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Niños que viven el horror sin Halloween

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Hace tiempo que el terror está de moda. Ya sé que es tremendo lo que acabo de escribir, pero es completamente cierto, y, además, hace “doblete”. Desgraciadamente, en la actualidad, una de las palabras más utilizadas, tanto en el lenguaje verbal como escrito, es “terrorismo”. Creo que a estas alturas, no hace falta dar detalles de cómo los “actos de violencia que se ejecutan contra la población para infundir terror” afectan a toda la humanidad.

Por otra parte, dentro de la ficción, principalmente en la literatura y el cine, el terror siempre ha sido una apuesta de éxito.  ¡Y no digamos ya estos días con las celebraciones de Halloween!   ¿Es verdad que a tanta gente le gusta pasar miedo?  No voy a decir que no, porque hasta sabemos lo que algunos neurólogos han contado al respecto: se supone que es un “miedo” que se puede “controlar” y que basta con dejar de mirar la pantalla, o finalizar el libro, o saber que tanta sangre en los disfraces es puro atrezzo. 

Lo he pensado mejor, y, sí, voy a responder la pregunta.  No es verdad que a la gente le guste pasar miedo, les gusta “jugar a que parezca que  sienten miedo” ¡Ah, ese miedo de ficción, cómo les pone! Lo que ocurre es que no han sentido nunca lo que es el horror, el de verdad, el que entra por la mente, y atraviesa el cuerpo. Por naturaleza, nuestro cerebro evita el dolor, al mismo tiempo que busca el placer.

Invito a quien quiera sentir el miedo, el terror y otras sensaciones límite, como la angustia, el desamparo, el abandono y el hambre (por citar sólo a algunas), que se dé una vuelta estos días por las calles de Haití, como ha hecho, por ejemplo, Antonio Miguel Carmona, a quien todos conocéis de sobra porque, además de otros cargos ejercidos, en la actualidad es Concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, contertulio habitual en varios programas de televisión, además de Doctor en Ciencias Económicas y Profesor en la Universidad.

Carmona está, desde hace cinco días viviendo de primera mano cómo, en este país centroamericano, las desgracias se acumulan como un suma y sigue… En nuestra memoria quedan aún restos de las imágenes del terremoto que asólo en 2010 un país, que aparece en un horrible ranking, entre los más pobres del mundo. Un seísmo, recordemos, que dejó más de 300.000 muertos, dos millones de personas sin hogar y muchísimos niños huérfanos.

Lo de “llueve sobre mojado” es aquí más gráfico que nunca. La aparición del huracán “Tomás”, en noviembre de ese mismo año, coincidió con la epidemia de cólera que se propagó a través de una de las bases de la ONU, y que dejó otras 10.000 fallecidos entre la población del país caribeño, además de 800.000 personas que contrajeron la enfermedad.

Tras el paso del huracán Matthew, hace tan sólo unas semanas, resulta ardua tarea describir tanta desolación. El cólera planea de nuevo sobre las zonas más afectadas, donde ya se han producido casos entre la población infantil.  “Esto es un infierno del que es difícil salir. Haití tiene el 70% de la población por debajo del umbral de la pobreza, esperando ser devorados por su dos grandes enemigos: el cólera y la hambruna”, ha denunciado Carmona, quien ha tenido ocasión estos días de ser testigo de excepción de orfanatos abarrotados, “y lo que es peor, cientos de niños sin poder entrar”. Niños sin padres, sin hogar, sin comida, sin escolarizar, y, por si todo esto fuera, poco, muchos son víctimas de abusos sexuales, o pasto de la prostitución en la vecina República Dominicana.

Antonio M. Carmona ha visitado uno de los municipios más golpeados por el huracán Matthew, al que describe como una ciudad fantasma, por cuyas calles vagan sus habitantes en busca de una respuesta: “Necesitan un lugar donde dormir, escuelas que reconstruir, potabilizadoras que instalar. He visto casas de huérfanos abarrotadas, niños abandonados por las calles, familias que tratan de ingresar a sus hijos desnutridos en orfanatos que no pueden admitirlos.”

Por otra parte, la inexistencia de un gobierno solvente, convierte a Haití en un país sin apenas Administración, en el que, por ejemplo, según relata Carmona, “llegar a Jeremie es una trampa mortal, por carreteras de piedra, cortadas con grandes piedras por asaltantes, y donde pararse es despreciar la vida humana”.

Y, de “propina”, hace unos días, varios medios de comunicación nos cuentan que la Federación Española de Fútbol se apropió de una subvención de 220.000 euros que, tras el terremoto de 2010, el Consejo Superior de Deportes entregó a dicha Federación, con el objetivo de crear una escuela de fútbol para los niños damnificados de Haití, que nunca llegó a construirse.

Vuelve a "llover sobre mojado". Algunos dirán alguna de esas frases tan manidas como: "Qué mala suerte" o "Las desgracias nunca vienen solas". A mí se me ocurre que si hay alguien todavía que quiera pasar un poco de miedo, del de verdad, se vaya unos días allí, y luego nos cuente la diferencia entre terror del auténtico, y del de pacotilla. También se me ocurren algunas frases, aunque no sean mías:

"Ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si una gran parte de sus miembros es pobre y desdichada". (Adam Smith)

"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa" (Albert Einstein)

 

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01/11/2016 22:44 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El corazón de la paloma

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Un día más no puedo acabar de comer sin que el mando a distancia "pague el pato" de mi desazón ante lo que va apareciendo en la pantalla. Víctimas inocentes del último atentado yihadista desfilan ante nuestra retina, y antes de que dé tiempo a procesar tanto dolor y sinrazón, ya tenemos en primer plano la última mujer muerta a manos de su marido, novio, ex o como quiera que pueda llamarse a quien es capaz de hacer algo así. Mientras intento masticar el trozo de tomate que acabo de llevarme a la boca, mis ojos han dejado de enfocar al televisor, pero, como es obvio, no llevo tapones en los oídos, y aquello sigue... Suma y sigue...Ahora la voz, sin rostro para mí, como si hiciera un inciso entre tragedias, habla de los cuarenta grados a los que llegaremos mañana en la capital. ¡Cómo sí no lo notáramos! Deben de creer que, como ya llevamos mucho tiempo anestesiados por la que está cayendo desde hace tiempo (y no me refiero al tiempo atmosférico), no nos enteramos si estamos a bajo cero o a más de cuarenta. En mi caso, hay ratos que creo que estoy a ciento cuarenta por hora, y no me refiero a cuando conduzco: al contrario, es quizá cuando estoy más serena porque sólo me concentro en eso.

Tengo que haceros una confesión: hay días en que, un rato antes de la hora de comer, escondo el mando de la tele, para no ver ni oír nada durante ese tiempo, y, poder asegurarme, que no voy a morir atragantada mientras asisto a tanta atrocidad. Ya, ya sé lo que estáis pensando: aunque no lo vea comiendo, posiblemente me llegará algún titular, imagen al móvil, me enteraré si entro en Facebook o twitter. Eso es verdad, y por esa misma razón, hay días en que deseo estar aislada de todo. Hay quien lo puede ver como cobardía: no querer enterarse de lo que pasa para no sufrir. Puede que sea cierto, pero también os digo que un alto porcentaje de la impotencia, rabia y dolor que siento, es que después de saber todo eso, de estar informada de tanta inmundicia, TODO SIGUE IGUAL. Si algún día lo comentas a fondo con alguien de tu confianza, te dice: "Hija, es que no se puede sufrir tanto por todo, porque al final, todo sigue igual y, encima tú y gente tan sensible como tú, os lleváis un mal rato". ¡Mal rato! (Reflexiono, para mal rato los protagonistas de todas estas desgracias!!!

