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"Acabar con el hambre y el despilfarro" (José Antonio Busto)

"Acabar con el hambre y el despilfarro" (José Antonio Busto)

Cierto es aquello de que la vida te da sorpresas. Nunca imaginó aquel asturiano que un día estudió para químico, que tantos años después (2012), recogería en su tierra natal el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, como máximo representante de la Federación de Bancos de Alimentos de España.  Aunque aparenta bastantes menos,  Jose Antonio Busto acaba de cumplir 77 años, que han dado para mucho, especialmente desde que se jubilara como directivo en una multinacional. Enseguida percibo una personalidad arrolladora, además de un hombre inteligente, culto, exquisito en sus modales, y, por encima de todo, cercano, algo que se agradece mucho en estos días.

Tampoco imaginó nunca que esa etapa de su vida iba a ser tan intesa y tan distinta a como la hubiera podido planificar. La solidaridad llamó a su puerta en un  momento personal, difícil de afrontar como fue la pérdida de su esposa, y él la abrió de par en par, volcándose al servicio del Banco de Alimentos de Madrid.

La mañana transcurre para los voluntarios como otra cualquiera. Son personas mayores, jubilados la mayoría, y con una capacidad de trabajo , organización y rendimiento, envidiables. No en vano, “funcionamos como una empresa”, nos cuenta José Antonio Busto, que, desde hace ocho años es también el Presidente de FESBAL  (la Federación Española de Bancos de Alimentos). Los voluntarios llegan a las ocho de la mañana, sea invierno o verano, y finalizan su labor a las tres de la tarde. Esta humilde periodista tiene el privilegio de charlar con algunos de ellos y comprobar la ilusión que ponen en lo que hacen, además de que, asegura Busto, “ponen toda su formación y su  trayectoria profesional, en algunos casos de más de 30 años, al servicio de la causa. Hay expertos en todas las áreas,  que consiguen todo lo que se proponen gracias a una “buena gestión”.  Contagia entusiasmo cuando salimos de la nave y sentencia con orgullo: “Es, sin duda, el triunfo del ingenio de la gente mayor”. Puede parecer una frase con golpe de efecto, y antes de que la procese,  me pone un ejemplo. Acaban de tener una donación desde Canarias de 1.500 toneladas de plátanos, pero tenían por resolver cómo iban a traerlos desde allí. Empezaron a hacer llamadas, y entre unos y otros, que les fueron encauzando, lograron hablar con el presidente de Transmediterránea, que puso a su disposición los buques, y los plátanos llegaron a la península, libres de todo coste.

Entre esos voluntarios que andaban cargando, clasificando, empaquetando, etc … estaba Eduardo, un “jovenzuelo” de noventa y cinco años, con una sonrisa preciosa y una vitalidad que consiguió cautivarme. De hecho, nos fotografíamos juntos, y guardaré la instántanea como un pequeño tesoro, y, sobre todo, como un modelo a seguir, alguien a quien no se debe perder de vista.

Reflexiono en voz alta, y traslado a pregunta la reflexión. ¿Cómo es posible, José Antonio, que asistamos a la enorme paradoja que supone, que millones de personas pasen hambre en el mundo, mientras conocemos la realidad de que a diario se tiran a la basura kilos y kilos de alimentos?  Responde contudente:  “Lo más preocupante de todo esto es que casi la mitad de los alimentos que se tiran a la basura, concretamente el 42%, los tiramos desde los hogares. El 39% se va a la basura en la etapa de producción, el 14% se desecha desde el sector de la restauración, y solo el 5% se descarta desde las empresas de distribución, o sea, en tiendas y superficies comerciales, con las que existen acuerdos, a través de los cuales llegan a los Bancos de Alimentos.

Dada la situación de crisis que se vive en los últimos años, ante ese presunto despilfarro que se vive en muchos hogares,  es más que urgente un cambio de mentalidad. Casi puedo intuir que ha leído mi pensamiento, y me espeta con seguridad: “Ése es nuestro objetivo, acabar con el hambre y con el despilfarro, simultáneamente".

España cuenta con ya con 55 Bancos de Alimentos , repartidos a lo largo de todo el país, y mueven 104 kilos de millones al año. A pesar de la crisis, han crecido un 20% anual desde 2010 y sirven de ejemplo entre los bancos europeos. Los proveedores son fabricantes, grandes superficies y cadenas de alimentación que disponen de alimentos en buenas condiciones y sobrantes por puntas de producción o baja demanda. Los beneficiarios son asilos, centros de acogida y otras instituciones de apoyo a discapacitados, inmigrantes, dependientes o enfermos de sida. El trabajo que realizan consiste en gestionar de manera eficaz ese circuito de distribución.

Estoy contenta de haber venido a conocer de primera mano el Banco de Alimentos de Madrid, de haber participado de la alegría que contagian estos voluntarios tan especiales, mientras trabajan. Ellos son el ejemplo de lo que acababa de decirme su “jefe” en el despacho: “Hace falta una solidaridad que se base no sólo en el sentimiento, sino en la racionalidad”. El hombre al que le apasiona leer Historia, y que pronto dejará de presidir la Federación, para dar oportunidad a otras personas, y dedicarse, por fin, algo de tiempo a sí mismo, me cita a Aristóteles, para defender esa solidaridad en mayúsculas, “la capacidad que tengo de hacer, apetezca o no apetezca”. Ahí residen valores como la determinación y el auténtico compromiso. Ese hombre ejemplar se llama José Antonio Busto Villa.

