merceditas, que si no, te van a dar las uvas, y ¿lo véis?  ¡Al final me acaban dando!  Me acaban dando, y como se suele decir ... "Y yo con estos pelos... Hoy también eso da igual: no voy a salir de fiesta, y, por tanto, no necesito estar de peluquería, ni medio peinada. Además, con el tiempo, (otra vez el susodicho a escena), he aprendido a querer mi cabellera rizada, con la que siempre parezco estar despeinada. ¡Es una de mis señas de identidad, y de eso no se reniega! 

Si algo deberíamos aprender a lo largo de la vida, además de a quererla, es a no renunciar nunca a quiénes somos, de dónde venimos... Es decir, a que nuestra esencia sea lo primero que salga a la superficie. Hay quien sigue renegando de ella, y se esconde tras personalidades falsas. Pero eso no es sano, salvo para los actores, que, como es su trabajo, lo viven de otra forma. Para el común de los mortales estar siempre aparentando otra cosa de la que se es,  pronunciando palabras distintas de las que quisiéramos decir, y caminando por la vida llevándonos la contraria, pero sin que se note, debe ser agotador y muy estresante. 

Podríamos hacer algo muy básico que consiste en aceptarnos a nosotros mismos en esencia, y, por supuesto, intentar mejorarnos en lo que se pueda, y se puede, con mucho esfuerzo, pero se puede. Cuando observamos cómo está el mundo con sus guerras, odios, luchas de poder, corrupciones... (y no sigo... porque, de verdad, que me dan las uvas), lo primero que pensamos en que "esto no hay quien lo cambie", pero podríamos alguna vez "caer en la cuenta" de que, si cada uno de nosotros intenta cambiar, aunque sea un poquito, a mejor, imaginad lo que podría suponer la suma de todos esos "poquitos". Dicho así, parece una tontería, pero no lo es. Sólo puedo deciros que yo lo voy a intentar con todas mis fuerzas, y, a propósito de lo que decíamos antes, a ESO se le llama pasar a la acción. ¡Se acabó el letargo! ¡No podemos permitir la paradoja que implica que mientras se supone que el mundo "avanza", la mayoría de sus habitantes están "atascados", o bloqueados, por una o varias razones!

Para que esto no se alargue, lo único que quiero deciros es que, voy a intentar ser la "mejor versión de mí misma" (y no porque cambie el año, ó la década, o lo que sea), sino porque quiero hacerlo y me da la gana. 

Os animo a que tengáis ese "coraje de vivir" que muchos de nosotros hemos visto en personas de generaciones anteriores. Hace unos días tuve el privilegio de asistir al 99 cumpleaños de alguien muy cercano y muy querido por mí: un hombre íntegro, honesto, luchador, que desde 1920 ha asistido a todos los grandes cambios del siglo pasado, y los 19 primeros de éste. Ha pasado por todo tipo "fatigas" (como se decía en su época), y ha resistido. ¿Por qué? Por eso: el coraje de vivir, ó la voluntad de vivir, como dicen algunos médicos en su argot. Alguien dijo una vez que "Quien resiste, gana", y yo lo único que puedo deciros que, en este caso, además de mucho cariño, siento una gran admiración por personas así, que han trabajado y batallado lo que no está escrito para sacar adelante a familias numerosas, y, que, por muchos palos que les haya dado la vida, nunca han tirado la toalla, y, sin casi fuerza, han seguido adelante. Esto puede considerarse un humilde homenaje no sólo a la persona a la cual me estoy refiriendo, sino a muchas otras que se han convertido en la mejor versión de sí mismos, han llegado a ser el "Campeón de su Vida", sin siquiera saberlo. 
¡Vamos al encuentro de 2020! ¡Algunos, incluso, al encuentro con un siglo de intensa vida!

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31/12/2019 21:06 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

10-N: ¿Todos a votar ó echarlo a los chinos?

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Todos a votar, o todos a "potar", aunque, lo reconozco, ésta última sea una palabra fea ó, al menos , desagradable. Pero, ¿quién no lo ha pensado? Visto lo visto en los últimos tiempos, es lo que nos pide el cuerpo.

En la soledad y el recogimiento de los últimos días, me pregunto si debería considerar las encuestas. Después, como en un interminable monólogo, yo misma me respondo: ¿Para qué?