No me resigno a que el mundo, un lugar que encierra tanta belleza, se convierta cada día en escenario de tanta y tan diversa crueldad. Los niños son asesinados en las guerras, los adultos también. Los niños que sobreviven a esas guerras se convierten en huérfanos, y la mayoría de éstos, en pasto de las mafias. Los países más poderosos se reúnen por enésima vez para buscar soluciones. ¿Soluciones para quién? Para que los llamados "efectos colaterales" les salpiquen lo menos posible. Algunos podrían impartir un máster que llevara por título "Experto en quitarse el muerto de encima" (nunca mejor dicho). Por cierto, los que no están aún muertos, están "muertos en vida", y sin esperanza alguna, que es mucho peor.

Mientras tanto, hace un rato que he bajado a la calle, a pesar de que son casi las cuatro de la tarde, y las chicharras cantan por soleares, pero mi desazón casi me impide ser plenamente consciente de los treinta y ocho grados que caen sobre mi cabeza. Voy pensando en todo lo que acabo de ver, un día más, y voy diciéndome también que tendré que acabar haciendo caso a los que me dicen: "procura pensar en otra cosa, no te quites la vida dando vueltas a eso, porque ya se sabe, que tragedias y desgracias nunca han faltado, y seguirá habiéndolas mientras el mundo sea mundo". ¡Qué frases, si las piensas a fondo un momento!

Han empezado a caer de mis ojos unas lágrimas como puños, que ya no aguantaban más en la "puerta del ojo" (como decía un amigo mío), acabo de doblar la esquina, y de repente, veo la escena. Estoy a unos cinco metros, y por un instante me digo que no es verdad, que son alucinaciones mías. Voy aproximándome poco a poco mientras, sin apenas darme cuenta, contengo la respiración, como si fuera a despertarla. Allí está ella: yace en el asfalto con dignidad egregia, junto al charco de sangre en forma de corazón que ha quedado junto a su cabeza. Creo que no voy a ser capaz, pero finalmente me agacho y la contemplo, y en ese momento es como si todo lo que acabo de ver hace un rato, todas las imágenes de muerte que vomitaba la televisión cuando decidí dejarla muda y ciega al disparar con agresividad el mando a distancia, cobraran vida propia en esa paloma muerta. ¡Qué paradoja acabo de soltar sin darme cuenta! Ahora que se lleva tanto lo de creer en las señales, ¿Cómo debería interpretar esa escena?

Algún vidente o visionario (ya sé que no es lo mismo) podría lanzar a modo de profecía: ¿Dónde queda la esperanza de un mundo en paz? El que se ha considerado símbolo eterno de La Paz en el mundo yace aquí junto a su propia sangre. Su sangre derramada ha dibujado un pequeño corazón. ¿Será esa la clave del jeroglífico? Quiero pensar que aún no está todo perdido. ¡Vamos a buscar en el corazón de cada uno de nosotros! El mío me dice que hay que hacer lo posible para que no sigamos viendo tanta sangre. ¡El rojo es un color tan cálido y hermoso que quiero seguir asociándolo sólo a la vida!

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02/09/2016 18:23 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El hartazgo de estar hartos

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Acabo de volver de una isla. Aunque no es una isla desierta, comparándola con la vida que llevamos los que residimos en ciudades como Madrid, podría casi considerarse así. ¿Por qué os cuento esto? Cuando uno logra desconectar del mundanal ruido, del exceso de información al que estamos sometidos en los últimos tiempos, y de tantas cosas más, que no sólo no consiguen que nos sintamos más libres (como pregonan algunos), sino que nos encadenan y esclavizan como nunca hubiéramos imaginado, se vislumbra mejor el horizonte, y realidad y ficción pasan a estar cada a una a su sitio.

Al bajar del avión en Barajas, llovía, y ésa fue la primera queja inconsciente. "Hay que jorobarse -pensé-, acabo de darme un baño en el mar hace unas horas y ahora con paraguas otra vez. Al pasar al edificio de la terminal 2: "Qué fastidio de maletas, seguro que nos tienen aquí esperando más de media hora, y qué frío: no voy a tener más remedio que sacar del equipaje de mano, una chaqueta de lana que no he usado en todos estos días".

Éstas son quejas estúpidas, pero quejas, al fin y al cabo. Hay otro tipo de hartazgo, que, no sé si atreverme a sugerir que va camino de generalizarse, pero que en algunos momentos, nos fulmina.

¡Estoy, no harta, hartísima, de que nos tomen el pelo cada dia, de que insulten a nuestra inteligencia quienes dicen que trabajan por nuestro bienestar! No se puede tolerar que jueguen de esta manera con el dinero del Estado, nuestro tiempo (que es, sin duda, lo más valioso que todos tenemos), y, sobre todo,  la ilusión y la confianza en que todo mejore.  Después de tanto tiempo sin que hayan sido capaces en ponerse de acuerdo por el bien del país, ¿Qué se supone que debemos hacer ahora nosotros? ¿Cambiar de chaqueta, como se decía antaño? ¿Jugarnos el voto a la ruleta? O quizá, tomarlo como un juego de azar (en la práctica es sólo eso), y jugárnoslo a cara o cruz, como si se tratara de echar una primitiva cuando hay bote. El problema es que aquí, con nuestros votos,  el "bote" siempre les toca a ellos, que no sólo se lo reparten, sino que en los cuatro años que dura el jueguecito, además del bote, se "ponen las botas".

¿Qué pasa, que para que a ustedes les salgan las cuentas, aunque sea la "cuenta de la vieja", nosotros tenemos que alterar nuestro voto? O tendríamos que hablar con propiedad, y decir mejor "adulterar". ¡En ese argot ya nos entendemos mejor! Ahora resulta que nadie quiso decir lo que dijo, nadie quiso insultar, "es más lo que nos une que lo que nos separa",  vamos a dejar a un lado el "y tú más"... jajaja, es que me mondo de risa, aunque maldita la gracia. Ahora resulta que los malvados se presentan como hermanitas de la caridad. Aunque no soy muy dada a refranes, me vienen algunos que ni pintaos: "Los mismos perros, con distintos collares". O citas célebres, como la del político alemán Otto von Bismark: "Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería".

Por favor, cuando dé comienzo la campaña, o lo que quiera que sea lo que van a empezar,  procuren encerrarse todos juntos, y, mira, quién sabe, si todavía estamos a tiempo de algo, aunque sea de que se hagan un Gran Hermano, se despellejen, se nominen entre ellos y al final, salga un ganador, y nos ahorremos todo lo demás. 

Les pido, si es posible, que no nos traten a como a borregos,  no lo somos. Sigan siendo prepotentes, que es el papel que mejor representan, pero dejen en paz a la gente. Ya sabrán que no está bien, y que el deber ciudadano es el de volver a las urnas el día que tengan a bien citarnos, pero, entiendan que muchos están hasta más allá de la coronilla, y se lo van a pensar mucho. Y, en el fondo, y en la superficie también, hay que comprenderles. Y como diría mi abuela, si viviera, "no nos hagan conmulgar con ruedas de molino". No, hombre, no.