  “Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres”. (Mahatma Gandhi)

¿EL TIEMPO PASARÁ?

 Ya estamos otra vez aquí, a 31 de diciembre, esperando que “nos den las uvas”, y “sin vender una escoba”.  ¡Hay que jorobarse! (Por no decir algo que suena peor). SÍ, los que aún no os lo creéis: ya ha pasado un año de aquella noche en la que estrenábamos este 2013. Algunos se aferran como a un clavo ardiendo, a lo de que se acaba la “mala suerte” con su marcha (por aquello del 13). Otros suman los números que componen la cifra 14, y el 5 que da como resultado no les dice nada. Son mayoría, quiero pensar, los que, a pesar de los pesares, han sabido guardar, no sé muy bien cómo, un resquicio de esperanza.   

Esa vocecilla interior a la que he aludido en otras ocasiones, se pone de repente en modo ON, y me susurra al oído: 

“Coraje de vivir que diría Lola Flores, vivir derrochando coraje es lo que os está haciendo más falta que el comer. Hay que “tirar palante”, ahora más que nunca. Como dicen en algunos sitios, “patrás” ni pa coger impulso, y así debe ser. El pasado no es nada, ha dejado de ser. Es una nube borrosa, que se desdibuja, o ya casi ni se divisa. El futuro tampoco es nada, al menos nada tangible, porque nunca estaremos en él. Cuando llegue, ya será presente, el único tiempo que cuenta. Es en el presente donde vivimos, o donde nos “desvivimos” por tanto pasado ingrato y tanto futuro incierto. Por este motivo,  no lo estamos viviendo de verdad, pero me temo que es la única cosa que os debe preocupar.

Mañana, a estas horas, será año nuevo. Muchos estaréis empezando a hacer la digestión de otra comilona más. Otros la perdonarán directamente porque acabarán de acostarse, con un resacón de aquí te espero. Muchos no tendrán ni comida,  ni resacón: seguirán, simplemente, esperando. Casi todo el mundo se habrá hecho en las primeras horas del recién estrenado 2014 un sinfín de buenos propósitos, y, en definitiva, de anhelos de cambioDemasiada teoría, siempre, y práctica casi nula .

¿Por qué? Enigmas del ser humano, que se acomoda, se acomoda, y, consciente o inconscientemente, piensa que ya habrá tiempo, que éste es inagotable. Y así es en realidad, así viene siendo “desde tiempos inmemoriales”, que diría si esto fuera una novela, y no cuatro reflexiones mal puestas. Hasta las canciones más nostálgicas  lo proclaman. ¿Quién no recuerda “El tiempo pasará”? Cuando Ingrid Bergman, le pedía al viejo Sam que la tocara otra vez, en un intento por recuperar aquel París, que “siempre nos quedará”, poco podía imaginar la bella rubia de “Casablanca” que el tiempo no pasa. Alguien a quien yo quise mucho, y que si aún viviera, tendría ya la catalogación de centenaria, me dijo, siendo yo niña, algo que no he podido olvidar: “El tiempo no pasa, los que nos pasamos somos nosotros”. Verdades de esta magnitud sólo las arrojan quienes, a pesar de su escasa formación, se han licenciado muchas veces en la universidad de la vida. Una vida en la que no han faltado la risa, el llanto, una guerra, el trabajo duro y la escasez, pero, sobre todo, el amor y la entrega a los demás.

Quien asevera con rotundidad que somos nosotros los que nos “pasamos” y NO el tiempo, sólo puede ser alguien que ha vivido, intensamente la vida. Para bien y para mal (lo intenso es así)".

Parece que la vocecilla se ha callado de una vez. Menos mal, porque ahora soy yo quien pronuncia en voz alta estas palabras ante un auditorio invisible:

“Personas anónimas y ajenas a la sabiduría que atesoran en su interior. Me enorgullece saber que yo tuve la suerte de conocer a una de ellas y compartir muchas vivencias”.

Noticias en la basura ó La basura de las noticias

Noticias en la basura ó La basura de las noticias

Cuando ya no puedo más, ordeno con mi dedo al mando a distancia que silencie esa voz. Pero el gesto no es suficiente. La voz calla, pero por encima de ella se alza la imagen: contundente, agresiva y desafiante. Ya no es necesario ir al circo para ser espectadores del “más difícil todavía”. Y mucho menos al cine: hace ya mucho tiempo que la realidad superó con creces a cualquier atisbo de ficción.

Decido, por tanto, fulminar también la imagen y salir, antes de que se esfume el sol, a caldear un poco mi corazón y a recibir el aire frío de noviembre en el rostro. Una voz interior me dice que eso me ayudará a despejarme y  a evadirme un rato de esta ingrata realidad. No tardaré mucho en comprobar lo equivocada que anda esta voz, a la que, por cierto, no puedo silenciar con ningún mando.