De soslayo, miro la prensa (con un sólo ojo), y con los titulares me sobra: Pedro Sánchez: “No se votan políticas, sino el Gobierno y el desbloqueo”. Y yo me pregunto,  si consiguen que se desbloquee la situación ¿habrá que ir a votar por enésima vez por el asunto político, propiamente dicho? No puedo con la vida, me digo, y pienso en cientos, o miles de personas que sentirán lo mismo. Pero decido seguir con mi periplo y leo: “Pablo Iglesias, dispuesto a ´´tragarse sapos´´ para lograr un pacto con Pedro Sánchez”, y sigo leyendo, como decía nuestra querida Mayra Gómez Kemp: …” Iglesias es consciente de que fiar todo a lograr los diputados suficientes para forzar a Sánchez a negociar le exigirá de nuevo sacrificios. No está dispuesto a aceptar un nuevo veto, pero sí "nos vamos a tragar algún sapo que otro, porque la política implica tragarse sapos".  Y yo, que no dejo de preguntarme a mí misma, en este caso te pregunto simbólicamente a ti, Pablo Iglesias: ¿Sapos y culebras?, como aquellos que, otrora, blasfemaban, cuando les tocaba la mili en Ceuta… Puestos a tragar, quizá ya da lo mismo ocho que ochenta. ¿Ó no?  

Ayer hubo debate electoral femenino, ó feminista (ya no se sabe qué es lo correcto), en una de las privadas. He de reconocer que yo no vi más que cinco minutos que escogí al azar, y en ese momento no acontecía gran cosa. Refiriéndose al evento la prensa, recoge, por ejemplo:

"Cuando no hay mayoría absoluta, la solución es la coalición", dijo Irene Montero, de Podemos.  ´´Las diferencias entre las dos Montero no parecieron tan profundas como las que se vieron entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hace unos días, pero es difícil saber si eso tendrá alguna consecuencia´. Yo sigo empapándome:  “Al otro lado, no hubo grandes novedades. Está ya sellado que las tres derechas pactarán si alcanzan la mayoría absoluta. Lo malo para ellas es que ninguna encuesta les concede esa posibilidad. Es probable que nos quedemos sin saber cómo se hace eso de bajar todos los impuestos en un país con una deuda cercana al 100% del PIB y mantener la inversión pública”. ¿Quizá “pura magia”, posiblemente la de Magia Borrás, la de los Reyes Magos?”

Sigo con mi rodeo virtual, y finalizo: "Santiago Abascal, el candidato de Vox ha tenido una intesa campaña:  Además de sus múltiples actos electorales, una visita a la finca del torero Morante de la Puebla, activo simpatizante del partido, desde donde publicó una foto con un carretón y un mensaje al presiente del Gobierno: “A mí me pasa lo que a Sánchez con la política, que solo se atreve con los muertos”.   Tenéis que perdonarme, pero aquí se me viene a la cabeza el título de uno de los últimos posts que escribí: “Vamos, la de los muertos de toda la vida”. No es por nada, pero me viene que ni pintado… Y yo me pregunto (los que me leéis, ya sabéis que no dejo de preguntármelo todo): ¿Por qué los muertos son, siempre, tan recurrentes?

Parafraseando a Sócrates, ahora yo diría:  "Sólo sé que no sé nada” (Y cada vez, menos)

Lo único que se me ocurre decir es que podríamos ir a votar, tal y como vamos a echar la primitiva ó el euromillón, es decir, hay gente que apuesta siempre a los mismos números y otra que va cambiando… Los que son fieles a los mismos números, no quieren ni pensar que una semana se les olvide verificar su apuesta o, por algún motivo ajeno a su voluntad, no puedan validarlo. Nunca salen sus números, a los que llevan siendo fieles toda la vida, pero viven temerosos si, alguna vez, fallan a su cita. Esto puede ser lo mismo: un día decido cambiar, porque los números por los que yo apuesto, no salen nunca, pero si un día lo hacen, ése justo es el que yo no he podido hacer válida mi apuesta.

En la vida, como en el cine, las cosas no suceden igual… En la política, aún menos. Si yo estoy convencida de lo que voto, ¿qué pasa, que porque ustedes convoquen elecciones una y otra vez, yo tengo que cambiar mi voto, para que a ustedes les salgan las cuentas?  ¡No, hombre, NO!  Oímos  decir que abstenerse, nunca. ¿Hemos llegado a un punto en que, quizá, habrá que “echarlo a los chinos? ¡Qué pena de país, que, posiblemente, sea el único que rema en su contra!

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08/11/2019 21:31 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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