Les diría muchas cosas más, pero no quiero hacer esto largo, ni emplear en ello toda la tarde: hay que dar valor al tiempo (algo que ustedes desconocen). Imaginen, por un instante, todo lo que se podría haber hecho si hubiera un gobierno desde que fuimos a votar un ya lejano 20 de diciembre. 

La última sugerencia, que no consejo (¡Dios me libre!), es que busquen en el diccionario el significado de la palabra humildad. Para quienes no quieran ni molestarse en eso, ya les ayudo yo desde aquí. Se conoce por HUMILDAD la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades. Se aplica a la persona que tiene la capacidad de restar importancia a los propios logros y virtudes, y de reconocer sus defectos y errores.
Una vez  asimilado, traten de practicar. No es tan complicado. Al principio, hasta que uno se familiariza es como todo, pero luego, si consiguen interiorizarlo bien, les irá saliendo solito. No sé quién ganará las elecciones, pero seguro que ese día todos habremos ganado algo más. 

¡Feliz y silenciosa campaña, please!  ¡Ah, y no olviden adjuntar un par de tapones para los oídos junto a la propaganda electoral!

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27/04/2016 19:31 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"Hay días en que grito: Sálvame"

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 - ¿En qué canal vemos las noticias hoy?  -Quien pregunta es un chico de diez años, que acaba de ayudar a poner la mesa a su madre. Van a dar a las tres de la tarde, y, como cada día, la familia se dispone a comer. Mientras el padre ya ha ocupado su sitio en la mesa, que es, casualmente, el que se sitúa frente al televisor, la madre entra en el comedor con la cazuela de la sopa.

-Jopé, otra vez cocido mamá, el último día que comí con vosotros también lo pusiste.  –La que protesta es la hija mayor, que sólo puede comer en casa dos veces a la semana. Los otros tres días trabaja como teleoperadora y tiene que llevarse la comida. Por cierto, cobra por horas, a 7 euros la hora, en bruto, o sea, de ahí hay que descontar.

- Y que no falte, hija, que no falte, que ya quisieran muchas personas de las que ves cada día en la calle y en el telediario, llevarse a la boca un plato de comida caliente.
-¿Podéis callaros ya las dos, que están dando los titulares y no me entero? -sentencia el padre-

- Pues anda que te pierdes mucho, papá, -dice Javier, el pequeño.  Hoy siguen con el juicio de la infanta y su marido, los de la corrupción de Valencia y...
- Calla niño, qué sabrás tú de todo eso! Mira, hablando de Roma, parece que, por fin, ha hablado "Rita, la cantaora". A ver, a ver... Pues para decir eso, podía haber seguido en su casa detrás del visillo.
- Anda, como "las viejas del visillo" de Gran Hermano Vip - dice la madre con una risilla floja, mientras va sirviendo los cinco platos de sopa- .  Por cierto, ya quisieran también la Rosa Benito, la Raquel Bollo y todos los que están en esa casa "echarle las uñas" a un cocido como éste, que no sé yo ni lo que comerán con tanto jaleo como se traen. Venga, todos a comer que esto se enfría antes de que cante un gallo.

- ¿Qué gallo ni que niño muerto?  ¡Si la que no te callas eres tú, vamos, que ni debajo del agua! Anda, niño, coge el mando y cambíalo, que no soporto a este presentador: parece un busto parlante.
- Pero papá -dice el crío-, ¡Y qué más dará, si son todos igual! ¿O es que ya no te acuerdas que todos leen lo que están diciendo? Que nos lo dijo una vez la tía de Paco, que trabajó hace tiempo de maquilladora en un canal.
-  ¡Anda -dice la madre-  yo no me había enterado de eso! Luego llamaré por teléfono a Luisa (la madre de Paco), y que me lo cuente con todo lujo de detalles.
-  ¡Pues ya son ganas de gastar teléfono a lo tonto  -espeta el padre- viviendo dos pisos más arriba!
- ¡Qué hombre, Dios mío, todavía no se ha enterado que tenemos el asdl ése, o como se llame!
- Tarifa plana, mamá, es más fácil decirlo así, que te lías con las siglas.
- ¿Qué siglas, hija? Desde que eres teleoperadora, te has vuelto de un fino que, para qué... Anda, ve a la cocina a por la bandeja con los garbanzos y la carne.

La chica se levanta de la mesa refunfuñando, y aprovecha para contestar al último whatsapp que ha recibido. (¡Qué pesada la tía ésta, ya le he dicho antes que no le cambio el turno mañana!). Aunque murmura por lo bajo, mientras entra con el cocido, a Javi, que es un lince, no se le escapa el comentario.

- ¿Qué pasa con tu "compi", que otra vez quiere que le cambies el turno?
- Pues sí, pero ya le he dicho que “ni hablar del peluquín”.  ¡Apañada está si piensa que voy a estar yo hasta las once de la noche allí, para que la señorita no se pierda ni un segundo de la gala de Gran Hermano! Ya le he dicho que "de eso nada, monada". ¡Que si a ti te gusta el hijastro del Matamoros (que mira que es soso el pobre), yo me mondo con el Carlos Lozano, que los pone firmes a todos en un santiamén!
-Ahí te doy la razón, hija -salta la madre, que no veía momento para meter baza-  ¡Qué penica de gente, qué poca gracia, el único que tiene un poco de arte es el Carlos Lozano, que, con todo lo que se metan con él, y le llamen viejo, mira que está guapo el tío todavía!

- Esto ya es lo que me faltaba -es el padre quien ataca- Encima de que no me dejáis oír las noticias, tengo que enterarme de que te gusta el Lozano ése.  ¡Anda, que ya te vale!
- Pues sí, y no hay nada de malo en que reconozca que es un hombre muy atractivo. Pero a mí todavía no se me cae la baba como a ti, que sólo ves "el tiempo" por ésa que sale con la minifalda. Por cierto, ahora que lo pienso: niño, hay que decirle a Paco que le pregunte a su tía si los del tiempo también lo leen.
- ¡Qué pesadita con lo de la lectura, mamá!  ¿Y a ti qué más te da si lo leen, o lo cantan por soleares?

- No, hija, no, como decía la pobre Lina Morgan, que en gloria esté. ¿Cómo me va a dar igual? “La improvisación al poder”, como decían los de la Revolución Francesa. Por eso me gustan los programas donde los que salen no leen lo que dicen, y, lo que es todavía mejor, donde nadie sabe lo que va a decir ni él ni los demás.  Es todo real, hija, como la vida misma. Aunque la gente es muy mal pensada, y dicen que está todo amañado y que es parte de un guión. Pero yo te digo que no, que todo lo que pasa es verdad. Por cierto, no tardéis en comeros la fruta, que luego me tiro recogiendo la cocina más de lo previsto, y hoy no quiero perderme ni un minuto del "Sálvame", que ahora sí que está interesante...
- ¿Interesante?  ¡Lo que tiene uno que oír, interesante el Sálvame!!! ¿Cuál es el culebrón de turno?
- Pues mira, rico, será o no será culebrón que Belén Esteban y la Mila le tienen la guerra declarada a Kiko Matamoros, pero, qué quieres que te diga,  a mí me entretiene y me relaja más que la última que haya soltado  Pedro Sánchez, y lo que le haya contestado  Rajoy, o el de Podemos. Eso sí que aburre, que ya está bien, que llega otra Navidad, y seguimos sin gobierno, que te lo digo yo, y mientras tanto ya no hay tiempo para informar de tanto corrupto en los telediarios, que la gente está "hasta el moño" de tanto impresentable. Y si no, suelta a éstos y coge a los otros.  ¿Qué capítulo toca hoy del culebrón de los CristianosRonaldos, LuisEnriques, Florentinos y demás familia? Porque, ojito con que a eso se le llame información deportiva. ¡Vergüenza les tendría que dar, dedicar el tiempo de los deportes a esas "gaitas", por no decir que es un insulto a todos los demás deportistas que no juegan al fútbol.