Tras cruzar el paso de peatones que hay frente a mi portal, me detiene una escena que mi retina acaba de captar. ¿Cómo contarlo?  No, prefiero recurrir a la imagen, porque temo que mi descripción no sea lo suficientemente “gráfica”.

Miro de nuevo la secuencia y, por un momento, me inquieto ante la posibilidad de que el hombre que tiene medio cuerpo en uno de los contenedores de la basura, acabe cayendo de cabeza, y sea engullido por éste, debido al simple efecto de la ley de la gravedad. ¡Qué paradoja acordarse de esta “gravedad” ahora, cuando la “gravedad” de la situación actual es lo que le ha llevado a esto. Miro a ambos lados de la calle por si alguien ha sido testigo de mi estupor. Parece una estupidez, pero, por un instante ha pasado por mi cabeza que, si el hombre supiera que alguien le está observando en un momento así, no le haría ninguna gracia. Incluso alguien podría acusarme de estar “invadiendo” su espacio, o su derecho a la intimidad. Pero, puede alguien explicarme cómo se consigue intimidad y dignidad cuando se vive en la calle, y cuando el quehacer de cada día consiste en hacer malabarismos introduciendo medio cuerpo en el cubo de la basura, para  aprovisionarse y subsistir con lo que otros tiran?

Intento continuar con el recorrido de mi paseo, como si no pasara nada, como si no hubiera visto nada. De hecho, me lanzo calle abajo, pero apenas he recorrido unos metros, me detengo para agacharme, simulando que me ajusto el zapato, para, así, poder girar la cabeza sin que se note mucho. El hombre, ajeno a todo, está introduciendo algo en un viejo carrito de la compra. No tarda en saltar y meterse de nuevo en el container. Mientras me incorporo y sin dejar de mirar a mi alrededor, como si yo fuera un delincuente al que buscan, saco con torpeza de un bolsillo mi teléfono móvil para convencerme a mi misma, que esta vez es “de verdad”, que no lo he visto en las noticias de mediodía.

 Decido no continuar mi paseo y volver a casa. Vuelvo como "poseída" y pulso, sin darme apenas cuenta,  el interruptor del mando de la tele. En el primer canal que aparece, está a punto de finalizar el informativo. En ese momento dan cuenta de la presentación de las memorias de otro ex presidente del gobierno.  Me sorprendo a mí misma, aunque no estoy nada pendiente de estas cosas, contando mentalmente.  En lo que va de semana, creo que con éste son cuatro los que nos intentan vender su libro.

 Instintivamente también, digo en voz alta: “Si los escriben es porque alguien los leerá”. Después, a modo de resumen, finaliza con las noticias más importantes de la jornada, entre las que se encuentran el capítulo 4.520 de las investigaciones de un tremendo crimen, la enésima operación de cadera del rey y una entrevista radiofónica que ha concedido el presidente Rajoy. Por cierto, D. Mariano, ¿Para cuándo sus memorias? No deje pasar esta oportunidad y súbase a la temporada otoño-invierno de los libros que lo cuentan todo y nada a la vez.  Quizá cualquier día coincida firmando ejemplares en unos grandes almacenes con su amiga Belén Esteban, que también ha estrenado libro estos días, y tengan ocasión de charlar un ratito más que el día en que se conocieron en la fiesta de un periódico. Si ella volviera a preguntarle por la situación del país, no le diga que está mejorando, por favor. Para eso, simplemente, aconséjele que vea las noticias, donde el hombre del contenedor, nunca estará en los titulares del día. O tal vez, sí. Nunca se sabe. Como dedica a ello todo su tiempo, es posible que encuentre en la basura un billete de lotería premiado. Será entonces, tras haber gastado su fortuna, cuando escriba sus memorias.

"La extraña pareja: lo público/lo privado"

"La extraña pareja: lo público/lo privado"

 

Nunca antes dos vocablos antónimos dieron tanto juego. PÚBLICO. PRIVADO. Y, desde luego, nunca antes aparecían “juntos” con tanta frecuencia,  bien en las bocas de todo el mundo, o revestidos de la palabra escrita.

Mientras asistimos a diario al bombardeo que nos ofrecen los informativos sobre la sanidad pública, la educación pública, la sanidad privada, la educación privada, apropiación indebida de lo público, dinero público, suelo público, empleado público, gestión privada de lo público, gestión pública de lo privado (esto ya no sé si existe, quizá estoy dando ideas)…  el “público”, o sea, el ciudadano de a pie no puede más, no hay cerebro humano que pueda procesar tanto vocablo opuesto, utilizado con simultaneidad. Por cierto, si alguien puede aclararme si es correcto cerebro público, o cerebro privado, quedaré muy agradecida.

