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"El derecho vital a decidir"

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Recuerdo perfectamente el día en que me llegó una petición de mi firma apoyando el caso de Maribel Tellaetxe, una madre de Portugalete (Vizcaya), enferma de Alhzéimer, que cuando fue diagnosticada, doce años atrás, pidió a sus hijos y a su marido que el día que no los reconociese, la dejaran marchar. Desgraciadamente, puedo dar fe de que, cuando se encuentra avanzada, ésta es una de las enfermedades más duras para quien la sufre, y para los familiares directos. Recuerdo con nitidez las lágrimas que derramé mientras aportaba mi firma electrónica tras leer uno de los párrafos en los que la familia de Maribel relató lo que ella les había rogado:  "Pidió no vivir sin lucidez, pidió no vivir con dolor, pidió no vivir sin poder recordar... Pidió no vivir así. Y así precisamente lo hizo constatar en su Documento de Voluntades Anticipadas, el conocido como ’Testamento Vital’, cuando estaba en plenas facultades mentales. Pero nosotros no podemos cumplir con su voluntad, porque el Estado determina que mi ama debe seguir sufriendo".

Aunque consiguieron presentar más de 300.000 firmas apoyando su causa ante el Congreso de los Diputados, no lo consiguieron: Maribel murió en marzo de 2019. En abril de ese mismo año, la opinión pública conocía otra terrible historia: la de Maria José Carrascosa, enferma terminal de esclerosis múltiple, una enfermedad que le fue diagnosticada 30 años atrás, y que la mantenía absolutamente dependiente, víctima de un gran sufrimiento, causado por dolores que ya no calmaba la morfina, y agravado por tener la consciencia de verse a sí misma en ese lamentable e irreversible estado. Fueron muchas las veces en que pidió a su marido Ángel que le ayudara a irse de una forma digna y, así, dejar de sufrir, e indirectamente, hacerle sufrir a él. Ángel confíaba en que la ley de Eutanasia llegara pronto, pero no fue así y no tuvo otra alternativa que ceder al deseo de María José. 

 

¡Qué doloroso debe ser que alguien tan cercano te pida eso, una y otra vez! Pero, si nos viéramos inmersos en una situación parecida, ¡Qué doloroso sería, también, día tras día, con todos sus minutos, año tras año, ver a esa persona que has querido y quieres tanto, presa de un sufrimiento inhumano, y con la impotencia de no poder hacer nada para aliviarlo!
Doy ahora un salto en el tiempo, y también tiene un hueco en mi memoria un recuerdo de hace veinte años. ¡Ya es casualidad! Exactamente hoy se cumplen 20 años del día en que dirigí y presenté en televisión (para la cadena Localia TV, del grupo Prisa), un debate sobre la Eutanasia. No me atrevo a decir si fue el primero en un medio televisivo, pero, desde luego, no era un tema de los que habitualmente se debatía en los medios de comunicación. En aquel momento, ya existía la Asociación "Derecho a Morir Dignamente", que orientaba y asesoraba a la población sobre estas cuestiones. Recuerdo que contamos con la presencia de un abogado perteneciente a dicho colectivo. En la parte opuesta, un representante del Obispado, por parte de la Diócesis de Getafe, una de las dos (Diócesis), en que se divide la llamada "Provincia Eclesiástica de Madrid". Además, pudimos contar también con la presencia de otros dos contertulios, ambos docentes, y con posturas ideológicas opuestas: uno declarado conservador, y el otro, progresista.  

Aquella noche se habló mucho del derecho a la vida, del derecho a morir cuándo y cómo uno decida, al contexto ético, humano y legal que el asunto lleva implícito. Pero ahí se quedó.

En estas dos décadas, y, en parte, debido al considerable porcentaje de la sociedad (Más de un 80%), que demandaba legislación, hoy, por fin, la ley de Eutanasia es un hecho, para que, llegado el momento, y quienes estén en un proceso de enfermedad irreversible, agonía y/o sufrimiento indecible, puedan tener la opción de morir dignamente, en un contexto sanitario y legal, con todas las garantías, y NO clandestinamente, como, tal vez, haya ocurrido in extremis en tantas ocasiones, hasta ahora.
La despenalización de la muerte asistida implica la libertad de ejercer un derecho inalienable a todo ser humano: el de poder decidir sobre la propia vida. Según el borrador de dicha ley, la autonomía y la libertad del paciente quedan amparadas, ya que "no existe un deber constitucional de imponer o tutelar la vida a toda costa y en contra de la voluntad de la persona".
Esta humilde periodista aplaude esta iniciativa, por muchas razones y también por haber tenido ocasión durante los últimos diez años de haber visto morir a personas cercanas, y no siempre en las condiciones más deseables. Sé que hay posturas contrarias, y las respeto. En eso precisamente, se cimenta la democracia. Lo que no consigo dejar de preguntarme, cuando algun@s dicen que la vida está por encima de todo, y que hay que defenderla, es ¿Dónde están ell@s cuando ven que muchas personas mueren en las pateras, ó mueren de hambre en países que, además están asolados por guerras eternas, ó les quitan su trabajo, su casa, su vida, y están peor que muertos, es decir "muertos en vida". ¡Por cierto, ésa sí que podemos afirmar sin temor a equivocarnos que es una de las peores muertes, y desde luego NO una muerte digna!
18/12/2020 19:55 MERCEDES GÓMEZ VERDEJO Enlace permanente. sin tema

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