-Y, si no, deja  también a éstos, y ponte con los Indas, Marhuendas, y compañía… a ver quién grita más. ¡Qué gracia tiene, oye, que todos esos de profesión contertulios, son los que más critican al “Sálvame”, y, al mismo tiempo, son los que más lo imitan! Por cierto, ¿Cuándo “dirigen” sus “periódicos”, si no tienen tiempo casi ni para ir al baño entre programa y programa?  ¡Que así está el patio, oye!  ¡Qué penica también lo de los periodistas, con todos los que hay en el paro, y trabajan sólo unos pocos, pero, eso sí,  en muchos sitios!!!  ¡Qué injusto! Pero mira, que no me quiero calentar, Santi, que pareces del siglo pasado, que no te enteras de nada.
- Mamá, no es que parezca, es que ES del siglo pasado. Y tú también.
- Vale, hijo, si no te digo que no, pero yo sé lo que me digo. ¡Y que no me diga lo de los culebrones, porque me endemonio! Que vosotros no habíais nacido ninguno, pero, hija, demasiado tonta era yo, que, cuando se pusieron de moda aquí, entonces sí se podía decir literalmente (y no como ahora, que se les llena la boca) que estaba toda España viendo "Cristal" o "La dama de rosa". Toda España, menos yo.

 -Que mira que yo era tonta, Alicia, pero no vi ni uno, porque me parecía que si se enteraba alguien, me iban a criticar, y luego, con el tiempo, te enteras  de que lo veía “hasta el tato”, o que el rey,  el padre de éste de ahora, bueno, el de los elefantes para entendernos, se partía de risa con Chiquito de la Calzada y hasta lo imitaba.

-¡Ostras, mamá, o sea que si en esa época hubiera existido el GH VIP ése, el rey hubiera entrado en la casa!

- Anda, anda, -interviene el padre, que llevaba mucho tiempo callado- que no decís más que tonterías. Niño, coge el mando y dale volumen a ver si nos enteramos de algo de los deportes.
- Vale, papá pero yo prefiero el programa de los Manolos, que dura más rato y lo cuentan más gracioso, porque, aquí le tengo que dar la razón a mamá, al chico éste de los deportes se le nota mucho que lo lee.
-Vaya hijo, muchas gracias, por una vez estás de acuerdo conmigo en algo, aunque ver los Manolos es como ver el “Sálvame”. Bueno, no, es peor, porque, además si yo fuera quien hubiera inventado el "Sálvame", los demandaba por plagio a todos, a los Jugones, PuntoPelotas y todo bicho viviente!!! Pero, con dos narices, hombre!!! No hay más que afinar un poco el oído con los vídeos que ponen!

- En fin, vamos a quitar la mesa, hija, que tengo que avisar a Pili por si quiere pasar a ver el "Sálvame", que me dijo ayer que tenía la tele averiada. Además, si viene, mejor, porque yo cuando lo veo con ella, es que me mondo. ¡Tiene esa gracia andaluza, que afortunadamente no pierde, aunque lleve en Madrid más de 40 años, y tienes que oír con qué guasa va comentando todo lo que van diciendo la Mila, el Matamoros, la Terelu … Les va contestando a cada uno de ellos, como si ella misma estuviera en el plató y pudieran oírla.  Dice que ella se lo pasa en grande viendo el programa, porque “nunca sabes la que se puede liar, y a mí me gusta que me sorprendan”.

- Pues mira, hoy sí que me voy a quedar con vosotras a verlo, porque estoy un poco de bajón, y el otro día me dijo la madre de Richi cuando me invitó a cenar que ella cuando se encuentra así es mano de santo, oye.  Dice que incluso le dejó chafado a su médico hace una semana, cuando fue a recoger los análisis, y éste aprovechó para preguntarle si no le renovaba la receta del ansiolítico que le había prescrito hace un mes. Ya sabes como es Teresa de directa, y con el médico ,que lo tiene hace más de cinco años, “no se corta un pelo” tampoco. Mientras se levantaba de la silla y se ponía el abrigo, le dijo con esa gracia suya:

  “Mire, doctor, qué pena que usted pase consulta por las tardes, y no pueda verlo para comprobar lo que le digo, pero si yo estuviera en su lugar, recetaría menos tranquilizantes y más paseos con las amigas por el campo y reuniones cada día en casa de una, para ver la última entrega de la familia Matamoros".
- ¿Y sabes lo más “flipante”, mamá? Que el médico, no sólo no se enfadó, sino que, bajando un poco la voz, se inclinó hacia delante en un gesto de complicidad y le dijo:
“Tiene razón, Teresa, y, a propósito  ¿En qué cree usted que va a quedar lo de Toño Sanchís? No hay derecho, luego decimos de Bárcenas…”

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Imitación a la vida

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Me sorprendo ante el papel en blanco (la nada), sin saber a cuál de las ideas que circulan veloces por mi cabeza, intentando abrirse paso (el todo), atender en primer lugar. No esperaba que mi comienzo fuera éste, pero, al final, es lo de siempre, el todo y la nada. La noche y el día. Blanco y negro. Frío y calor. Alegría y tristeza. Quiero hacer énfasis en que no digo: “blanco o negro”, “el todo o la nada”…, sino que utilizo la conjunción “y”, que siempre implica sumar, y no una opción a elegir, como indica el caso de la “o”. Nunca mejor dicho, la historia de la Humanidad es así, el todo a la vez, y, más, cuando se pronuncia la palabra “VIDA”.

Se pronuncie o no, la vida está en todo lo que nos sucede a diario, en todo lo que manejamos. Resulta obvio recordar que todos los días nacen y mueren seres humanos en todo el planeta. Lo que ya no me resulta tan simple contar es la manera en la que muchos de ellos “viven” y “mueren”.  Cuando el verano tocaba a su fin, y aquí la mayoría regresaba a su trabajo, o a seguir en busca de él (lo que no deja de ser un empleo agotador, eso sí, sin remunerar), asistíamos atónitos a la nunca mejor dicho “vida en directo” de miles y miles de personas a las que llaman refugiados, que, huyendo de la guerra y el caos en sus países de origen, dejan atrás todo lo que ha sido su “vida”, para salvar ésta. Llegan exhaustos y aterrorizados. En muchos casos han perdido en el camino a familiares, han atravesado desiertos, montañas, ríos, parajes inhóspitos, para sufrir la insolidaridad del mundo "civilizado", para ver cómo Europa decide en los despachos su futuro, mientras su presente consume ese hilo de “vida” que les queda y se agota.