Si vamos analizando las distintas acepciones que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española, del vocablo “público,ca”, podríamos, sin proponérnoslo, elaborar un monólogo brillante y triunfar en “El Club de la Comedia”. La primera que nos encontramos dice: “Sabido o conocido por todos”, y pone como ejemplo (la RAE es así de detallista): “Su separación ya es pública”. Y yo que siempre estoy preguntándome algo, no puedo dejar de preguntarme en quién estarían pensando los de la Real Academia el día que les tocó emplearse a fondo con lo “público”. Quizá ya se habían separado algunos de los matrimonios más famosos del país. No, no puede ser, porque ahora que caigo, eso entra dentro del ámbito “privado” de cada uno.  ¿Fue una institución tan solemne y veterana la precursora de los programas televisivos del “corazón”? No lo creo, pero de lo que sí estoy segura es de que mientras algunos/as se forran a costa de lo “público”, otros/as hacen su agosto haciendo “pública” su vida “privada”.

Me disponía a borrar lo que acabo de escribir, pero he pensado que no lo voy a hacer, es mejor corregir. Así se deja constancia: “Mientras algunos se forran a costa de lo público...” Hay que hablar con propiedad, mi niña, me dice una vocecilla interior que, últimamente, no logro acallar. Así que, habría que sustituir el adjetivo “algunos” por el superlativo “muchísimos”. Por cierto, y no es broma, si buscáis en el Diccionario de nuestra querídisima Real Academia (“rae” para los amigos), la palabra “alguno,a”, después de la definición, que todos conocemos, la frase que pone como ejemplo es ésta: “Algunos hay que no se sorprenden por nada”. Yo tampoco, queridos académicos. En verdad os digo, poniéndome a la altura de vuestra solemnidad, que “algunos” debéis ser visionarios, o videntes, o, quizá, las dos cosas juntas. No, no os apresuréis a tacharme de exagerada, o extremista (que se lleva más, puestos a elegir). Sólo tenéis que consultar la segunda acepción que nos da la academia del significado de “público,ca”: “Del estado o de sus instituciones, o que está controlado por ellos”. La definición es de matrícula de honor, pero, como siempre, la práctica supera a la teoría. La frasecita que ponen esta vez como ejemplo para asegurarse de que nos hemos enterado de lo que quiere eso decir, llega al grado de profecía: “El Gobierno procederá a la privatización de algunas empresas públicas”. ’Llegados a este punto’, o, ’dicho lo cual’ (dos de las frases más utilizadas por los tertulianos televisivos de este país), seguro que a muchos se os pasa por la cabeza lo mismo que a mí. ¿Es posible que éstos de la RAE sean adivinos, o, quizá, haya algún infiltrado en el Gobierno? La verdad es que, aunque la primera posibilidad no es moco de pavo, a mí me parece más interesante la segunda, porque, puestos a imaginar, si fuera así, parecería una peli de espías a lo Hitchcock. Lo que yo os decía antes, unos adelantados a su tiempo. Deslumbrada me tienen.

He descubierto un juego (aunque no sea de mesa) que no está mal para los que estén hartos de hacer sopas de letras, crucigramas, leer el periódico o ver telediarios. Tomad asiento en vuestro sillón favorito, diccionario en mano, y buscad, aunque ya lo sepáis, el significado de las palabras que se os vayan ocurriendo. De este modo podréis analizar vuestra capacidad de sorpresa cuando leáis la frase con la que se ilustra dicho significado.  La mayoría de las veces el resultado será una sesión de risoterapia gratis, que mira que tiene guasa el asunto (nunca mejor dicho), que hoy día hay que pagar hasta para reírse. Como diría Lina Morgan: “no, hija, NOOOO”. Ya os doy yo alguna idea para que esto siga siendo subvencionado del todo, aunque sea por lo “privado” (hombre, que cada uno se ría de lo que le dé la “real” gana). O, por lo “público”, que el caso es reírse, aunque sea porque otros nos lo pongan en bandeja. Por cierto, no me ha gustado nada otra de las acepciones que veo del significado de “público”, referido a ’personaje público’ Transcribo, para que no os molestéis: “El gran público: conjunto de personas sin formación específica sobre un tema”. Mira que lo siento, pero  (permítaseme la expresión), éstos de la “rae” me lo han puesto “a huevo”, que se dice. ¿En quién estarían pensando cuando redactaron esa definición? ¡Qué pregunta tan buena, si existiera aún el “Un, dos, tres…” Aunque por no calcular a cuántos céntimos de euro equivaldrían las 25 pesetas de cada respuesta, doy dinero, eso sí, mejor del “público”, que del “privado” me acabo de quedar sin cinco, después de pisar la playa en Semana Santa por primera vez. Esto no puede ser: se me ha contagiado el virus de los diputados del Congreso, en cuanto me descuido un poco me disperso con una facilidad ...

 Pero, eso sí, aunque no soy vidente, casi puedo ver en una pantalla ficticia algunas de vuestras respuestas: “los que forman un partido político”, “contertulios de televisión”,  “los del concurso este de los saltos en la piscina”, los que opinan de todo sin entender de nada,  “los corruptos”. Y, en este momento, yo, que llevo ventaja, porque me ha dado más tiempo a pensar que a vosotros, pararía el cronómetro, y os diría al oído que tuvieráis un poquito de picardía y recordaseis cómo en el mítico programa creado por Chicho Ibáñez Serrador, los concursantes podían decir, por ejemplo: lápiz azul, lápiz verde, lápiz amarillo, etc…

 Vamos que con la respuesta de “los corruptos”, nos forrábamos. Ésta sí que es la madre de las paradojas, porque son ellos los que se están forrando a costa nuestra y nos están dejando con lo puesto. Pero acabemos nuestra serie de respuestas: “Un, dos, tres … responda otra vez”: los corruptos de la trama Gurtel, los corruptos del caso Noos, los del caso Campeón, los de los falsos ERE, los del caso Bárcenas, los de las preferentes… ¡¡¡Campana, y se acabó!!!  Mira que es mala pata, porque si nos dan más tiempo, ésta pregunta era un filón.