Conviene recordar que al escribir esta líneas no estoy solo pensando en el éxodo de sirios, que ha conseguido remover conciencias a muchos de nosotros, sino también en tantos y tantos seres humanos del continente africano,  presas eternas de la guerra, la miseria, el hambre y la enfermedad. Por ejemplo, en Sudán del Sur, miles de personas se refugian dentro de las alambradas de la base de Naciones Unidas, ante el temor de las matanzas que lleva a cabo la etnia rival en el gobierno. Aún estando confinados, parece ser la única elección para seguir con “vida”.  Por cierto, si muchos de nosotros, en más ocasiones de las que creeemos, nos preguntamos: “Pero ¿esto es vida?”, ¿Qué creéis que podrían preguntarse a sí mismas todas estas personas? Solo pensarlo nos da cierto pudor. Algunos podreís pensar que no tienen tiempo de plantearse cuestiones. Quizá sí, pero no de las estúpidas. Tiempo es, tal vez, lo único de que disponen, para ver cómo los minutos se consumen mientras la esperanza de salir adelante se desdibuja.

Estos días asistimos a la lucha de unos padres que ya saben que no hay esperanza para la vida de su hija. Antonio Lago y Estela Ordóñez no han dejado de luchar para que Andrea, de 12 años, que padece una enfermedad degenerativa e incurable, pueda tener una “muerte digna”. A pesar de contar con un informe del Comité de Bioética Asistencial, que recomienda no prolongar artificialmente su vida, el Hospital Clínico de Santiago de Compostela decidió hacer caso omiso. ¡Cuánto dolor para unos progenitores, tener que recurrir a los jueces! Dolor que se suma al más grande que un ser humano puede padecer:  asumir y aceptar la muerte de un hijo! Después de días interminables, el hospital decide dar marcha atrás, pero en este caso concreto, el daño ya está hecho.

La nueva ley gallega para enfermos terminales, que entró en vigor este verano, contempla que el médico debe evitar la obstinación terapéutica, y tiene la obligación de combatir el dolor y el sufrimiento del enfermo, administrando el tratamiento necesario, aunque ello haga que el fin de la “vida” se acelere.  “Así como Andrea ha sido una campeona durante 12 años de lucha, queremos una muerte digna para ella. No pedimos eutanasia, ni siquiera hablamos de sedación terminal, se trata de no prolongar artificialmente la vida por más tiempo”, insiste la madre. 

Hace unos días, tuve la ocasión de ver un excelente documental sobre donación y trasplante de órganos, un tema apasionante sobre el que, a lo largo de mi trayectoria periodística, he podido profundizar a través de varios programas que he dirigido y presentado en televisión. Dentro de “La noche temática”, de la 2, “Latidos”, título del citado reportaje, se ocupó de mostrar las dos caras del asunto: la vida y la muerte. La esperanza de personas que aguardan angustiadas un donante (en este caso, un corazón), porque su “vida” se va apagando si no se realiza el trasplante. En el otro lado, padres, familiares de alguien que acaba de perder la vida en circunstancias trágicas, que, al mismo tiempo que reciben la horrible noticia, se les pide que donen los órganos de su familiar, por el que ya nada se puede hacer, para que otros puedan seguir viviendo, agarrándose a una “vida” que proviene de la generosidad de donar.

Además de los testimonios tan emotivos que nos muestra el programa, hace un par de meses, he podido vivir de cerca cómo, tras la repentina muerte de la madre de un amigo muy querido, la familia, aunque abatida, tuvo esa chispa de humanidad en unos momentos muy duros para decir Las córneas y los riñones de esta señora de 72 años han regalado vida a cuatro personas.

Por cierto, en España existe, regulado por ley, desde 2002, lo que se conoce como testamento vital, o más concretamente, el llamado documento de Instrucciones previas. El testamento vital es un documento con indicaciones anticipadas que realiza una persona en situación de lucidez mental para que sea tenido en cuenta cuando, a causa de una enfermedad, accidente, etc.. y encontrándose en una condición física o mental incurable o irreversible y sin expectativas de curación, ya no le sea posible expresar su voluntad. La persona que realiza el testamento define como quiere se produzca su muerte si se dieran unas determinadas circunstancias, y llegado el momento, sobre el destino de su cuerpo y la posible donación de sus órganos. En este sentido puede decirse que define lo que para él es una muerte digna en un contexto de final de la vida. 

Por favor, respetemos la vida y la dignidad a la hora de abandonarla. ¡Vivir no es sólo respirar, o que te conecten a una máquina, que incluso lo haga por ti! Y hablando de corazones, pero yendo un poco más allá del órgano...  ¡Ojalá algún día todos los seres humanos tuviéramos el corazón sano, feliz, y entregado a los demás! En un mundo en el que la razón gana casi siempre al sentimiento y a la intuición, yo alzo mi voz para sugerir que no nos cansemos nunca de regalar amor, de regalar vida, y eso puede materializarse de muchas maneras: sonreir y abrazar a quien se sienta solo, ofrecer comida cuando nos sobra y vemos tanta gente a la que le falta, ayudar desinteresadamente a tantas personas a nuestro alrededor que, en ocasiones, ni percibimos, y, sobre todo, que cada uno de nosotros, intente ser mejor persona cada día de su vida. Muchos pocos harán un gran todo.  Ese todo del que hablábamos al principio. Acude a mi recuerdo el título del célebre melodrama "Imitación a la vida", y durante unos instantes me digo a mí misma que casi todo puede resumirse en esas cuatro palabras.


“La eternidad está en nuestras manos. Vive de tal manera que, cuando te vayas, mucho de ti quede aún en aquellos que tuvieron la suerte de encontrarte” (Anónimo)

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"Fechas que humanizan"

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Hoy se celebra el Día Internacional de Nelson Mandela, en homenaje a ese gran hombre que luchó por la igualdad, la paz y la justicia, hasta que nos dejó a los 95 años, en 2013. Hoy, hubiera cumplido 97, y tomando el día de su nacimiento, la Asamblea General de la ONU proclamó el 18 de julio como la fecha en que sería recordado por su contribución a un mundo mejor.

El hombre que entonó entre otras muchas, la consigna: “Podemos cambiar el mundo, y hacer que sea un mundo mejor. Está en tu mano hacerlo realidad”, dedicó su vida al servicio de la humanidad, trabajando por la paz, como abogado defensor de los derechos humanos, como preso de conciencia durante 27 años, y después como presidente de su amada Sudáfrica.

Hace un año que tuve ocasión de asistir a una interesante conferencia con varios ponentes, bajo el título “Nuevos líderes para nuevos tiempos”. Uno de ellos, Federico Mayor Zaragoza, que fue Director de la Unesco durante trece años, aprovechó su ponencia para contar algunas de sus vivencias, a lo largo de tantos años, con su amigo Nelson Mandela. Aquello fue fabuloso. Antes de entrar, yo no podía imaginar que tendría el privilegio de conocer de primera mano la grandeza de aquel hombre, que no dejó de luchar un segundo en su larga vida porque las cosas cambiaran.

Yo reconozco que me emocioné muchísimo cuando escuché a F. Mayor Zaragoza, contar con el entusiasmo propio de un chaval que empieza a vivir cómo, a su vez, él se emocionaba, en el 60 aniversario de la Declaración Universal  de los Derechos Humanos, “cuando ví a una persona de 90 años recitando de memoria y con lágrimas en los ojos, el preámbulo de la declaración universal”. Emoción que contagió a un auditorio que aquella mañana de enero, no pestañeaba para no perder detalle.

“Cómo él no se cansó nunca de manifestar –continuó-, el contenido de este preámbulo es para liberar a la humanidad del miedo, un miedo que, muchas veces, hace que no actuemos, que seamos, en el fondo, lo que siempre hemos sido los seres humanos. La gente nacía, vivía y moría en espacios pequeños, no conocía más que lo que sucedía en un entorno de 50 Kms cuadrados: un proceso de anonimato, de invisibilidad, de temor, de obediencia. Han sido súbditos, no ciudadanos. Muchas personas han tenido que entregar su vida, que es lo único que tenían, a los designios del poder”.