 Pero, para filón, lo de algunos personajes “públicos”. A propósito, ahí va otra de las definiciones de la palabra “público”: “[Persona] que se dedica a actividades por las cuales es conocida por la mayoría de la gente”.  Lo siento, pero os veo escrita en la frente la reflexión: “¡Qué raro! Si a la gran mayoría de lo que entendemos por ‘personaje público’, no se le conocen actividades”. Bueno, una sí, si se le puede llamar actividad a recibir un pastón de una cadena “pública” o “privada” por contar en “público” lo que forma parte de lo “privado”, o por insinuar lo que podría haber hecho en “privado” alguien “público” mientras un ’equipo de investigación’ (no sabemos si de lo “público” o lo “privado” le grababa ilegalmente, y se aseguraba así un papel en la hipotética película de espías antes aludida.

“¿Dónde están los límites?”, preguntaba anoche una chillona colaboradora, cuando se sintió “agredida” por una compañera de programa. Por cierto, una señora a la que no pareció gustar nada mi presencia como invitada especial en dicho programa en una ocasión. Y es que, que te inviten por tener algo interesante que contar, algo real, y relacionado con alguien que SÍ tiene una actividad, no parece gustar a quienes sólo se amparan en rumores, suposiciones, dimes y diretes, burlas, insultos, gritos, lágrimas de cocodrilo y demás familia. Si alguna vez ocurre eso, cuando llevas algo menos de diez minutos en pantalla, la señora que llora por todo, hace lo indecible para boicotear tu intervención, quizá presa de una vocecilla en forma de paranoia que le grita: ““¿Quién es ésta, que ha conseguido quitarle la palabra a Matamoros, sin que él le “perdone la vida”, y a la que todos escuchamos, en un alarde insólito, "useasé" sin interrumpir? ¡¡¡Que me quita mi sillaaa!!!””.  Por cierto, le iría al pelo como título “NO SIN MI SILLA”  a la susodicha peli. Aunque, bien pensado, tendría más mérito que alguien lo convirtiera en cortometraje. Abstenerse los guionistas de series, que os veo venir.

 Aquí está ya todo inventado, menos los límites. ¡Qué graciosa la señora que pregunta que dónde están los límites! ¿De qué límites habla? Cuando le afecta directamente, apela al derecho de que existan. El resto del tiempo hay barra libre.  Ya lo dijo alguien hace algún tiempo: “Ancha es Castilla”. Si alguien no lo "coge", siempre puede coger el diccionario, pero, cuidado, que hasta Castilla es susceptible de privatizar.

David Cantero: comunicar para todos los públicos

Algo distinto a como le vemos desde la pantalla del televisor contarnos lo que está pasando por el mundo, aunque, en su caso, no es un cambio sustancial, como en otros rostros televisivos. Derrocha, desde el primer momento, la misma sencillez y cercanía a las que nos tiene acostumbrados desde el informativo. ¿El secreto? Aunque la explicación que da es sencilla, conseguirlo no es nada fácil, y son muy pocos los que lo hacen:

“Creo que lo más díficil de conseguir en este trabajo es ser quien tú eres: no perder tu esencia, que la cámara termine reconociéndote y capte más allá de la figura del presentador”.

Algo que empieza como una entrevista al uso, pronto se convierte en una conversación distendida sobre la actualidad, el periodismo y la vida. Se siente cómodo y se le nota: enseguida percibo que es un gran conversador. Me cuenta que siente la necesidad de humanizar lo que está contando, aunque muchos días tiene que “morderse la lengua” para no apostillar.

En su caso, no puede sentirse más identificado con el título de este blog:“comunicarparavivir”. Sintió muy pronto la llamada del arte, aunque él prefiere hablar de formas de comunicarse. Confiesa que no ve mérito alguno a su faceta más creativa, porque pinta, dibuja y escribe desde muy pequeño. Pero llegó un día en que, siendo también muy niño, y con motivo de una visita escolar a los estudios de Prado del Rey, tuvo claro que lo suyo era también aquello de moverse entre cámaras y platós de televisión.

Es, sin duda, un “todoterreno” en el mundo de la información: aún se emociona cuando cuenta, con lógico orgullo, la singularidad que supone haber figurado en los títulos de crédito del veterano programa de TVE, “Informe Semanal”, en distintas etapas, con cuatro categorías distintas: montador, realizador, reportero gráfico y presentador. Una carrera de fondo, que ha hecho de él un profesional de la comunicación con la perspectiva que aporta haber “tocado todos los palos”.

Uno de sus hijos estudia Periodismo, y, no concibe, como no puede ser de otra forma, este oficio, si no se lleva de serie el gen del amor incondicional a la profesión.

“Tienes que vivir esto con pasión, da igual que estés en un periódico local, emisora de radio pequeñita. Esa es la belleza de esta profesión, y hay que hacerlo siempre con el máximo interés, no desanimarse. Ésta es una carrera de muy largo recorrido, no puedes pretender resultados inmediatos. Nunca sabes dónde vas a llegar”.

Hace rato que he percibido su grandeza, pero me la confirma más, si cabe, cuando decide hacer una mención especial a los profesionales de la información local y regional: “Hay gente buenísima, que, por alguna razón no da el “salto”, pero hacen un trabajo extraordinario, y en alguna ocasión le he dicho a alguien de estos ámbitos: "Eres el mejor periodista que he conocido en mi vida".

Le sonrío en un gesto de complicidad, cuando me dice que los periodistas de antes eran “ratones de armario”, y muestra toda su humildad ante el formidable cambio que ha experimentado la profesión en los últimos años:

”No podías leer nada, no había Internet, tenías que buscártelo todo. La tecnología no solo nos ha pisado los talones, sino que nos ha mordido el culo, nos ha sobrepasado y va 20 metros por delante de nosotros, y eso es muy delicado, porque, sobre todo, no sabemos dónde estamos ni adónde vamos”.

Optimista por naturaleza, no se “arruga” ante ningún reto, mientras trabaja ya en una historia que transcurre en Japón, sobre el deseo de vivir eternamente, y que, pronto se convertirá en la cuarta novela que ve la luz. No sé de dónde saca el tiempo este hombre, pero me confiesa que no es la única que tiene empezada.

Después de una hora larga charlando, (casi ochenta minutos, que se me han hecho muy cortos), me despido muy contenta de haber tenido la oportunidad de conocer mejor a alguien, que, por encima de su faceta pública, es un “pedazo” de ser humano (si se me permite la expresión), que lo que más desea es que la vida le permita, ver crecer a sus hijos, sanos y felices.

Dulce Chacón: su voz nunca estará dormida

http://www.youtube.com/watch?v=W6TXVLuS8v8

En estos días en que asistimos a la caída de algún tirano que parecía invencible (cuatro décadas masacrando a su pueblo),  a la supuesta rendición de quienes, en nombre de un nacionalismo exaltado, han causado un enorme dolor en nuestro país (superando, con creces, también, los cuarenta años), niños que desaparecen, juicios por los que nunca aparecieron, desahucios injustos a personas cuyo único delito es haberse quedado sin trabajo,  y no quiero seguir, no faltará quien se pregunte:  ¿Hasta dónde puede llegar la crueldad humana? ¿Es necesario tanto sufrimiento ¿Se “beneficia”, realmente, alguien de todo esto?  Puede que la respuesta nos la haya dado Shakespeare, hace ya unos cuantos siglos: 

"Si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin mayor fundamento”

 Esa debe ser, quizá,  la clave que late en las historias que Dulce Chacón novelara en “La voz dormida” hace unos años, y que, ahora, gracias a Benito Zambrano, podemos ver en imágenes. El enorme poder de lo visual hace que esos trozos de vida (todos testimonios reales), cobren especial fuerza estos días. Dignidad y coraje, debieron decirse interiormente, aquellas mujeres privadas de libertad y sometidas a torturas, humillaciones indecibles, abocadas, en muchísimos casos, inexorablemente, a la muerte. Dignidad y coraje para poder hacer frente a cada nuevo día por duro que fuese, para mostrar, a pesar de todo, la mejor de sus sonrisas, si ése, además, era el día de visita de los familiares.

 Duros testimonios que ella fue recopilando por toda España durante varios años, para poder dar, por fin,  VOZ, ésa que tuvo que estar, a la fuerza,  callada, DORMIDA, a mujeres que sufrieron la brutal represión franquista de la posguerra.  Y muchas resistieron gracias a los lazos emocionales tan fuertes que se establecieron entre ellas, al compartir situaciones límite.  “El peor dolor es no poder compartir el dolor”, reflexiona el narrador que utiliza Dulce para contar la historia de Hortensia, Pepita, Reme y Tomasa, y tantas otras sin nombre propio.

 Aunque en aquellos días ella ya “buceaba” en las vidas de estas mujeres, el rostro de Dulce reflejaba esa tarde de mayo, la alegría de una invitada de honor, que se mezcló entre aquellos aspirantes a escritores, aunque eludía todo protagonismo. He ahí los grandes. Premios literarios que convoca anualmente una Asociación de una ciudad del Sur madrileño. Sólo se dirigió al auditorio, cuando llegó su turno, para transmitir el entusiasmo y la constancia que requieren el arte de escribir. Aún puedo recordar sus palabras y su sonrisa, generosa siempre:

 “Creo que LOS SUEÑOS SE CONSIGUEN: lo único que hay que tener claro es el sueño y perseguirlo, por supuesto. Y, sobre todo, dejarse llevar... Y con esa pasión, que te arrastre hacia el sueño y al final lo consigues. Yo, desde luego es que lo he conseguido. Entonces lo puedo decir por experiencia, que los sueños se consiguen y el que quiere escribir, y tiene esa pasión,  y esa necesidad, que continúe,  porque, al final, lo logrará”.