Mientras todos aplaudíamos aquellas palabras, Mayor Zaragoza echaba mano del vaso de agua que tenía a su derecha, y aprovechaba para refrescarse la garganta. Antes de que le diera tiempo a recuperarse, ya entonaba con más entusiasmo, si cabe, otra de las costantes por las que apostó siempre su amigo Mandela. “La educación no es aprender Inglés ni Matemáticas, -sentenció, parafraseándole- . Educar es formar a personas libres y responsables.

En el contexto de aquella conferencia, prosiguió: “Ésta es otra de las reflexiones que hoy es importante hacer en voz alta para estos nuevos líderes, para que estos ejemplos nos hagan cambiar. Tenemos que atrevernos, atrevernos sin conocimiento es muy peligroso, pero NO atrevernos cono conocimiento, hace que éste sea inútil. Por lo tanto, tenemos esa capacidad de liderazgo que tuvo él”.

Cada año, desde hace ya séis, la Fundación "Nelson Mandela", pide a todos los que puedan, dedicar 67 minutos, es decir, uno por cada año de los que dedicó el líder africano a trabajar en beneficio de la Humanidad, a que los dediquen a  pequeños o grandes gestos de solidaridad con quienes lo necesiten, que no miremos para otro lado cuando vemos lo que es incómodo a la vista.

En cualquier caso, y ya lo he manifestado públicamente en más de una ocasión, no soy muy partidaria de los “Días de…”, aunque si sirven para concienciarnos algo más, o simplemente percatarse de algo en lo que ni siquiera pensamos en nuestro día a día, bienvenidos sean. Desde aquí, solo quiero aprovechar este día para recordar algunas de las máximas que trazaron el camino de Nelson Mandela, y que si, cada uno de nosotros, recordara cada día, todos contribuiríamos, con toda seguridad, a un mundo algo mejor. Parafraseando a la Madre Teresa de Calcuta, es cierto que a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo como una gota en el mar, pero, desde luego, el mar sería menos si le faltara esa gota. El mundo tiene que ir a mejor, todos y cada uno debemos hacerlo posible. Es una responsabilidad compartida.

“Todo parece imposible hasta que se hace”..

“La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”.

“La mayor gloria no es caer, sino levantarse siempre”

“Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente el miedo, sino aquel que conquista ese miedo”.

“Nada resulta tan deshumanizador como la ausencia de contacto humano”.

“La prisión me había robado la libertad, pero no los recuerdos”.

“Aprendí que humillar a otra persona es hacerle sufrir un destino innecesariamente cruel”.

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”

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18/07/2015 19:51 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

In memoriam: La grandeza tiene nombre de mujer

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En algunas ocasiones, la grandeza tiene nombre propio. Esta vez de mujer. Claudia fue el tuyo, aunque yo te llamara mamá. Un nombre egregio y con fuerza, la tuya, esa que has tenido siempre, esa que te llevó a no abandonar la lucha en una vida complicada y llena de avatares y sinsabores.

Un ser humano lleno de luz y alegría vino al mundo un día de octubre de un lejano 1928. Desde muy pronto, destacó tu espontaneidad, tu simpatía y carácter extrovertido.  Fuíste la cuarta de seis hermanos de una familia humilde, en la que, desgraciadamente, el padre murió repentinamente y demasiado joven.  Con apenas cinco años, este hecho marcó un antes y un después en esa todavía corta vida, y te llevó a vivir con una prima hermana de  tus padres, que te crió como a una hija, y derrochó día a día tanta generosidad, amor y  entrega, que lo que tú ya traías “de serie”, se elevó a la enésimla potencia, como por arte de magia.

Aunque os parezca extraño, me resulta más difícil de lo que creía trazar esta semblanza, y no sólo porque yo sea su hija. ¿Cómo contaros que desde niña, vivió siempre para los demás, siempre olvidándose de sí misma para cuidar de quienes tenía cerca, siempre poniéndose en el lugar del otro, o, lo que es lo mismo, la empatía personificada? Vivió en muchas ocasiones el dolor ajeno como propio. Acumuló vivencias de una guerra y una posguerra que nunca debieron ocurrir. Como tantos otros, a la edad en que debía estar jugando, tuvo que hacerse mayor de repente para poder “digerir” tanta sinrazón, y ayudar a los suyos en todo lo que pudiera, como si fuera un adulto más. ¡Duras vivencias que fortalecieron su espíritu de lucha, aunque no mermaron ni un ápice su enorme sensibilidad!

Sensibilidad ante la desdicha y el sufrimiento, donde quedó patente su categoría como ser humano, desplegando amor, generosidad y entrega a los demás a raudales. Pero sensibilidad también ante la belleza, y el arte. Sobre todo, a ese que llaman “el séptimo”. Como no vivió precisamente lo que se suele conocer como una vida “de película”, pronto sintió y vivió el cine como un lugar al que volar y proyectar esperanzas y sueños incumplidos. Se convirtió en una bella joven, cuya prioridad fue trabajar duro para ayudar en casa en unos tiempos muy difíciles, que se le hacían más cuesta arriba con episodios de salud frágil, y entradas al hospital. Aún así, siempre vivió regalando sonrisas para hacer más llevadera la vida de cuantos tenía a su alrededor, y, sobre todo, para que nadie sufriera por su causa.

Como en algunas de sus películas favoritas, “Gilda”, “Casablanca”, “Laura”, parece ser que, sin proponérselo “rompió” algunos corazones, aunque, desde luego, nunca se atrevió a dejarse llevar por la pasión y el amor, como sí lo hicieron en la pantalla su admirada Rita Hayworth, la bellísima Gene Tierney, o, la gran Ingrid Bergman, que fue bautizada años después por algunos de nosotros como “su doble”, debido al parecido que guarda en la fotografía que ilustra este post con la mítica actriz sueca.

Aún recuerdo las veces que me habrá contado el día en que alguien que se identificó como productor cinematográfico, le abordó en una céntrica calle de Madrid y le extendió su tarjeta animándola a llamarle. Estaban buscando a alguien “así”.  Yo siempre le decía que por qué no lo había intentado. Ella siempre contestaba lo mismo: “Nunca me hubiera atrevido ni siquiera a comentarlo en casa. Eran otros tiempos, y la gente del cine no estaba bien vista”.

En fin, nunca sabremos si hubiera triunfado, aunque yo creo que hubiera sido magnífica también en eso. Pasó el tiempo, se casó y tuvo 3 hijos. La primera, una niña que colmó de felicidad el matrimonio. Después un niño, y más tarde, un tercero. Tres vidas, junto con la de mi padre, a las que dedicó por completo la suya, entregándoles todo el amor de que una madre y un ser tan extraordinario es capaz.

Fue el cimiento que hizo posible llamar hogar a lo que se va construyendo día a día. Un ejemplo de constancia, lucha, generosidad y ahínco (una palabra que le encantaba, por cierto).  Una gran parte de su vida fue ama de casa, esposa y madre ejemplar, pero hubiera podido ser cualquier cosa que se hubiera propuesto: desde actriz, como ya os he contado, no me cabe la menor duda que una estupenda diplomática, una  gran diseñadora de moda o, incluso, misionera en Africa, por poner solo unos ejemplos. Nació con el don de comunicar, de todos los modos posibles, a través de la palabra, el corazón y, sobre todo, de su filantropía.