 Volvió a repetirlo, dos horas después, a petición mía, en el programa de televisión que por entonces yo dirigía y presentaba, para que todos aquellos que nos veían desde casa, y llevan también dentro el “gusanillo” de la escritura, se empaparan de ello. Pero, sobre todo, para que se empaparan de su forma de decirlo, de su pasión contándonos, por ejemplo, la nostalgia de su tierra:

“Yo nací en Extremadura, y viví allí hasta los 12 años. A mí me arrancaron de Extremadura, yo no me fui, y ese dolor me acompañará siempre”.  

 El propio Benito Zambrano ha declarado estos días en una entrevista, ante el estreno de “La voz dormida”:   “Me sedujo la historia, pero, sobre todo, la forma en que Dulce cuenta la historia”. Y ella, tan llena de vida, aquella primavera de 2002 (bromeamos incluso con su edad, al contarnos que uno de esos días cumplía cuarenta y ocho), nos estremeció cuando sentenciaba: 

  “Al fin y al cabo se escribe, no sólo para vivir, porque es verdad que si no escribes, te mueres. Que luego se gana un concurso, un premio, ó se gana algo de dinero, perfecto. Pero hay que escribir para no morir.”

Gracias, querida Dulce. Tu nombre nos compensa de la amargura que vivieron millones de personas en España, tras una guerra que jamás debió ocurrir. Tu nombre, la alegría de tus ojos y tu sonrisa.  Y, cómo no,  tu voz, bien DESPIERTA, y alzándose para dejar un relato justo de los hechos.

En estos días, que se celebra el fin de la violencia de ETA,  recordamos a las víctimas, y el inmenso dolor de sus familias.  Gracias a personas como Dulce Chacón (y por ende, a Benito Zambrano), estas otras víctimas tienen ya un relato al que todos tienen derecho.  Lo dijo Oscar Wilde, hace algún tiempo:   “En ocasiones como ésta, es más que un deber moral el hablar con franqueza. Es un placer”.  Yo lo afirmo esta noche al escribir esto.  Ella también debió pensarlo al emprender la aventura que le llevó a regalarnos “La voz dormida”. 

SU VOZ NUNCA ESTARÁ DORMIDA.

"Como si empezáramos de nuevo"

"Como si empezáramos de nuevo"

 ¿Qué decir cuando está todo dicho? ¿Qué escribir cuando ríos de tinta han corrido desde hace treinta años? No hay un solo día en que, en miles de recónditos lugares del planeta no se escuchen, aunque sea como un susurro, los acordes de “Imagine”.  Dicen que los mitos nacen el mismo día en que mueren.  A él no le hubiera hecho falta, pero alguien decidió que no debía seguir aquí, que su tiempo debía finalizar. La sinrazón pudo más en  aquella lejana y fría noche neoyorkina. El hombre cae abatido y el mito nace. No: no nos gusta, no nos gusta nada. Ni siquiera me molestaré en teclear el nombre del asesino. ¿Locura, afán de notoriedad?  ¿Qué más da? En un instante, la vida se extingue. ¡Paradojas de la vida! Cuando él salía de su letargo de años, y volvía con más fuerza que nunca, el destino (ó lo que sea, quiso llevarle la contraria). Y lo que pudiera ser guión de una película de serie B, se hace realidad aplastante en segundos.

Aun así, tus  cuarenta años y tres meses dieron para mucho: tu lucha incesante por llevar el mensaje de PAZ por el mundo, tu rebeldía, tu sensibilidad, tus carencias emocionales (de las que quizá brotó el arte), tus ojos miopes, tu fina ironía y tu música han dejado en nosotros una gran marca.

No puedo olvidar, ni lo pretendo, que mi vocación empezó a materializarse el día en que te mataron. Aunque jovencísima,  escribí largas “crónicas” para quien no podía vivir todo aquello de cerca, y dependía de la información que nos iba llegando desde fuera. No dejé de participar en ninguno de los homenajes, maratones de radio, concursos de relatos, quedadas, convocatorias, etc. que se iban sucediendo.

¿Cómo olvidar aquel increíble maratón de cuarenta y ocho horas ininterrumpidas de radio, capitaneado por el Mariscal Romero? ¿Cómo olvidar esa primera intervención radiofónica (aunque fuera por teléfono), leyendo mi humilde homenaje, mientras me tragaba unas lágrimas de emoción contenida? De alguna forma, aquello ayudó a que muchos/as nos hiciéramos un poco adultos antes de tiempo, y perfilara  de forma clara lo que era una incipiente vocación.

Sólo puedo decirte: gracias siempre. En tu última entrevista, días antes de morir (¡Si hubieras podido saberlo!), pronunciabas unas palabras que siempre llevo dentro, y que sirven siempre:  “Vamos a proyectar el lado positivo de la vida en los 80, y pasarlo bien”. Pasaron los 80, los 90 y otros 10 más de propina, y aquí seguimos: empeñándonos en no acabar de vivir el  presente. 