Cuando en los últimos años, esa despiadada enfermedad que te roba la memoria, y, por ende, lo que ha sido tu vida, te secuestra, un pequeño gran rescate fue la música que, como ya dijo Oscar Wilde, es el arte que más cercano se halla de los recuerdos y las lágrimas. 

Es difícil ser bella por fuera y por dentro a la vez. Y, sobre todo, en ocasiones, para quien está cerca, es muy difícil estar a la altura de tanta grandeza.

Aunque soy consciente de que tendría que nacer, por lo menos, mil veces, quiero pensar que una parte de su esencia vive en mí, y que, quizá, algo de lo bueno que alberga mi interior es, sin duda, legado suyo.

¡Vuela alto, vuela libre, querida mía!

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Volver al paraíso

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Nada es como solía ser, y todo sigue siendo como era. ¿Contradicción? ¿Paradoja? Hace un par de meses tuve la suerte de pasar unos días en un lugar al que considero un pequeño paraíso. No había vuelto allí desde que tenía 12 años, y, aunque, desde entonces, ha transcurrido lo que puede considerarse una vida entera, al llegar y mirar ese rincón, algo por dentro me dijo: “Aunque nada es como era, todo sigue igual”.  Aquellos acantilados en los que perderse, los pinos echándole un pulso al mar, la nubes, a lo lejos, abrazando el horizonte...  Pensándolo bien, no tan lejos: casi al alcance de la mano. Cuando uno tiene la certeza de que puede tocar el horizonte es porque el niño interior que lleva dentro, ha decidido presentarse sin avisar. Y no se puede hacer nada mejor que dejar que campe a sus anchas, seguirle cuando se entrega a la aventura como si no transcurrieran las horas, mientras nos recuerda todo lo que nos estamos perdiendo por no desinhibirnos un rato de vez en cuando, y acompañarle.

Antes de que me dé tiempo a cambiar la ropa del viaje por otra más cómoda y más adecuada para la ocasión, mi niña ya está entre los arbustos y las rocas, disparando su cámara, saboreando y disfrutando cada instantánea antes de inmortalizarla. Mi niña sabe que todo aquello es parte de su mundo interior más querido, pero hace tiempo que no lo ha visto, y casi había olvidado que para sentirse feliz no hace falta más que sentarse a contemplar lo que la vista alcance y dejar que esa paleta de colores, cuya belleza casi hiere, penetre, no en la retina, sino en su corazón. “Deja que el corazón se emborrache”, oigo que me susurra. Yo, que, he conseguido darle alcance, aunque sea sin el atuendo aventurero, por primera vez en mucho tiempo me dejo llevar. Y me dejo guiar. Algo ha estallado dentro de mí que no controlo, pero que, sin duda, sabe mucho mejor que yo, saborear todo lo que tengo a mi alrededor.

Durante un instante eterno en que he perdido de vista a mi niña, me invade la sensación de que nada es como era, pero cuando, de repente, la veo subida en una roca mirando eclipsada el azul del mar de media tarde, sé que todo ha vuelto a ser como era. Dentro de un momento, cuando ya no pueda reprimir más sus ganas, se fundirá con las olas, saltará, mirará hacia el horizonte una y mil veces, se girará, de vez en cuando, para contemplar la playa, casi desierta ya a esas horas, y pensará en voz alta que, mientras ella lo había perdido hace tiempo, el paraíso seguía allí sin moverse, esperando su llegada.

Aquellos días lejanos ya no parecen tan lejanos. Aquellos días de sol, paz, naturaleza, quietud, mar y canciones han vuelto. A la caída de la tarde, tras un rato de amenaconversación con el playero-hamaquero-socorrista (ya le sacan bien el “jugo”), gracioso a más no poder como buen gaditano, me entrego a las aguas,  disfrutando del baño como el más ansiado de los placeres.  Mientras el agua salada revitaliza mi cuerpo y mi espíritu, también me permito la licencia de contemplar este bendito Mediterráneo, y al hacerlo, me descubro canturreando. ¡Qué gozada! Muchos de vosotros lo sabéis, porque practicáis el sano deporte de cantar a solas, sobre todo, cuando váis en el coche,a veces a “grito pelao”, que se dice,  al compás de vuestras melodías favoritas.

¡Qué satisfacción cantar “Mediterráneo”, de Serrat, mientras sus aguas me envuelven. Cuando llego al apoteósico final:  “…  cerca del mar, porque yo nací en el Mediterráneo”, me sorprendo pronunciando en voz alta una de esas frases ocurrentes a las que soy tan dada últimamente:  “¿Qué andaría yo haciendo pa’ no nacer en el Mediterráneo?”

Después, y, como en una secuencia perfecta, Serrat me vuelve a prestar otra de sus canciones, y sus gaviotas, que quizás han acudido a la llamada de las que ya pisan la playa. Hasta el  vigorizante “Resistiré” ha hecho su aparición en las aguas transparentes de mi paraíso. “Resistiré, erguido frente a todo…” Así tiene que ser todo a partir de ahora, me dice mi criatura: transparente, cristalino, sencillo, simple y firme, a la vez. ¡A por ello, a por la VIDA, siempre!

Parafraseando una de las canciones que popularizó el recientemente desaparecido Peret, yo os recomiendo, entre otras cosas, que hurguéis en vuestro interior, busquéis a vuestro niño, y cuando aparezca le digáis: “Canta y sé feliz”.

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"Acabar con el hambre y el despilfarro" (José Antonio Busto)

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Cierto es aquello de que la vida te da sorpresas. Nunca imaginó aquel asturiano que un día estudió para químico, que tantos años después (2012), recogería en su tierra natal el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, como máximo representante de la Federación de Bancos de Alimentos de España.  Aunque aparenta bastantes menos,  Jose Antonio Busto acaba de cumplir 77 años, que han dado para mucho, especialmente desde que se jubilara como directivo en una multinacional. Enseguida percibo una personalidad arrolladora, además de un hombre inteligente, culto, exquisito en sus modales, y, por encima de todo, cercano, algo que se agradece mucho en estos días.

Tampoco imaginó nunca que esa etapa de su vida iba a ser tan intesa y tan distinta a como la hubiera podido planificar. La solidaridad llamó a su puerta en un  momento personal, difícil de afrontar como fue la pérdida de su esposa, y él la abrió de par en par, volcándose al servicio del Banco de Alimentos de Madrid.

La mañana transcurre para los voluntarios como otra cualquiera. Son personas mayores, jubilados la mayoría, y con una capacidad de trabajo , organización y rendimiento, envidiables. No en vano, “funcionamos como una empresa”, nos cuenta José Antonio Busto, que, desde hace ocho años es también el Presidente de FESBAL  (la Federación Española de Bancos de Alimentos). Los voluntarios llegan a las ocho de la mañana, sea invierno o verano, y finalizan su labor a las tres de la tarde. Esta humilde periodista tiene el privilegio de charlar con algunos de ellos y comprobar la ilusión que ponen en lo que hacen, además de que, asegura Busto, “ponen toda su formación y su  trayectoria profesional, en algunos casos de más de 30 años, al servicio de la causa. Hay expertos en todas las áreas,  que consiguen todo lo que se proponen gracias a una “buena gestión”.  Contagia entusiasmo cuando salimos de la nave y sentencia con orgullo: “Es, sin duda, el triunfo del ingenio de la gente mayor”. Puede parecer una frase con golpe de efecto, y antes de que la procese,  me pone un ejemplo. Acaban de tener una donación desde Canarias de 1.500 toneladas de plátanos, pero tenían por resolver cómo iban a traerlos desde allí. Empezaron a hacer llamadas, y entre unos y otros, que les fueron encauzando, lograron hablar con el presidente de Transmediterránea, que puso a su disposición los buques, y los plátanos llegaron a la península, libres de todo coste.

Entre esos voluntarios que andaban cargando, clasificando, empaquetando, etc … estaba Eduardo, un “jovenzuelo” de noventa y cinco años, con una sonrisa preciosa y una vitalidad que consiguió cautivarme. De hecho, nos fotografíamos juntos, y guardaré la instántanea como un pequeño tesoro, y, sobre todo, como un modelo a seguir, alguien a quien no se debe perder de vista.

Reflexiono en voz alta, y traslado a pregunta la reflexión. ¿Cómo es posible, José Antonio, que asistamos a la enorme paradoja que supone, que millones de personas pasen hambre en el mundo, mientras conocemos la realidad de que a diario se tiran a la basura kilos y kilos de alimentos?  Responde contudente:  “Lo más preocupante de todo esto es que casi la mitad de los alimentos que se tiran a la basura, concretamente el 42%, los tiramos desde los hogares. El 39% se va a la basura en la etapa de producción, el 14% se desecha desde el sector de la restauración, y solo el 5% se descarta desde las empresas de distribución, o sea, en tiendas y superficies comerciales, con las que existen acuerdos, a través de los cuales llegan a los Bancos de Alimentos.

Dada la situación de crisis que se vive en los últimos años, ante ese presunto despilfarro que se vive en muchos hogares,  es más que urgente un cambio de mentalidad. Casi puedo intuir que ha leído mi pensamiento, y me espeta con seguridad: “Ése es nuestro objetivo, acabar con el hambre y con el despilfarro, simultáneamente".

España cuenta con ya con 55 Bancos de Alimentos , repartidos a lo largo de todo el país, y mueven 104 kilos de millones al año. A pesar de la crisis, han crecido un 20% anual desde 2010 y sirven de ejemplo entre los bancos europeos. Los proveedores son fabricantes, grandes superficies y cadenas de alimentación que disponen de alimentos en buenas condiciones y sobrantes por puntas de producción o baja demanda. Los beneficiarios son asilos, centros de acogida y otras instituciones de apoyo a discapacitados, inmigrantes, dependientes o enfermos de sida. El trabajo que realizan consiste en gestionar de manera eficaz ese circuito de distribución.

Estoy contenta de haber venido a conocer de primera mano el Banco de Alimentos de Madrid, de haber participado de la alegría que contagian estos voluntarios tan especiales, mientras trabajan. Ellos son el ejemplo de lo que acababa de decirme su “jefe” en el despacho: “Hace falta una solidaridad que se base no sólo en el sentimiento, sino en la racionalidad”. El hombre al que le apasiona leer Historia, y que pronto dejará de presidir la Federación, para dar oportunidad a otras personas, y dedicarse, por fin, algo de tiempo a sí mismo, me cita a Aristóteles, para defender esa solidaridad en mayúsculas, “la capacidad que tengo de hacer, apetezca o no apetezca”. Ahí residen valores como la determinación y el auténtico compromiso. Ese hombre ejemplar se llama José Antonio Busto Villa.

  “Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres”. (Mahatma Gandhi)

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25/03/2014 01:53 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿EL TIEMPO PASARÁ?

 Ya estamos otra vez aquí, a 31 de diciembre, esperando que “nos den las uvas”, y “sin vender una escoba”.  ¡Hay que jorobarse! (Por no decir algo que suena peor). SÍ, los que aún no os lo creéis: ya ha pasado un año de aquella noche en la que estrenábamos este 2013. Algunos se aferran como a un clavo ardiendo, a lo de que se acaba la “mala suerte” con su marcha (por aquello del 13). Otros suman los números que componen la cifra 14, y el 5 que da como resultado no les dice nada. Son mayoría, quiero pensar, los que, a pesar de los pesares, han sabido guardar, no sé muy bien cómo, un resquicio de esperanza.   

Esa vocecilla interior a la que he aludido en otras ocasiones, se pone de repente en modo ON, y me susurra al oído: 

“Coraje de vivir que diría Lola Flores, vivir derrochando coraje es lo que os está haciendo más falta que el comer. Hay que “tirar palante”, ahora más que nunca. Como dicen en algunos sitios, “patrás” ni pa coger impulso, y así debe ser. El pasado no es nada, ha dejado de ser. Es una nube borrosa, que se desdibuja, o ya casi ni se divisa. El futuro tampoco es nada, al menos nada tangible, porque nunca estaremos en él. Cuando llegue, ya será presente, el único tiempo que cuenta. Es en el presente donde vivimos, o donde nos “desvivimos” por tanto pasado ingrato y tanto futuro incierto. Por este motivo,  no lo estamos viviendo de verdad, pero me temo que es la única cosa que os debe preocupar.

Mañana, a estas horas, será año nuevo. Muchos estaréis empezando a hacer la digestión de otra comilona más. Otros la perdonarán directamente porque acabarán de acostarse, con un resacón de aquí te espero. Muchos no tendrán ni comida,  ni resacón: seguirán, simplemente, esperando. Casi todo el mundo se habrá hecho en las primeras horas del recién estrenado 2014 un sinfín de buenos propósitos, y, en definitiva, de anhelos de cambioDemasiada teoría, siempre, y práctica casi nula .

¿Por qué? Enigmas del ser humano, que se acomoda, se acomoda, y, consciente o inconscientemente, piensa que ya habrá tiempo, que éste es inagotable. Y así es en realidad, así viene siendo “desde tiempos inmemoriales”, que diría si esto fuera una novela, y no cuatro reflexiones mal puestas. Hasta las canciones más nostálgicas  lo proclaman. ¿Quién no recuerda “El tiempo pasará”? Cuando Ingrid Bergman, le pedía al viejo Sam que la tocara otra vez, en un intento por recuperar aquel París, que “siempre nos quedará”, poco podía imaginar la bella rubia de “Casablanca” que el tiempo no pasa. Alguien a quien yo quise mucho, y que si aún viviera, tendría ya la catalogación de centenaria, me dijo, siendo yo niña, algo que no he podido olvidar: “El tiempo no pasa, los que nos pasamos somos nosotros”. Verdades de esta magnitud sólo las arrojan quienes, a pesar de su escasa formación, se han licenciado muchas veces en la universidad de la vida. Una vida en la que no han faltado la risa, el llanto, una guerra, el trabajo duro y la escasez, pero, sobre todo, el amor y la entrega a los demás.

Quien asevera con rotundidad que somos nosotros los que nos “pasamos” y NO el tiempo, sólo puede ser alguien que ha vivido, intensamente la vida. Para bien y para mal (lo intenso es así)".

Parece que la vocecilla se ha callado de una vez. Menos mal, porque ahora soy yo quien pronuncia en voz alta estas palabras ante un auditorio invisible:

“Personas anónimas y ajenas a la sabiduría que atesoran en su interior. Me enorgullece saber que yo tuve la suerte de conocer a una de ellas y compartir muchas vivencias”.

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31/12/2013 17:17 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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