Como tú dijiste con mucho acierto: “La vida es aquello que nos sucede mientras nos empeñamos en hacer otros planes”.   ¡Qué fijación!

Cuando miro tu rostro y descubro en él esa escondida sonrisa, no puedo evitar la tentación de preguntarte:

  ¿Qué es la vida, John? ¿Lo supiste alguna vez  a través del universo (“Across the universe”) tan intenso y compacto, en  que te desenvolviste con esa admirable y desenfada soltura?

 Oigo lejanas sus palabras, pero me llegan:  se haría interminable contaros aquí todo lo que me dice: después de la noche de aquel día (“A hard day’s night”), él sigue más vivo que nunca, animándonos a no desfallecer nunca en la incansable y hermosa tarea de renovar todo cuanto encontremos a nuestro paso, y prometiéndonos que cualquier día comprará un billete de ida (“Ticket to ride”), para venir a vernos y darnos un abrazo.

 “P.S.:  I LOVE YOU

SARAMAGO: "VIVIR" fue la consigna del hombre que se hizo a sí mismo

SARAMAGO: "VIVIR" fue la consigna del hombre que se hizo a sí mismo

Aunque sabíamos que habría de llegar este momento, cuando hoy hemos conocido la noticia de su muerte, muchos no queríamos creerlo: se agarró a la vida como pocos lo hacen a su edad sabiendo que la sombra de la enfermedad es demasiado alargada.

Me he emocionado, y mucho, al recordar aquella inolvidable tarde de octubre de 1.997 en la Residencia de Estudiantes de la Universidad Carlos III, de Madrid, en la que fue el protagonista de una sencilla y brillante ponencia sobre la vida, la literatura, las injusticias, el compromiso……… premisas todas ellas que consiguieron atrapar, como pocas veces he visto, la atención de un joven público que componía el auditorio.

Fue hilando un relato, como si de una de sus novelas se tratara. Partió de las circunstancias de sus humildes orígenes, que nunca le paralizaron: hijo de campesinos pobres, no dudó, a la par que trabajaba en un taller para colaborar en la economía familiar, tras dejar la escuela, en convertirse pronto en autodidacta acudiendo a la Biblioteca pública. 

No sé si todos, pero estoy segura de no equivocarme al afirmar que la mayoría de los que allí nos encontrábamos siguiendo sus palabras, tanto alumnos, periodistas y personal docente, nos estremecimos cuando, con cierta tristeza, comentó la “espinita” que se le había quedado en su interior por no haber pisado nunca, como estudiante, la Universidad. Sin embargo, recordemos que ejerció gran parte de su vida el periodismo con brillantez, dedicación y compromiso.

Logró que nuestra atención no decayera ni un instante, cuando nos contó cómo, tras sus primeras publicaciones, estuvo la “friolera” de treinta años apartado de la literatura. Lo mejor llegó cuando respondió a algunos curiosos:  “Me dediqué, simplemente a VIVIR, que es lo que de verdad importa”.

Destacaría, por encima de todo, el hombre que nos cautivó con una vitalidad que contagiaba al hablar, y que nos hacía cuestionarnos la paradoja que suponía asistir a la defensa a ultranza que hacía de la coherencia en la vida, con el rasgo, por antonomasia, más relevante y característico de su obra: la anarquía. Nos regaló, como si de un abuelo se tratara, un buen consejo aquella tarde de otoño, pero fue más allá: “Hay que tener coherencia con lo que uno siente, cree, no cree o piensa, pero también una gran responsabilidad al hacerlo”.

No se olvidó de mencionar la crueldad del ser humano, "algo (sentenció), que los animales no conocen”.

 Cuando la charla finalizó  (porque eso fue en realidad: en aquella situación, decir ponencia, sería pecar de pedantería), me dirigí a aquel hombre  alto y  delgado, y de aspecto bonachón, que me dedicó una enorme sonrisa cuando vio la grabadora que por entonces usábamos los periodistas radiofónicos.  Además de mi entrevista (no muy larga ya, porque había contestado a lo largo de su relato,  a casi todo lo que se le podía preguntar), saqué de mi bolso un ejemplar de “Cuadernos de Lanzarote” para que me lo dedicara, mientras, en un gesto de complicidad le contaba que yo también viví en aquella isla mágica casi tres años. Sus ojos chispeantes de ese preciso instante me permitieron comprender toda la sabiduría que había conseguido encerrar en aquellos setenta y cinco años que, por aquellos días, estaba a punto de cumplir. Antes de despedirme, nos fundimos en un abrazo sincero.  Hoy, casi trece después, recuerdo algunas de sus citas más recordadas:

 (...) “Como cualquier otro lector, o escritor, me busco a mí mismo. Busco encontrarme en páginas, en ideas, en reflexiones, reconocer que somos algo más que esto que se presenta como "realidad", ése sigue siendo el mayor deslumbramiento.”

 Amigo querido, nuestro mayor deslumbramiento, además del inmenso legado que supone tu obra, ya inmortal, reside en el recuerdo de esa pasión con la que nos hablaste aquella tarde, con la que viviste siempre, Porque, por encima de la literatura, tu consigna fue VIVIR. Intentaremos seguir tu ejemplo.